No me atrevo a coger mi coche

No me atrevo a coger mi coche

conducir

Estamos ante unos niveles de contaminación que nos preocupan y queremos evitarlo. Pero una cosa es que dejes de coger el coche por cuestiones de sostenibilidad y otras por no poder hacerlo, como en el caso de Elena y de Roberto, dos ejemplos de Amaxofobia.

Cada mañana cuando el marido de Elena la lleva a su trabajo, ésta se siente en parte aliviada y en parte culpable. Le gustaba conducir y no tuvo ningún incidente ni problema.

Durante unos cinco años ha conducido más o menos cómoda hasta que tuvo que coger la baja por estrés laboral. Después de medio año sin la obligación de conducir, ya que en su localidad lo tiene todo a mano, al tener que incorporarse de nuevo, comenzó a sentir pánico.  Elena, hacía el trayecto de su domicilio a su empresa situada en un polígono a media hora de camino cada día y se desplazaba como comercial para visitar a los clientes. Ahora se ve impotente ante el hecho de volver a conducir.

Roberto, sin embargo, tuvo un accidente de coche hace tres años, en el que murieron dos de sus mejores amigos y desde entonces no se ha atrevido a conducir.

 

¿Qué les sucede?

 

La Amaxofobia, o miedo a conducir, procede del griego amaxos “carruaje” y fobos “pánico”.

Es una fobia específica, de carácter situacional que consiste en experimentar síntomas intensos de ansiedad antes y durante la conducción.

No hace falta haber sufrido un siniestro de tráfico, sino que la vulnerabilidad biológica sumada al estrés de cualquier tipo, pueden precipitar también en un momento determinado esta fobia.

Es más frecuente en mujeres que en hombres, es un miedo universal y no está asociado a un nivel sociocultural y económico determinado.

conducir ciudad

 

¿Cuáles son sus síntomas?

Cuando el miedo es muy intenso, se suelen tener síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, mareo, temblores…, pensamientos negativos relacionados con tener un accidente, chocar, perder el control o que otros se me echen encima…, y conductas de evitación a coger el coche, y si se conduce, se vive con gran tensión y preocupación pudiendo evitar además ciertas vías o lugares.

 

¿Por qué yo?

Existe una vulnerabilidad biológica (predisposición genética a ser temerosos) asociada a factores ambientales (estrés, problemas, etc.) que tras un incidente crítico (despido, ascenso, divorcio, enfermedad u operación, accidente de tráfico, etc.), se le suma la vulnerabilidad psicológica (¿y si tengo un accidente?), pudiendo desarrollar así esta fobia. Otras personas en la misma situación no llegan a experimentar síntomas intensos, sino un ligero temor que no les impide conducir.

¿Cómo resolverlo?

En primer lugar, no tener vergüenza en admitir este problema, acudiendo a un profesional de la psicología que trate estas fobias.

El abordaje pasa por explicar en qué consiste la ansiedad, mediante psicoeducación, y los factores que intervienen.

Incidiremos en los pensamientos de vulnerabilidad de la persona, y en las emociones asociadas, para ver la relación que tienen con el comportamiento inseguro o nervioso.

La manera más eficaz para tratar el miedo, es afrontarlo, exponiéndose a las situaciones temidas y a la activación fisiológica. A través de la Realidad Virtual de Psious, se expone a la persona todas las veces que sea necesario, de forma gradual, hasta que se habitúe y tolere conducir en un amplio abanico de situaciones.

En las autoescuelas se refuerzan las habilidades de conducción, así que, si te encuentras inseguro/a porque te falta pericia, te recomiendo que acudas a ellas. Sin embargo, al ser las creencias y los pensamientos los que en definitiva alimentan la ansiedad, el tratamiento psicológico en los casos de amaxofobia es muy recomendable. Muchas veces lo complementaremos en los casos de temperamento ansioso o temeroso mejorando el estilo de afrontar la vida y la ansiedad generalizada.

Hay personas que conducían y tras un periodo prolongado de no hacerlo, se sienten inseguras al volver a conducir. Sin embargo, no presentan sintomatología ansiosa y necesitan simplemente volver a hacer prácticas en una autoescuela.

 

 

 

 

 

Di adiós al miedo a las alturas

Di adiós al miedo a las alturas

miedo alturas

A medida que Marcos se acercaba hacia el telesilla, su corazón latía más deprisa. De hecho, le encantaba esquiar, pero desde hacía unos dos años se había incrementado su sensación de malestar.

No quería dejar de ir a esquiar con sus amigos, pero lo cierto es que cada vez se sentía peor en ciertos lugares de altura. Subir a un edificio alto, e incluso salir a la terraza del apartamento de su mejor amigo, le suponía un reto que llevaba de mal en peor.

Marcos padecía de “acrofobia”, un miedo que afecta entre un 3 y 5% de la población. Se denomina así cuando supera un umbral caracterizado por síntomas intensos, vividos con ansiedad, hasta que se evitan las situaciones, liberándose así de las sensaciones desagradables.

Sin embargo, este alivio tiene un coste alto que es las limitaciones que te va imponiendo en la vida cotidiana. Este hecho puede interferir de modo significativo y afectar el día a día, como por ejemplo en el caso de trabajar en un edificio alto, tener que subir a un ascensor abierto, etc.

La acrofobia es una fobia específica que se encuentra en los trastornos de Ansiedad en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). Se caracteriza por un miedo intenso a las alturas, desproporcionado al peligro real, persistente y con una duración de seis o más meses.

Este miedo o ansiedad causa malestar y/o deterioro en la vida personal, social y laboral.

El miedo a las alturas es un miedo natural y adaptativo porque nos avisa de las situaciones que pudieran suponer un riesgo para nuestra vida, pero cuando se activa en situaciones en las que no implica este riesgo, representa una limitación para la realización de actividades que nos gustan, al llegar a niveles desproporcionados.

vertigo

¿Cuándo pedir ayuda a un profesional de la psicología?

  • Cuando empieces a sentirte inquieto y ansioso ante estímulos relacionados con la altura, anticipándote a la escalada del miedo.
  • Si has tenido o tienes ataques de pánico, es decir, al menos cuatro de los siguientes síntomas: palpitaciones, o el corazón acelerado, sudoración, temblor, sensación de ahogo, dolor en el tórax, náuseas o malestar abdominal, sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo, escalofríos o sensación de calor, sensación de irrealidad o que te separas de ti mismo. Miedo a perder el control o a volverte loco y miedo a morir.
  • Cuando este estado no venga por el consumo de medicamentos o drogas o sean de causa orgánica.
  • Cuando dejes de disfrutar de alguna actividad que para ti antes era placentera.
  • Cuando pienses de forma catastrófica que te puedes morir.
  • Cuando evites ir a lugares que antes ibas, o vivas el ir como un sobreesfuerzo que es mayor que la ilusión.

 

¿Qué tratamientos son eficaces para la acrofobia?

Los tratamientos basados en la evidencia científica y que van incorporando avances de las investigaciones, dentro del marco cognitivo-conductual son muy eficaces para superarla.

En primer lugar, se te informa de cómo funciona la Ansiedad y concretamente acerca de tu Fobia. A esto le llamamos psicoeducación.

Además de otras técnicas, es muy efectiva la exposición a escenarios relacionados con la acrofobia. Si se realiza mediante Realidad Virtual, se te facilita no tener que desplazarte a los sitios temidos y poder experimentar las sensaciones que temes con la ayuda del terapeuta. Esta herramienta te ofrece un amplio abanico de escenarios que facilitarán afrontar tu miedo de forma progresiva con distintos niveles y condiciones.

El terapeuta controla estas variables en función de cada persona, por ejemplo, en el caso de un ascensor exterior en un edifico de considerable altura, se empezaría por un nivel fácil (subir a un piso bajo) y a medida que vas estando preparado, pasaríamos a otros niveles hasta llegar al nivel más difícil (piso alto en un rascacielos).

En estos tiempos en los que la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, no tendría razón de ser que no se empleara esta herramienta en los tratamientos psicológicos, ayudándote así a normalizar tu vida lo antes posible.

 

 

 

 

 

 

 

El momento para ir al psicólogo/a

El momento para ir al psicólogo/a

El ser humano piensa en exceso cómo combatir aquello que nos molesta y nos desequilibra, pudiendo entrar en un bucle de pensamientos negativos que nos lleva en cascada a estar peor.

Pasamos mucho tiempo analizando, juzgando, rumiando, comparando… y no nos sirve para ser felices. De hecho, si entramos en este círculo mental, nuestro estado físico se resiente y pueden aparecer dolencias.

 

El tiempo que empleamos en analizar, rumiar, y preocuparnos por los problemas, no nos sirve para ser felices

 

Hasta hace muy poco, ir a un psicólogo se relacionaba con tener un trastorno mental, por lo que había mucha reticencia a ir, y mucha más a comunicar que se estaba en tratamiento.

 

No obstante, el psicólogo clínico y/o sanitario, también te puede ayudar a mejorar la calidad emocional de tu vida. Los problemas que se nos hacen una montaña, pueden propiciar la inestabilidad y por tanto la infelicidad.

 

No hace falta tener un trastorno mental, tan solo es una decisión que implica detectar y aceptar que no nos sentimos bien, a pesar de que ya hemos intentado previamente buscar soluciones.

 

Todas las personas, pasamos por épocas complicadas que se nos hacen una montaña

 

Normalmente priorizamos el trabajo, el dinero, etc. y si lo demás va bien, olvidamos que hay que seguir ocupándonos de ello, aunque ya forme parte de los objetivos conseguidos (tener pareja, hijos, vivienda, amigos…). Por tanto, en algunas épocas

 te puedes asesorar para:

  • Saber los ingredientes de éxito en una pareja
  • Cuáles son las claves de una educación integral de los hijos/as
  • Cómo ser más asertivo y tener éxito en las relaciones sociales
  • Conocer cómo va tu autoestima y mejorarla
  • Querer tener un mayor liderazgo en tu equipo
  • Plantearte nuevos objetivos y tomar decisiones acertadas para tu salud y bienestar

Y por supuesto también:

  • Cuando nuestro estado de ánimo depresivo, ansioso, etc., está afectando e interfiriendo negativamente nuestra vida diaria
  • Si cambiamos de humor frecuentemente, teniendo altibajos, con o sin motivo
  • Si ya hemos intentado cambiar algún aspecto de nosotros y no lo hemos conseguido
  • Cuando hacemos cosas sin saber bien por qué y lo hacemos de forma automática e impulsiva

 

¿Para qué?

 

  • Para entender qué es lo que causa nuestro malestar
  • Aprender estrategias de afrontamiento
  • Tener un mayor conocimiento de nosotros mismos
  • Gestionar nuestras emociones, pensamientos y conductas
  • Aceptar lo que no podemos cambiar

 

 confianza

El psicólogo, por una parte, te hace de guía para que conozcas cómo estás funcionado en la actualidad, y comprender el porqué, y por otra, te dará las herramientas necesarias para gestionar mejor tus emociones y que aprendas a hacerlo sin la necesidad del terapeuta.

 

La autoestima es un factor clave para esta gestión. Así la manera en que te valoras y te quieres, repercutirá sin duda en tus decisiones, prioridades y relaciones con los demás en cualquier ámbito. Por este motivo, es conveniente integrar en los tratamientos este concepto y conectar con la repercusión que tiene una buena autoestima en el día a día, tanto en la manera de verte como de relacionarte con los demás.

 

Evidentemente hay personas en nuestras vidas que son muy válidas para enseñarnos y ayudarnos a crecer, pero si no hemos tenido la suerte de contar con algunas de ellas en el transcurso del tiempo, probablemente necesitaremos ocuparnos de aspectos que no hemos desarrollado o los hayamos aprendido de forma disfuncional, para poder llegar a gozar del bienestar emocional. Es entonces cuando el profesional más adecuado es el de la psicología y concretamente el que trabaja en el ámbito de la psicología clínica.

 

Es importante que en el momento en que te decidas, compruebes que tiene suficientes conocimientos y experiencia para poder desempeñar el papel de terapeuta con todas las garantías que te mereces.

 

Tu bebé hacia la independencia

Tu bebé hacia la independencia

Cada bebé tiene un ritmo de evolución que viene marcado por la biología y las experiencias que va adquiriendo. Llegado el momento de gatear, inicia su independencia, se aleja o acerca de forma voluntaria a las personas u objetos.

La actitud de los padres puede poner trabas a esta maduración o bien facilitar su evolución. Por tanto, es importante comportarse con coherencia y estabilidad para que el bebé se sienta seguro e interesado en descubrir lo que le rodea. Hay niños más curiosos que otros, de modo que es preciso adaptar nuestro comportamiento a su forma de ser.

Tu bebé ha de aprender lo que puede y lo que no puede hacer, y que se le pongan límites con firmeza. Tu expresión y tu tono le sirven de recompensa o de inhibición. Es decir, cuando consigue un logro, mostrarle un tono alegre y una sonrisa es el refuerzo perfecto, ya que aumenta la probabilidad de que lo vuelva a hacer y se motive. Por el contrario, utilizar un tono firme y seco, fruncir el ceño y levantar un dedo, le indicará que ha de inhibir lo que hace, ya sea porque es peligroso o porque no es conveniente en la situación o el momento presente.

Dale siempre señales de amor y ante un comportamiento errático del bebé nunca le digas que no le quieres

Es muy fácil que el bebé se contraríe, se entristezca o incluso que se ponga a llorar. Ante esta última reacción hay que mantener la calma, porque es bueno que exprese sus emociones. Cuando deje de llorar, le podremos abrazar y así aprenderá que nuestra conducta hacia ellos dependerá de cómo se vayan comportando.

Hay algunos padres que penalizan las conductas no deseadas y no premian las correctas o deseables, de modo que el niño se inhibirá y no se sentirá motivado a explorar. El bebé se sentirá seguro e irá aprendiendo saludablemente si va discriminando sus conductas y las adapta en función no sólo de él sino también de los demás, ya que es preciso que aprender a discriminar lo que le puede hacer daño a él y también lo que no conviene a los demás.

Los límites le proporcionan seguridad y sentimiento de protección

En caso de que rompa o tire juguetes, es importante distinguir si lo hace con o sin agresividad. Si lo hace con agresividad, no gritaremos, sino que, con calma y firmeza, le instigaremos a recogerlos. En el supuesto de que lo haga sin agresividad, le dejaremos, porque necesita experimentar para aprender.

Algunos consejos:

  • Con el amor no se juega. Dale siempre señales de amor y ante un comportamiento errático del bebé nunca le digas que no le quieres. El amor a su ser es incondicional. Los límites los ponemos ante sus conductas.
  • Los límites le proporcionan seguridad y sentimiento de protección.
  • Tu bebé no entenderá la palabra “No” hasta aproximadamente los 10 meses.
  • Si no tienes mucho tiempo para estar con tu bebé, no caigas en el error de ser demasiado permisivo/a.

Para que crezca de forma saludable, se sienta querido y feliz en estas primeras etapas, es preciso actuar de forma coherente y tener mucha paciencia.

Artículo publicado en el magazine digital “menuda familia, en agosto 16, 2017.

 

¿Por qué sientes vergüenza ante los demás?

¿Por qué sientes vergüenza ante los demás?

Seguramente no es la primera vez que oyes hablar de la Fobia Social, por lo que no pretendo detallar los criterios del DSM-5Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association. Pero,¿qué sucede cuando padeces este trastorno? Ocurre que el mundo se te va haciendo pequeño, poco a poco reduces los lugares, las situaciones y el número de personas que interactúan contigo. U te preguntas por qué eres diferente del resto de los mortales, que disfrutan con las relaciones sociales, ríen, se divierten cuando se encuentran con los demás y, simplemente, desempeñan sus roles y tareas de forma tranquila.

Para empezar, te diré que no naces así. Cuando vienes al mundo no tienes ni idea de dónde estás, ni tampoco quiénes son los que te rodean; o, mejor dicho, no conoces nada de nada. Sientes hambre, además de otras sensaciones y los ruidos te asustan. Más adelante, descubres cuáles son tus figuras de apego y salvo en casos poco frecuentes, afortunadamente, te sientes querido por todos ellos.

Llega la etapa de la escuela y te relacionas con tu grupo de iguales y es aquí donde empiezas a ser consciente de que, además de ti, existen los demás y de que el mundo es más grande que tu casa y toda tu familia junta.

 

vergüenza

Dejar atrás las comparaciones con los demás, ver el mundo de forma no amenazante y sentirte vivo y feliz de ser como eres te ayudará a alcanzar el bienestar que te mereces

Aprendes que se etiqueta, se opina, se juzga e intuyes, sin darte cuenta, que tú también eres susceptible de recibir comentarios y opiniones que a veces no te gustan nada. Y sin apenas percibirlo, lo cierto es que esos comentarios te van calando hasta convencerte de que los demás opinan sobre cómo eres, haces y decides con un sinfín de motivos y excusas para, en definitiva, hablar de ti de forma negativa más de una vez. En esta etapa, tu auto concepto y tu auto imagen pueden salir o no beneficiados. De manera que progresivamente te va importando cada vez más lo que puedan o no pensar de ti. Asimismo, aunque no fueras víctima de muchas etiquetas negativas o de ninguna, oías cómo se las ponían a otros niños o demás personas, aprendiendo sí o sí que en esta vida puedes ser criticado.

Todo esto viene a colación porque ahora, en el presente, puedes ser una persona que sienta desde inquietud hasta pánico ante una situación en la que te encuentres con varias personas o te sientas observado. Ni qué decir si te proponen o has de exponer tu opinión o trabajo en público.

Se trata de un problema de fobia social en la que tu cuerpo se activa, sintiendo varias sensaciones incómodas y desagradables como, por ejemplo, ponerte rojo (eritrofobia), notar los latidos de tu corazón (taquicardia), mareo, temblor, etc. No te puedes concentrar en lo que vas a decir o en la tarea que has de desempeñar y en cambio focalizas tu atención en lo que dirán los demás sobre ti, temiendo que se rían o que noten la vergüenza que estás pasando.

Las técnicas de exposición hoy en día se aplican con herramientas más modernas como son la Realidad Virtual, que facilitan el aprendizaje en un menor tiempo

Pero como ya he comentado al principio del post, esta fobia, vergüenza o timidez (si no es tan aguda) es aprendida. Tú no eras así y por tanto puedes llegar a vivir estas situaciones, que en la actualidad evitas la mayor parte de las veces, como neutras e incluso placenteras.

Para conseguir este cambio es necesario acudir a un profesional de la psicología para que evalúe y detecte aquellos factores que lo mantienen y te explique cómo se desaprende este miedo. Pero antes, seguramente, también tendrás que mejorar tu autoestima con técnicas que te ayudarán a modificar tu auto concepto y auto imagen, si es el caso, adquiriendo más seguridad en ti.

Encontrar tu propia coherencia y valor, quererte y aceptarte forma parte también del tratamiento. Dejar atrás las comparaciones con los demás, ver el mundo de forma no amenazante y sentirte vivo y feliz de ser como eres te ayudará a conseguir tus propósitos y a alcanzar el bienestar que te mereces.

En el marco de la psicología cognitivo-conductual se utilizan varias técnicas dirigidas a modificar las interpretaciones catastróficas, mejorar tu estilo de afrontamiento y tus habilidades sociales.

Las técnicas de exposición hoy en día se aplican con herramientas más modernas como son la Realidad Virtual, que facilitan el aprendizaje en un menor tiempo. La desensibilización te introduce poco a poco y de forma virtual a diferentes entornos sin salir del despacho, variando el número de personas que te observan y grados de dificultad. Asimismo, te expone a comentarios en ambientes como la oficina o una amplia audiencia. Las técnicas de relajación y mindfulness pueden complementar el tratamiento.

Artículo publicado en el magazine digital  “menuda familia”, en agosto 14, 2017.

Adolescentes conflictivos

Adolescentes conflictivos

La adolescencia es una etapa natural que comporta cambios cruciales en el individuo. Estas transformaciones se viven de forma diferente y van conformando la manera de ser y la tendencia de cada joven. La combinación de su predisposición biológica (temperamento), con la interacción del ambiente (carácter) irá potenciando una personalidad adaptativa y equilibrada o, por el contrario, más disfuncional.

Aunque en todas las épocas ha habido jóvenes desafiantes y difíciles, quizá en la actualidad los padres y las madres se sienten más impotentes ante las conductas disruptivas, desafiantes y agresivas de sus hijos, que les perjudican a ellos y también a los demás.

Un estilo permisivo y tolerante en exceso impide que aprendan a tolerar la frustración

 

¿Cuándo consideraremos que puede ser un trastorno de la conducta?

– Si nos encontramos frente a un adolescente que presenta conductas desproporcionadas, de forma recurrente y con una alta frecuencia.

– Cuando estas conductas le causen sufrimiento, y/o generen un clima tóxico en la familia, la escuela o el trabajo.

Hay adolescentes que sufren y otros no. Pero independientemente de este factor, determinadas conductas explosivas y/o agresiones verbales y/o físicas hay que abordarlas cuanto antes mejor, ya que pueden comenzar a edades más tempranas.

Conocer las herramientas y utilizarlas ayuda a los padres a restablecer el equilibrio del sistema familiar

adolescentes

Cómo ayudarles de forma eficaz

 

  • Aplicar nuestras herramientas. Los padres y las madres disponemos de herramientas que no empleamos, ya sea por temor o por desconocimiento, y propiciamos poco a poco el empoderamiento del adolescente. El resultado es que, progresivamente, el adolescente va dominando la situación y los progenitores van perdiendo su papel educador y, en definitiva, el control.
  • Dotarles de resistencia. La excesiva permisividad es un tipo de maltrato porque les incapacita para tolerar la frustración. Si dejamos que se frustren, que no tengan todo lo que desean, con la inmediatez a la que están acostumbrados, les estamos dotando de resistencia psicológica ante la vida.
  • Ponerse de acuerdo. Ciertos patrones disfuncionales se potencian en un sistema familiar enfermo. No se trata de culpabilizar a los padres, pero sí de alertarles de la importancia que tiene el ponerse de acuerdo en la educación desde el inicio, en la implicación de ambos en la educación de sus hijos y en ejercer un co-liderazgo.
  • Fomentar valores como el respeto y la cooperación en las primeras etapas no es tarea fácil, pero hacerlo facilitará sin duda la labor educativa y un sistema saludable.

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en agosto 6, 2017

Instantánea de una pareja tóxica

Instantánea de una pareja tóxica

No paras de mirar el móvil para ver si te ha llamado o te ha mandado un whatsApp. Piensas constantemente en él/ella, te sientes eufórico y tu vida tiene sentido desde que le conoces. ¡Estás enamorado!

Pero no todo lo que reluce es oro, porque a veces sufres. Lo pasas mal porque en ocasiones reacciona de modo incomprensible. Le pillas controlando tu móvil, critica la ropa que llevas puesta, te contesta mal… Te enfadas. Reacciona con violencia, te insulta. Cada uno tira por su lado. Y al día siguiente, se pone en contacto contigo como si no pasara nada, con una actitud cariñosa que te descoloca, olvidas el suceso y ¡volvéis a a empezar hasta la próxima!

Aunque todos somos capaces de reproducir esta instantánea en un momento dado, entrar en una dinámica agresiva, mostrar celos o ser víctima de ellos sin motivo justificado, o recibir un trato de menosprecio son señales inequívocas de que mantienes una relación de pareja tóxica.

Estar enamorado y ser correspondido es una experiencia maravillosa, qué duda cabe. Pero, por ridículo que te parezca, durante el estado de enamoramiento te encuentras bajo los efectos de un cuadro obsesivo compulsivo que evita que identifiques con claridad los síntomas de esa “toxicidad”.

No es inusual que la pareja que te lo da todo en un primer momento se descubra poco a poco. ¿Cómo? Con gestos en la cotidianidad que van minando tu felicidad inicial y te conducen a un estado de inseguridad. Al fin y al cabo, las expectativas son sólo eso, expectativas; y la realidad se percibe en el día a día.

Esa extraña mezcla de amor y dependencia es lo que te impide echar por tierra la relación. Uno necesita dominar y reafirmarse; el otro, a alguien que le guíe y le dé seguridad a nivel afectivo. Seguridad afectiva a un precio muy alto, porque comporta su pérdida de identidad y de libertad.

Uno necesita dominar y reafirmarse; el otro, a alguien que le guíe y le dé seguridad a nivel afectivo

Por tanto, para que funcione una relación:

  • Es importante desear y no necesitar.
  • Aprender a tener una buena autoestima.
  • Saber conversar y no tolerar desde el principio los estilos agresivos.
  • Ser fiel a tus valores y no renunciar a ellos.
  • Detectar instantáneas tóxicas (frecuencia, duración e intensidad)
  • Ser capaz de llegar a un nosotros, sin anularse mutuamente y construir una relación saludable.

 

Artículo original publica en el magazine digital “menuda familia”, en julio 13, 2017.

Como evitar ser una madre vulnerable

Como evitar ser una madre vulnerable

El otro día, hablando con una amiga, surgió de forma tangencial el tema de las madres que aún no son mayores, tienen alrededor de sesenta años, pero que, debido a su vulnerabilidad tanto física como psicológica, se apoyan por necesidad en los hijos/as. Me refiero al perfil de una madre que ha dejado de trabajar para cuidar de su marido e hijos, o no ha trabajado nunca de forma remunerada, y en ocasiones también ha tenido que ocuparse de sus padres, por no decir incluso de sus suegros.

Este rol encuadrado alrededor de la familia, gratificante para estas mujeres y para los demás, que permite al cónyuge realizarse como proveedor y profesional y a los hijos formarse sin complicaciones, poco a poco puede generar madres que de forma inconsciente esperan cariño, atención y en definitiva la devolución futura del afecto invertido.

¿Cuál es la trampa?

El convencimiento de que esa es en exclusiva su misión en la vida y que hay que sacrificarse en aras de la familia. No importan los guisos, las tareas domésticas, las celebraciones, el mediar en los conflictos para que haya paz, el aguantar muchas veces a familiares dominantes y que se creen con el derecho a opinar y a aconsejar. El resultado es una familia feliz que goza de armonía y bienestar durante años.

Pero estos años pasan, los maridos a veces se van con otras mujeres más jóvenes e independientes; en el peor de los casos, disfrutan de su vida teniendo al margen a esas abnegadas mujeres que les hacen la comida y ellas sienten en solitario el frío de tener un marido que no las considera como pareja de viaje.

Los hijos se van del nido, aunque alguno de ellos se preocupe por el bienestar de su madre. Tanto da, hijo o hija, normalmente hay alguno que vela por su madre, aunque sea a distancia, para que no se sienta sola.

¿Qué ocurre?

Algunas de estas madres se suelen encontrar mal y pueden padecer dolencias físicas de diversa índole que las incapacita para llevar una vida satisfactoria y feliz. Al mismo tiempo, éstas manifiestan sus quejas a los más allegados, con el consecuente efecto contraproducente, puesto que los demás no suelen querer estar al lado de alguien que se queja y requiere más atención.

¿Y entonces qué?

Normalmente, si es el hijo, éste asume el cuidado de su madre de forma paternal y le ayuda en lo que puede. Las hijas, en cambio, suelen no querer convertirse en ellas, vulnerables y débiles, por lo que se esfuerzan en ser todo lo contrario. Mujeres eficaces, eficientes y efectivas, que luchan a toda costa por tener un cuerpo sano, conseguir una independencia económica y en definitiva ser fuertes. Tanto, que confunden la eficacia con tener una buena autoestima y se atrapan en un sinfín de tareas/trabajos/cursos para demostrarse que son libres y no se parecen a sus madres.

Sin ser conscientes, las hijas pueden sentir rechazo hacia la madre débil y a la vez admirar al padre, fuerte e independiente, lo que provoca en las madres más indefensión y el corroborar que no se las quiere suficiente.

Asumir el rol de cuidadora perpetua, tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas

¿Dónde radica el problema?

No hay culpa, es la vida que no brinda a ciertas personas el conocer que tienen valor por ellas mismas. No han aprendido a cuidarse de ellas y ponen a la familia en primer lugar. Con todo esto, no me refiero a que no haya que educar y cuidar a los hijos, pero sí sería preciso enfocar esta educación a que los hijos sean independientes y autónomos, no únicamente en un sentido económico.

El pack no incluye cuidar a la pareja con tanta dedicación, ni tampoco al resto de la familia. Me refiero a los abuelos, quienes, como en algunos países europeos, gozan de ayuda social porque se destina presupuesto para ello. El hecho de asumir este rol de cuidadora perpetua tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas y de forma diferida para el hijo o la hija que se preocupará más tarde por el bienestar de su madre.

¿Cómo cortar este desequilibrio?

Es necesario prevenir esta interacción madre vulnerable-hijo/a, cuidadores obligados por las circunstancias. La mujer, antes que madre, hija o trabajadora, es persona. Una persona que tiene derecho a autorealizarse, a ser independiente, a vivir de forma plena y satisfactoria, no dejándose engañar porque la sociedad así lo ha impuesto, aunque a veces no es posible hacer lo que se desea.

Es importante abrir este “micro mundo” familiar y aportar lo que cada una pueda a la sociedad de la que formamos parte, recibiendo remuneración por ello. Por ti y por los tuyos, para que te sientas orgullosa de educar y aportar tu grano de arena mediante lo que más te guste. Más tarde, cuando tus hijos se vayan de casa o estés sola por los motivos que sean, no podrás entrar en el mercado laboral, con lo cual vas a tener un problema de dependencia que alguien tendrá que asumir, bien sea el estado o tus hijos.

Por otra parte, cuidar de los nietos a tiempo casi completo, cuando la salud lo permite, puede postergar el problema. Disfrutar de los nietos es muy saludable, pero en las dosis adecuadas.

Concluimos mi amiga y yo, que los años pasan y que tarde o temprano el nido se queda vacío. Te das cuenta de que no te has mirado suficiente ni te has parado a pensar qué querías en la vida, además de formar parte de tu familia, por lo que ocuparnos de una buena autoestima nos evita preocuparnos y que, en un futuro, se preocupen de nosotras.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en julio 27, 2017

Los test verbales, ¿hasta qué punto son fiables?

En numerosos ámbitos se utilizan test para medir diferentes aspectos y capacidades personales, tales como la inteligencia, la personalidad, las aptitudes, y las emociones.

La preparación para los exámenes “psicotécnicos”, entrena a los aspirantes a optimizar su tiempo y sus conocimientos de una manera correcta y eficaz, para responder a los test de personalidad y a actuar racionalmente ante la entrevista. En general se ofrece actuar de manera controlada, pensada y aventajada, mejorando las habilidades de autogestión con un entrenamiento.

test dp-tc

Así, podría aceptarse, que, realmente se puede preparar una persona para mejorar en cualquiera de los test que se administran para acceder a cualquier empleo, para dar respuestas adecuadas ante tribunales, para conseguir una ayuda de baja laboral, etc.

 

Pero ¿hasta qué punto es útil en un proceso de selección la información ofrecida por estas herramientas entrenables?

 

En ocasiones, que se complementan con una o más entrevistas para poder obtener información adicional, sacar conclusiones y aclarar dudas. Es absolutamente legítimo, incluso deseable, que cualquier persona se esmere por prepararse para poder conseguir aquel puesto al que aspira, porque indica interés y superación. No obstante, la información procedente de test de los cuales se ha aprendido las respuestas no resulta útil para el seleccionador y mucho menos para el clínico.

A pesar de que los test estén convenientemente validados y sean fiables, en realidad si se trata de evaluar a una persona para un puesto de responsabilidad en el que tenga que tomar decisiones en situaciones de estrés y de la que dependan más personas, ¿querremos seleccionar al mejor? ¿Querremos que por ejemplo un piloto, un conductor de tren, un policía, etc., sea realmente una persona competente y no sólo apta por sus respuestas a un test verbal de personalidad, sino con la mejor reacción ante la presión y el estrés?

Tomemos como ejemplo el incidente de enero de 2009, en el que el piloto Chesley Sullenberger, del vuelo 1549 de US Airways, amerizó en la bahía del río Hudson, con el Airbus 320 y salvó a 155 vidas. Se trató sin duda de una persona con pericia y maestría que supo realizar una buena maniobra de emergencia.

La experiencia, habilidad y la suficiente capacidad para manejar situaciones de estrés, hizo que se salvaran muchas vidas.

Además de los test que son autoreferenciados, es decir, con respuestas declaradas por la persona que los responde, que miden las capacidades, sería interesante utilizar herramientas en las que las personas no se pudieran preparar, aprendiéndose las respuestas más idóneas, sobre todo, en los casos en los que la personalidad y la reacción juegan un papel decisivo.

Con esta intención, se desarrolló el PMK, dando lugar al Diagnóstico Propioceptivo del Temperamento y el carácter (DP-TC) que no se puede preparar – Es decir, del que no se pueden aprender las respuestas correctas – y da la suficiente información para conocer cómo reaccionaría una persona en puestos de responsabilidad en relación a la seguridad y al liderazgo. Los resultados de esta prueba no verbal son además útiles para determinar en qué medida las entrevistas y demás test verbales complementarios responden a la persona o al aprendizaje de las mismas.