Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

nuevas familias

Los tiempos han cambiado y las familias no son una excepción. Hemos pasado del “contigo para toda la vida” a “me voy porque esto no funciona”. En estas circunstancias, los protagonistas son los adultos, aunque los actores de segundo orden son los hijos, quienes han de adaptarse a cambios ajenos a ellos y a su nueva situación. Por este motivo, es recomendable que padres y madres (padrastros y madrastras) gestionen de la mejor manera esta nueva etapa, favorezcan la propia adaptación y ofrezcan un modelo de familia que proporcione estabilidad y bienestar.

Se considera familia reconstituida cuando existe una pareja con al menos un hijo de una relación anterior, excluyendo las que no tienen ningún hijo.

¿Qué diferencia la familia reconstituida de la tradicional?

  • Los límites. En las familias convencionales, las fronteras son biológicas y las condiciones de ser miembro o no están muy bien definidas.  En el caso de las familias reconstituidas, existen dos hogares y los límites no se tienen tan claros.
  • El tiempo en asimilar los cambios suele ser más corto y no sigue las mismas etapas que en la familia convencional (noviazgo, emparejamiento, primer hijo…) El orden de existencia de los hijos es anterior a la constitución de la pareja, dificultando el proceso de adaptación.
  • El tipo de pérdida. En el caso de divorcio o separación, la pérdida se asimila peor que en el caso de la muerte, en el que el duelo se acompaña mediante rituales y apoyo familiar. En las familias reconstituidas puede producirse rechazo, incluso, por parte de los familiares de uno o de ambos miembros de la pareja.
  • Más personas involucradas. Existen al menos tres adultos responsables, o cuatro por lo general. Por tanto, se genera interferencia y/o confusión en los hijos con relación a quién han de hacer caso, si no se determinan con claridad los roles de los nuevos miembros.
  • La casa y la economía. En las familias reconstituidas, a veces se vive en la antigua vivienda de uno de los dos, a diferencia de los hogares tradicionales. También el sistema económico no cuenta en principio con un fondo común.

El éxito de la relación de pareja en este marco dependerá en gran medida de la felicidad de los hijos en la nueva familia y la felicidad de ellos vendrá definida por la buena gestión de la pareja

Pautas para promover la adaptación de los hijos en la familia reconstituida:

  • Ponerse de acuerdo en relación con el lugar de residencia y las finanzas. Es recomendable que sea una vivienda escogida de común acuerdo por los dos. Compartir la economía a partir de la nueva situación genera una mayor satisfacción, respetando lo anterior a la unión y siendo revisable en función de cada caso y necesidades.

 

  • Resolver la pérdida de la relación anterior. Los hijos pasan a ver menos al padre o la madre que no vive con ellos, por lo que, aunque no puedan ni sepan manifestar su añoranza, tendremos que considerar que afectará al estado de ánimo de los hijos y a su conducta.

 

  • Pactar el tiempo para los propios hijos/as. Para que éstos no se sientan abandonados en el plano afectivo, es muy positivo dedicar un tiempo exclusivo a ellos, además del compartido en familia.

 

  • Mantener el espacio. La pareja ha de contar con momentos para establecer una comunicación constructiva, no solamente por la noche cuando todos duermen. Buscad, por ejemplo, una tarde para encontraros sin niños; un fin de semana, si se puede…

 

  • Tratar a todos los hijos con equidad. Teniendo en cuenta las edades, establecer las mismas normas para todos. Evitar decir “tu hijo…”, y procurar llamarle por su nombre, describiendo la conducta. Por ejemplo, “Esta mañana, Tomás no me ha contestado cuando le he dado los buenos días”. Evidentemente, Tomás seguramente está pasando por esta etapa de asimilación y tendrá un humor detestable en más de una ocasión. Por tanto, no hay que tomar esta actitud como algo personal ni etiquetar al hijastro.

 

  • Definir el nuevo papel del padrastro o madrastra y los roles. Según la edad, resultará más o menos fácil. Los más pequeños suelen adaptarse mejor que en la pre o adolescencia. Éstos se rebelan a menudo ante la nueva figura del “padrastro” o “madrastra”, por lo que, si en algo se ha de pecar, será en la tolerancia. Demasiada exigencia podrá provocar rechazo y resentimiento en el adolescente. Si esto ocurre, se resentirá también la relación de pareja, ya que el padre o la madre del hijo/a “rebelde” sufrirá por la situación. Para ayudar a establecer el vínculo, la relación con los hijastros ha de mantenerse en un nivel lúdico al principio, ir cogiendo confianza poco a poco y abstenerse de ejercer la autoridad. Mientras tanto, es preferible que la personas que dictaminen las normas y la disciplina sean el padre o la madre biológicos.

 

  • Reformular las pautas y normas de educación. Encontrar un equilibrio entre la manera de educar de uno y del otro. Pactar tanto lo que no se admite, como lo que queramos potenciar, aplicando refuerzos establecidos previamente.

 

  • Evitar comentarios negativos del ex o de la ex. Los hijos deben estar informados sobre los horarios y visitas que les atañe. Toda comunicación que no sea constructiva perjudica su autoestima, le provoca inseguridad e inestabilidad emocional y, en muchas ocasiones, le genera un deber, que no le corresponde, de defender al progenitor que considere más débil y vulnerable.

 

  • Los padres biológicos son los que toman las decisiones importantes en la vida de sus hijos.

 

  • Mucha paciencia, tolerancia y diálogo. No esperar a tenerlo todo estable en un año ni en dos. Dependiendo del número de miembros de la nueva familia, las edades, vuestra situación emocional y demás condiciones ambientales, va a suponer un proceso en el que no todas las familias reconstituidas sobreviven. No se trata de exigir situaciones justas y racionales, sino de fomentar cuanto antes la adaptación al nuevo hogar mediante el aprendizaje por ensayo y error. Por eso, la tolerancia, la paciencia y la comunicación sin exigencia son buenos aliados para conseguir un clima de cooperación.

 

familia feliz

Las directrices generales señaladas en todo caso se han de ajustar a las necesidades de cada nueva familia en particular para ofrecer las herramientas más adecuadas.

Evidentemente y como en todas las familias, sean éstas tradicionales o reconstituidas, educar con parentalidad positiva fomenta el desarrollo y el bienestar emocional de los niños/as, para que en este microsistema puedan crecer y madurar de forma saludable.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en septiembre 16, 2017

 

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

Uno de los pilares de la felicidad, la salud y el bienestar de las personas es la autoestima y, pese a que se viene hablando mucho sobre este tema en las últimas décadas, lo cierto es que gran parte de los niños y adolescentes carecen de ella. Ante este hecho, me pregunto si los adultos consideramos relevante y prioritario potenciar la autoestima en los niños, por desconocimiento o porque no consideramos el impacto negativo de su ausencia en el desarrollo integral de los niños.

Si fomentar hábitos de higiene y buen comportamiento en nuestros hijos es fundamental, no menos importante es que adquieran, en base a su temperamento, un carácter decidido, curioso, flexible, adaptable; aumenten la seguridad en sí mismos y se sientan cómodos en las relaciones sociales.

Solemos dar más valor a lo que no tiene valor para ser felices

La autoestima es un concepto muy amplio en el que intervienen diversos factores:

  • De qué manera se reconoce el niño físicamente (autoimagen)
  • Si se siente querido y valorado en su hogar (seguridad afectiva)
  • Qué piensa de sí mismo y cómo le perciben los demás (autoconcepto)
  • La capacidad de recompensarse y realizar actividades placenteras (autorrefuerzo)
  • Las aptitudes que cree poseer para conseguir lo que se propone (autoeficacia)

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida, especialmente en el terreno afectivo y social, y podrá ocasionarle problemas y/o trastornos psicológicos.

Indicadores de un déficit de autoestima:

– Autoexigencia y tendencia al perfeccionismo.

– Miedo excesivo a cometer errores.

– Sensibilidad a las críticas de otros y actitud crítica consigo mismo.

– Sentimientos de vacío y tristeza.

– Dificultad para tomar decisiones cotidianas.

– Retraimiento y dificultad para entablar relaciones sociales.

– Necesidad de llamar la atención.

Factores determinantes:

. Los modelos permisivos en exceso o los modelos exigentes propician no aceptarse. Los primeros contactos se producen primero en la familia y posteriormente en la guardería y en la escuela. Estos agentes influyen en la visión que el niño va adquiriendo. Dependiendo de las frases y de los comentarios de quienes nos educan (padres, madres y docentes), el niño tendrá una percepción negativa o positiva de sí mismo. Los mensajes se graban y se transforman en el diálogo interior del niño, que será el motor de su manera de funcionar.

. Las experiencias en las interacciones sociales irán afianzando la autoestima del niño o, por el contrario, minando su seguridad.

. La autoestima no se mantiene igual a lo largo del tiempo. La adolescencia es la etapa en la que hay mayor déficit, debido principalmente a la transformación de sus cuerpos y a la consciencia de la importancia que otorga la sociedad actual a la imagen y el éxito.

6 estrategias para fomentar la autoestima de tus hijos:

felicidad

  1. Sé consciente de las cualidades de tu hijo. Puedes apuntarlos a medida que descubres sus puntos fuertes. Solemos focalizar la atención en lo que hacen mal, por tanto, hay que dar un giro de 360º a nuestra atención. Estas cualidades las utilizaremos para reforzarle: “Patinas muy bien”, “has preparado la mesa con esmero”, “tienes muchos amigos”, etc.

     Si no se siente aceptado y valorado, el niño no se quiere

  2. Rompe el círculo vicioso. Si estamos dolidos por su comportamiento, es importante que nuestra actitud sea la de querer encontrar algo positivo en él. El adulto es el responsable de romper ese círculo. Por ejemplo, en el momento en que sonríe, o se divierte jugando o entretenido en sus cosas, podemos decirle: “Me alegra verte contento”.

               El juicio que más les duele es el nuestro, porque es el que aprenderán a tener de sí mismos

  3. Dale mensajes positivos realistas en proporción a su conducta. Con frecuencia ponemos etiquetas negativas, cuando los mensajes se han de adecuar a cada momento y en relación a la conducta: “Me gusta cuando estás tranquilo jugando”, en lugar de “Eres incapaz de estar tranquilo”.
  4. Valida su opinión y sus sentimientos. Cuando hable, no descalifiques su opinión por muy descabellada que nte parezca. Acepta su aportación y comenta la tuya desde tu derecho a opinar: “Yo lo veo distinto, ya que…”,“Me parece que…”
  5. Proporcionar dedicación completa en algún momento del día no es lo mismo que permanecer en la misma casa o habitación. Si no puedes, escúchale activa o aprovecha algún comentario para prestarle la máxima atención, sin hacer nada más. Por ejemplo: Paula, ven y leeremos un cuento juntos; Eric, ¿quieres jugar conmigo a cartas?, o, ¿Qué te parece si mañana vamos en bici?”
  6. Habla bien de tu hijo y si comentas algún comportamiento negativo suyo, no lo hagas delante de él, porque las críticas en público son devastadoras. Por el contrario, habla de sus logros cuando esté delante. Por ejemplo: “Marta está aprendiendo a comer sola”, o, “Jorge es capaz de estudiar durante más tiempo en su habitación.”

Valora sus esfuerzos y a corto plazo notarás un cambio en su comportamiento y en sus emociones

Estas son algunas pautas para fomentar una buena autoestima en tus hijos, que han de adaptarse al niño y a la edad. No olvidemos que los padres somos modelos de nuestros hijos y nuestro comportamiento en casa y en la sociedad les sirve de referente. Por tanto, para ayudarles, sería conveniente revisar cómo anda nuestra autoestima y empeñarnos en mejorarla si aún consideramos que hay algún déficit. Todo ello siempre y cuando tengamos la suficiente motivación y creamos que obtendremos un beneficio para nosotros y, por ende, para nuestros hijos

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en septiembre 29, 2017

Septiembre; ¿Sigues con lo mismo?

Septiembre; ¿Sigues con lo mismo?

objetivos

En estas fechas, abundan los post que nos animan a emprender la rutina del nuevo curso con energía, dando por supuesto que finaliza lo bueno y comienza lo arduo. Nada más lejos de mi intención. Cada uno sabe cómo ha pasado el verano y no me atrevo a generalizar. Tras las vacaciones, lo cierto es que los niños por fin regresan al colegio y de nuevo tenemos que cargar las pilas, para enfrentarnos a muchos momentos de estrés y de presión, sea cual sea nuestra actividad y no caer ni en la desorientación personal ni en el postergar nuestro bienestar.

Tanto si eres trabajador/a por cuenta ajena, como empresario/a o autónomo/a, o estás en situación “disponible” (no me gusta el término “parado”), hoy es un buen momento para afilar la sierra y, enfocarte en lo que deseas. Digo “deseas”, no “necesitas”, porque desear y no necesitar es muy recomendable. La razón es que cuando deseas, encargas que pueda hacerse realidad esa ilusión, idea u objetivo y facilitas considerablemente las oportunidades.

De la idea a la realización, existe el peligro de la procrastrinación, o el “ya lo haré”, de modo que para ser realmente efectivo/a, no te impongas un objetivo que no te sirva para crecer como persona y ser feliz. Focalízate en lo que te gusta y sea viable, no en un sueño irrealizable que no se ajuste a ti. No te sientas culpable si no has logrado tu propósito; en todo caso, asume la responsabilidad y planifica bien la estrategia.

Es clave atender nuestras emociones y observar todo lo que nos afecta en el presente para determinar qué deseamos eliminar, modificar o aumentar, para alcanzar nuestros objetivos

Estrategias para enfocar tus ilusiones:

  1. Tómate un tiempo para estar solo/a. No hace falta mucho. No se trata de cantidad de minutos u horas. Quizás necesites algunos momentos distribuidos en varios días en los que no te distraigas con otras actividades que requieran concentración o atención.
  2. Graba o apunta tus deseos u objetivos de la forma que te resulte más cómoda (móvil, papel, ordenador…). Hazlo a modo de tormenta de ideas, no importa si te parecen absurdos o inalcanzables. Puedes mezclar objetivos, ideas, deseos de todo tipo. Éstos han de ser específicos, cuantificables y concretos (por ejemplo: mejorar la relación con mis padres, visitándolos “x”  veces al mes/semana; ser más asertivo con  una persona, aprendiendo a decirle que no; practicar un deporte o hacer esa actividad en concreto, fijando día y hora; pasar más tiempo con mi pareja, sin los niños, determinando fechas concretas… Para conseguirlo, estableceremos metas o planes de acción.
  3. Clasifícalos. Cuando detectes y hayas observado estos deseos, date un momento para ordenarlos. Se trata de realizar un primer esbozo y separarlos en tres categorías principales: Formación, Trabajo/profesión, y Personal.
  • En el apartado de Formación pondremos lo necesario para conseguir nuestras metas profesionales. (Estudios, aprendizajes y competencias necesarios de todo tipo, por ejemplo, desde un curso de cocina hasta un doctorado)

 

  • En el de Trabajo o profesional anotaremos la situación laboral en la que estamos y en la que nos gustaría vernos a medio y largo plazo, desde los puestos o roles intermedios hasta llegar a lo que queremos en un futuro a largo plazo.

 

  • En el plano Personal empezaremos por nosotros. Contemplaremos todo aquello que deseamos y que está relacionado con nuestra autoestima, hábitos saludables, actividades o refuerzos que nos son agradables y queremos (por ejemplo: practicar un determinado deporte, aprender un idioma, permitirnos descansar alguna hora del día, etc.). Tendremos en cuenta también si debemos mejorar aspectos relacionados con nuestra manera de ser o funcionar, habilidades sociales, asertividad, control de la ira y si éstos favorecen o no la consecución de nuestros objetivos. Seguiremos por nuestra relación con las personas más significativas en el orden que prefiramos y lo que queremos mejorar con relación a éstas. Incluiremos las personas con quienes nos relacionamos (por ejemplo: defender nuestros derechos ante un vecino, colaboradores de trabajo/curso, etc.). En definitiva, todo aquello que nos enriquece y nos aporta satisfacción.

 

satisfaccion

Para hacer realidad nuestros sueños hemos de pensar, sentir y llevar a cabo acciones planificadas con método

  1. Sepáralos en 3 etapas o plazos (corto, medio y largo plazo). Hay objetivos que requieren una preparación, un momento adecuado y reunir una serie de condiciones (por ejemplo, para alquilar un apartamento o comprarte un coche)

Cuantificar los objetivos en plazos nos permite comprobar si los vamos cumpliendo o no, si la estrategia ha contribuido a conseguirlos o es preciso cambiarla; o si hay que modificar el objetivo. Estos plazos varían de una persona a otra.

  • Corto plazo: Puede ir desde unos días o meses hasta un año. No es conveniente que sea superior.
  • Medio plazo: Desde algunos meses posteriores al corto plazo hasta algunos años.
  • Largo plazo: Cómo nos gustaría vernos en el futuro. Son nuestros sueños e ideales, probablemente los más importantes y complejos, que implican grandes decisiones y un trabajo previo. No es preciso ser muy concreto, pero sí aproximarse en la medida de lo posible.
  1. Introdúcelo en un registro. Ve pasando lo que tenías apuntado al registro que verás a continuación. No es necesario que lo hagas todo en un día. No tengas prisa. Es tu modo de vivir lo que está en juego, por lo que no escatimes en dedicarle el tiempo que necesites.
  2. Planifica una estrategia para los objetivos a corto plazo. Atiende lo más urgente y necesario que te permita llegar a los demás objetivos de medio y largo plazo. ¿Cómo lo haré?, ¿cuándo?, ¿sólo yo, o hay alguien más implicado? Planifica fecha y días. Anótalo en tu agenda y cuando lo hayas hecho, refuérzate con algo que te guste.
  3. Tenlo a mano para añadir, modificar, refocalizar y revisar lo que vas consiguiendo.

Te sorprenderá comprobar que, una vez escritos, interiorizados y adecuados a objetivos realistas que dependen del empeño y el esfuerzo, tus sueños suceden de forma casi mágica

rumbo

Siempre estás a tiempo de enfocarte. Si te pones excusas, quizás tengas miedo al fracaso por alguna experiencia anterior, o te sientas inferior por tener personas que consideras brillantes a tu alrededor.

Cada uno de nosotros tiene puntos fuertes que ha de reconocer para potenciarlos. Es conveniente empeñarnos en algo que nos realmente nos apasione y se adecue a nuestra personalidad, competencias, capacidades y aptitudes. Puedes elegir cuándo empiezas, sólo tú eres el protagonista de tu historia.

“Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos” (José Ortega y Gasset)

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en septiembre 2, 2017

 

El momento para ir al psicólogo/a

El momento para ir al psicólogo/a

El ser humano piensa en exceso cómo combatir aquello que nos molesta y nos desequilibra, pudiendo entrar en un bucle de pensamientos negativos que nos puede llevar en cascada a una crisis existencial y a un verdadero sufrimiento.

Pasamos mucho tiempo analizando, juzgando, rumiando, comparando… y no nos sirve para ser felices. De hecho, si entramos en este círculo mental, nuestro estado físico se resiente y pueden aparecer dolencias.

 

El tiempo que empleamos en analizar, rumiar, y preocuparnos por los problemas, no nos sirve para ser felices

 

Hasta hace muy poco, ir a un psicólogo se relacionaba con tener un trastorno mental, por lo que había mucha reticencia a ir, y mucha más a comunicar que se estaba en tratamiento.

 

No obstante, el psicólogo clínico y/o sanitario, también te puede ayudar a mejorar la calidad emocional de tu vida. Los problemas que se nos hacen una montaña, pueden propiciar la inestabilidad y por tanto la infelicidad.

 

No hace falta tener un trastorno mental, tan solo es una decisión que implica detectar y aceptar que no nos sentimos bien, a pesar de que ya hemos intentado previamente buscar soluciones.

 

Todas las personas, pasamos por épocas complicadas que se nos hacen una montaña

 

Normalmente priorizamos el trabajo, el dinero, etc. y si lo demás va bien, olvidamos que hay que seguir ocupándonos de ello, aunque ya forme parte de los objetivos conseguidos (tener pareja, hijos, vivienda, amigos…). Por tanto, en algunas épocas

 te puedes asesorar para:

  • Saber los ingredientes de éxito en una pareja
  • Cuáles son las claves de una educación integral de los hijos/as
  • Cómo ser más asertivo y tener éxito en las relaciones sociales
  • Conocer cómo va tu autoestima y mejorarla
  • Querer tener un mayor liderazgo en tu equipo
  • Plantearte nuevos objetivos y tomar decisiones acertadas para tu salud y bienestar

Y por supuesto también:

  • Cuando nuestro estado de ánimo depresivo, ansioso, etc., está afectando e interfiriendo negativamente nuestra vida diaria
  • Si cambiamos de humor frecuentemente, teniendo altibajos, con o sin motivo
  • Si ya hemos intentado cambiar algún aspecto de nosotros y no lo hemos conseguido
  • Cuando hacemos cosas sin saber bien por qué y lo hacemos de forma automática e impulsiva

 

¿Para qué?

 

  • Para entender qué es lo que causa nuestro malestar
  • Aprender estrategias de afrontamiento
  • Tener un mayor conocimiento de nosotros mismos
  • Gestionar nuestras emociones, pensamientos y conductas
  • Aceptar lo que no podemos cambiar

 

 confianza

El psicólogo, por una parte, te hace de guía para que conozcas cómo estás funcionado en la actualidad, y comprender el porqué, y por otra, te dará las herramientas necesarias para gestionar mejor tus emociones y que aprendas a hacerlo sin la necesidad del terapeuta.

 

La autoestima es un factor clave para esta gestión. Así la manera en que te valoras y te quieres, repercutirá sin duda en tus decisiones, prioridades y relaciones con los demás en cualquier ámbito. Por este motivo, es conveniente integrar en los tratamientos este concepto y conectar con la repercusión que tiene una buena autoestima en el día a día, tanto en la manera de verte como de relacionarte con los demás.

 

Evidentemente hay personas en nuestras vidas que son muy válidas para enseñarnos y ayudarnos a crecer, pero si no hemos tenido la suerte de contar con algunas de ellas en el transcurso del tiempo, probablemente necesitaremos ocuparnos de aspectos que no hemos desarrollado o los hayamos aprendido de forma disfuncional, para poder llegar a gozar del bienestar emocional. Es entonces cuando el profesional más adecuado es el de la psicología y concretamente el que trabaja en el ámbito de la psicología clínica.

 

Es importante que en el momento en que te decidas, compruebes que tiene suficientes conocimientos y experiencia para poder desempeñar el papel de terapeuta con todas las garantías que te mereces.

 

Instantánea de una pareja tóxica

Instantánea de una pareja tóxica

No paras de mirar el móvil para ver si te ha llamado o te ha mandado un whatsApp. Piensas constantemente en él/ella, te sientes eufórico y tu vida tiene sentido desde que le conoces. ¡Estás enamorado!

Pero no todo lo que reluce es oro, porque a veces sufres. Lo pasas mal porque en ocasiones reacciona de modo incomprensible. Le pillas controlando tu móvil, critica la ropa que llevas puesta, te contesta mal… Te enfadas. Reacciona con violencia, te insulta. Cada uno tira por su lado. Y al día siguiente, se pone en contacto contigo como si no pasara nada, con una actitud cariñosa que te descoloca, olvidas el suceso y ¡volvéis a a empezar hasta la próxima!

Aunque todos somos capaces de reproducir esta instantánea en un momento dado, entrar en una dinámica agresiva, mostrar celos o ser víctima de ellos sin motivo justificado, o recibir un trato de menosprecio son señales inequívocas de que mantienes una relación de pareja tóxica.

Estar enamorado y ser correspondido es una experiencia maravillosa, qué duda cabe. Pero, por ridículo que te parezca, durante el estado de enamoramiento te encuentras bajo los efectos de un cuadro obsesivo compulsivo que evita que identifiques con claridad los síntomas de esa “toxicidad”.

No es inusual que la pareja que te lo da todo en un primer momento se descubra poco a poco. ¿Cómo? Con gestos en la cotidianidad que van minando tu felicidad inicial y te conducen a un estado de inseguridad. Al fin y al cabo, las expectativas son sólo eso, expectativas; y la realidad se percibe en el día a día.

Esa extraña mezcla de amor y dependencia es lo que te impide echar por tierra la relación. Uno necesita dominar y reafirmarse; el otro, a alguien que le guíe y le dé seguridad a nivel afectivo. Seguridad afectiva a un precio muy alto, porque comporta su pérdida de identidad y de libertad.

Uno necesita dominar y reafirmarse; el otro, a alguien que le guíe y le dé seguridad a nivel afectivo

Por tanto, para que funcione una relación:

  • Es importante desear y no necesitar.
  • Aprender a tener una buena autoestima.
  • Saber conversar y no tolerar desde el principio los estilos agresivos.
  • Ser fiel a tus valores y no renunciar a ellos.
  • Detectar instantáneas tóxicas (frecuencia, duración e intensidad)
  • Ser capaz de llegar a un nosotros, sin anularse mutuamente y construir una relación saludable.

 

Artículo original publica en el magazine digital “menuda familia”, en julio 13, 2017.

Como evitar ser una madre vulnerable

Como evitar ser una madre vulnerable

El otro día, hablando con una amiga, surgió de forma tangencial el tema de las madres que aún no son mayores, tienen alrededor de sesenta años, pero que, debido a su vulnerabilidad tanto física como psicológica, se apoyan por necesidad en los hijos/as. Me refiero al perfil de una madre que ha dejado de trabajar para cuidar de su marido e hijos, o no ha trabajado nunca de forma remunerada, y en ocasiones también ha tenido que ocuparse de sus padres, por no decir incluso de sus suegros.

Este rol encuadrado alrededor de la familia, gratificante para estas mujeres y para los demás, que permite al cónyuge realizarse como proveedor y profesional y a los hijos formarse sin complicaciones, poco a poco puede generar madres que de forma inconsciente esperan cariño, atención y en definitiva la devolución futura del afecto invertido.

¿Cuál es la trampa?

El convencimiento de que esa es en exclusiva su misión en la vida y que hay que sacrificarse en aras de la familia. No importan los guisos, las tareas domésticas, las celebraciones, el mediar en los conflictos para que haya paz, el aguantar muchas veces a familiares dominantes y que se creen con el derecho a opinar y a aconsejar. El resultado es una familia feliz que goza de armonía y bienestar durante años.

Pero estos años pasan, los maridos a veces se van con otras mujeres más jóvenes e independientes; en el peor de los casos, disfrutan de su vida teniendo al margen a esas abnegadas mujeres que les hacen la comida y ellas sienten en solitario el frío de tener un marido que no las considera como pareja de viaje.

Los hijos se van del nido, aunque alguno de ellos se preocupe por el bienestar de su madre. Tanto da, hijo o hija, normalmente hay alguno que vela por su madre, aunque sea a distancia, para que no se sienta sola.

¿Qué ocurre?

Algunas de estas madres se suelen encontrar mal y pueden padecer dolencias físicas de diversa índole que las incapacita para llevar una vida satisfactoria y feliz. Al mismo tiempo, éstas manifiestan sus quejas a los más allegados, con el consecuente efecto contraproducente, puesto que los demás no suelen querer estar al lado de alguien que se queja y requiere más atención.

¿Y entonces qué?

Normalmente, si es el hijo, éste asume el cuidado de su madre de forma paternal y le ayuda en lo que puede. Las hijas, en cambio, suelen no querer convertirse en ellas, vulnerables y débiles, por lo que se esfuerzan en ser todo lo contrario. Mujeres eficaces, eficientes y efectivas, que luchan a toda costa por tener un cuerpo sano, conseguir una independencia económica y en definitiva ser fuertes. Tanto, que confunden la eficacia con tener una buena autoestima y se atrapan en un sinfín de tareas/trabajos/cursos para demostrarse que son libres y no se parecen a sus madres.

Sin ser conscientes, las hijas pueden sentir rechazo hacia la madre débil y a la vez admirar al padre, fuerte e independiente, lo que provoca en las madres más indefensión y el corroborar que no se las quiere suficiente.

Asumir el rol de cuidadora perpetua, tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas

¿Dónde radica el problema?

No hay culpa, es la vida que no brinda a ciertas personas el conocer que tienen valor por ellas mismas. No han aprendido a cuidarse de ellas y ponen a la familia en primer lugar. Con todo esto, no me refiero a que no haya que educar y cuidar a los hijos, pero sí sería preciso enfocar esta educación a que los hijos sean independientes y autónomos, no únicamente en un sentido económico.

El pack no incluye cuidar a la pareja con tanta dedicación, ni tampoco al resto de la familia. Me refiero a los abuelos, quienes, como en algunos países europeos, gozan de ayuda social porque se destina presupuesto para ello. El hecho de asumir este rol de cuidadora perpetua tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas y de forma diferida para el hijo o la hija que se preocupará más tarde por el bienestar de su madre.

¿Cómo cortar este desequilibrio?

Es necesario prevenir esta interacción madre vulnerable-hijo/a, cuidadores obligados por las circunstancias. La mujer, antes que madre, hija o trabajadora, es persona. Una persona que tiene derecho a autorealizarse, a ser independiente, a vivir de forma plena y satisfactoria, no dejándose engañar porque la sociedad así lo ha impuesto, aunque a veces no es posible hacer lo que se desea.

Es importante abrir este “micro mundo” familiar y aportar lo que cada una pueda a la sociedad de la que formamos parte, recibiendo remuneración por ello. Por ti y por los tuyos, para que te sientas orgullosa de educar y aportar tu grano de arena mediante lo que más te guste. Más tarde, cuando tus hijos se vayan de casa o estés sola por los motivos que sean, no podrás entrar en el mercado laboral, con lo cual vas a tener un problema de dependencia que alguien tendrá que asumir, bien sea el estado o tus hijos.

Por otra parte, cuidar de los nietos a tiempo casi completo, cuando la salud lo permite, puede postergar el problema. Disfrutar de los nietos es muy saludable, pero en las dosis adecuadas.

Concluimos mi amiga y yo, que los años pasan y que tarde o temprano el nido se queda vacío. Te das cuenta de que no te has mirado suficiente ni te has parado a pensar qué querías en la vida, además de formar parte de tu familia, por lo que ocuparnos de una buena autoestima nos evita preocuparnos y que, en un futuro, se preocupen de nosotras.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en julio 27, 2017

El mindfulness, la atención en el aquí y el ahora

El mindfulness, la atención en el aquí y el ahora

El mindfulness es una técnica de tradición budista que entrena la atención para centrarse en el momento presente; descubrir y promover la actitud de curiosidad, la amabilidad y la compasión. Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular, profesor en la escuela de medicina de la Universidad de Massachusetts y practicante de yoga y meditación Zen, fue quien popularizó esta práctica en Occidente, integrando parte de las enseñanzas de maestros budistas con las de la ciencia occidental.

¿Por qué la psicología clínica aplica una técnica tan antigua?

A pesar de que el mindfulness data de hace 2500 años, los tratamientos psicológicos lo han incorporado en la actualidad después de que técnicas en neuroimagen hayan probado que su práctica produce cambios estructurales en el cerebro que se traducen en una mayor densidad neuronal y una mayor rugosidad, lo que implica cerebros más jóvenes y un mejor procesamiento de la información.

La primera generación de terapias, alrededor de los años 50, se centraban en la modificación de la conducta; la segunda generación, hacia los años 70, ponía su énfasis en las variables cognitivas, en el procesamiento de la información y en la modificación de los pensamientos irracionales; y la tercera generación, desde los años 90, muestra su interés en la emoción.

De este modo, aparecen nuevos enfoques en terapia que amplían los anteriores y el mindfulness se incorpora como una técnica más dentro de paquetes terapéuticos más amplios, como es el caso de la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). También como un tratamiento per se, como sucede en el Programa de Reducción del Estrés basado en el Mindfulness (MBSR), o la Terapia Cognitiva basada en el mindfulness (MBCT)

“No trates de expulsar los pensamientos. Dales espacio, obsérvalos y déjalos ir.” Jon Kabat-Zinn (2010)

Beneficios del mindfulness

Una sociedad en la que los valores que predominan son la inmediatez y la competitividad nos empuja constantemente a tener que anticipar, esforzarnos, juzgar, criticar. Como consecuencia, la atención no está sincronizada con el momento presente, sino con los pensamientos. Los sentimientos de frustración aparecen cuando no conseguimos lo que queremos, así pues, nos encontramos muchas veces sin querer, sin ser conscientes, pensando en el pasado o en el futuro, sintiendo nostalgia o preocupación, según miremos atrás o hacia delante.

Sentimos malestar y queremos escapar de las emociones negativas. Cada persona encontrará un modo de aliviar su sufrimiento (bebiendo, fumando, comiendo compulsivamente…), pero así se entra en un círculo en el que no se encuentra el sosiego o el bienestar.

Por ejemplo, cuando una persona se preocupa en exceso, piensa que anticipando evitará pasarlo mal en un futuro, sin embargo, lo que ocurre es que los problemas sólo existen en la mente de la persona que está ansiosa.

En el ámbito psicoterapéutico, el mindfulness, se utiliza para ayudar al paciente a regular sus emociones disfuncionales, a sincronizarse y centrarse en el presente con una actitud de aceptación (no de resignación) y a desidentificarse de sus pensamientos.

Con la práctica del mindfulness fomentamos que nuestros sentidos cobren protagonismo. Es la “mente del principiante” que experimenta algo por primera vez, aquí y ahora.

mindfulness

¿Cómo lo ponemos en práctica?

Focalizando…

Observando: Notando que la experiencia es la sensación. Describiendo: Poniendo palabras a la experiencia.

Participando: Formando parte de la experiencia (estado de flow)

Podemos centrarnos en “hacer” actividades o tareas sin ser conscientes de ello. Por ejemplo, caminar sin fijarnos en esta acción, centrarnos en “ser conscientes” de la sensación de tocar el suelo, en los movimientos de los pies, notar en definitiva la sensación de cada paso. No es pensar que camino, sino sentir que camino.

 “Sólo cuando la mente se encuentra abierta y receptiva puede producirse el aprendizaje, la visión y el cambio”.  Jon Kabat-Zinn

¿Qué sabemos sobre su eficacia?

Los estudios demuestran que cuando nos centramos en la eficiencia del objetivo y adoptamos una actitud no evaluativa nos es mucho más práctico que pensar y pensar. Esto se consigue con “prácticas formales”, dedicando periódicamente unos minutos al día (en función de cada persona) y con “prácticas informales” en las que aprovechamos cualquier actividad que hagamos para focalizarnos de forma intencionada en ésta. Aunque nos distraigamos, fenómeno que es inevitable, volveremos a focalizar, sin más.

De forma natural estamos en conciencia plena, cuando estamos aprendiendo a conducir, tocando un instrumento, también en experiencias nuevas, probando un plato nuevo, una copa de vino desconocido o haciendo y/o participando en actividades que nos gustan (viendo una película que nos fascina o escuchando a nuestro grupo preferido…) Observamos, describimos, participamos de esa experiencia, sintiéndola aumentada y potenciada.

Ser consciente de nuestra respiración en la práctica del mindfulness es fundamental, ya que normalmente no la observamos, ni respiramos de forma profunda.

¿Quién se puede beneficiar?

Todas las personas nos podemos beneficiar con esta técnica, pero sobre todo en casos de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, depresión, ira, y en la personalidad límite. También en casos de dolor crónico y en los que la impulsividad y la falta de atención son un problema.

Las personas que practican mindfulness aumentan la habilidad de no identificarse con su pensamiento, distanciándose de éste, lo que permite reducir la intensidad de la emoción. Mejoran su atención y concentración, sienten mayor bienestar físico y mental y en definitiva consiguen regular sus emociones.

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia” en julio 9, 2017

 

¿Te desbordan tus emociones?

¿Te desbordan tus emociones?

La rabia, la tristeza y la ansiedad, el asco o la alegría son emociones básicas y universales. Y experimentarlas forma parte de la condición humana. Pero, ¿qué ocurre cuando vives las emociones de forma excesivamente intensa y con mayor frecuencia de la que deseas? Si este es tu caso y sufres, por tanto, un déficit en la regulación emocional, el impacto que te produce en el día a día te impide sentir el bienestar necesario para ser feliz y conseguir tus metas.

Si observas que el estrés diario te afecta especialmente, sueles escapar de algunas situaciones que no te gustan, te levantas y te vas cuando alguien insiste en hablar de algún tema que te incomoda, das vueltas a las preocupaciones una y otra vez, o andas sumergido/a en una actividad frenética y, cuando paras o estás solo/a, te sientes mal, es probable que te desborden las emociones que estás sintiendo, aunque no seas consciente de ello.

La “mente sabia” es la que te aporta mayor bienestar y felicidad, porque combina la razón con la emoción

 ¿Qué hacer?

En primer lugar, analiza si te sucede a menudo y comprueba si el modo como afrontas los acontecimientos no te satisface. En segundo lugar, revisa si dispones de estrategias adecuadas para responder a este malestar emocional y si tu forma de actuar es desadaptativa; es decir, si te causa mayores inconvenientes, como, por ejemplo, fuertes discusiones en las relaciones, bajo rendimiento en el trabajo o estudios, compras compulsivas, etc.

¿Cómo cambiar?

Regular las emociones es posible, aprendiendo estrategias adecuadas que te permitan modular la intensidad y la duración de las emociones negativas y, con ello, conseguir tus metas personales. Esto, por supuesto, no significa que dejes de sentir emociones, negativas o positivas, ya que estás diseñado para percibirlas y sería “misión imposible”.

¿Cómo conseguirlo?

Para que puedas llevar a cabo este cambio, es necesario adquirir conciencia del problema, comprender y aceptar tus emociones, sin escapar de ellas, ni evitarlas. Por tanto, es preciso entrenar en el desarrollo de habilidades de conciencia emocional.

Una conciencia que se centra en el presente

Con mucha frecuencia, nuestra mente anda pensando en lo que ya no existe (el pasado), o en lo que podría suceder (futuro), pero no se encuentra sincronizada con el aquí y el ahora. Cuando añoras el pasado, es más probable que estés depresivo. Cuando temes el futuro, probablemente tengas estados de ansiedad y desasosiego.

Con frecuencia, nuestra mente no se encuentra sincronizada con el aquí y el ahora

Pensar con una mente racional, a priori, puede parecerte mejor que hacerlo de modo emocional, pero la mente que te aporta mayor bienestar y felicidad es la “mente sabia”; es decir, aquella que combina y equilibra la razón y la emoción. La una sin la otra te lleva a la disfuncionalidad y al sufrimiento. La racional, en un extremo, te impide sentir experiencias únicas e irrepetibles. La emocional en exceso es igualmente negativa, pues no te da paso a la objetividad ni a la lógica.

De este modo, para que adquirieras conciencia y tolerancia a las sensaciones corporales que aparecen sin pedir permiso y molestan, pero que forman parte de tus mecanismos de supervivencia, es preciso que aprendas y apliques estrategias adaptativas y de prevención de recaídas, así como tácticas que te enseñen a cuidar de ti mismo.

La cuestión no es dejar de ser emocional, ni de ir “encorsetado” con el afán de controlar tus emociones. El objetivo es encontrar un equilibrio que te permita sentir y, a la vez, ser capaz de tomar decisiones ante tus dudas (si es el caso de que te cuesta) o, por el contrario, que no te dejes llevar por la impulsividad.

Para cambiar, además de querer, es imprescindible saber cómo hacerlo.

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia” en junio 25, 2017

 

Tratamiento efectivo para el miedo a volar

Tratamiento efectivo para el miedo a volar

¿Cuántas personas han renunciado a coger un avión y se resignan a viajar en otros medios, reduciendo su radio de kilómetros?. Si uno se conforma con esto, no representa ningún problema en su vida, salvo el coste por ejemplo, de no poder ir a visitar a alguien significativo que ha tenido que emigrar, y no poder experimentar vivencias que nos ayudan a tener un mayor conocimiento del mundo y de la forma de vivir de otras personas.

Del veinte por ciento de la población que sufre aerofobia, una parte no se quiere resignar y le gustaría tomar un avión e ir a aquel destino que siempre ha soñado y poder compartir esos momentos con las personas significativas, o incluso poder visitar a esos familiares que se han ido a estudiar o a trabajar a otros países que cada vez son más los lejanos, así como poder optar a empleos que implican un desplazamiento.

cabina pasajeros

Pues bien, el tratamiento cognitivo-conductual en el marco de la psicología clínica, trata este problema con buenos resultados y, además, como consecuencia del desarrollo de la tecnología, se ha incorporado la realidad virtual Psious como una buena herramienta terapéutica.

El tratamiento consiste en hacer primero una evaluación para poder diseñar el tratamiento adecuado, combinando diferentes técnicas como la psicoeducación (información sobre la ansiedad y la aerofobia), reestructuración cognitiva (dirigida a identificar y modificar los pensamientos activadores de la ansiedad) y técnicas de respiración y/o mindfulness.

Es muy conveniente trabajar conjuntamente con un piloto experimentado que, además de dar información técnica sobre el avión y las principales leyes físicas, pueda aclarar las dudas y/o miedos que tiene cada uno.

Introduciendo la realidad virtual, como técnica de exposición a caballo entre la imaginación y la realidad, se reduce el tiempo de duración del tratamiento y se facilita la exposición a distintas condiciones, moduladas por el terapeuta en función de cada persona. Hay personas que antes de exponerse a las situaciones relacionadas con el viaje en avión, necesitan exponerse a las alturas. Por este motivo es básico adaptar el tratamiento y no seguir un protocolo cerrado.

Por otra parte, el poder avanzar de una forma gradual en un entorno “seguro” y controlado, promueve que la persona se active y habitúe progresivamente, ya que normalmente evita hacerlo. Esta activación relacionada con el sistema nervioso vegetativo, consiste en síntomas como el mareo, corazón acelerado, calor, etc. Por tanto, para trabajar y dar estrategias en relación a la sintomatología, también obtendremos información de qué síntomas son los más molestos para cada persona y así proceder a afrontarlos según su importancia e interferencia.

En definitiva, hoy en día se puede lograr superar esta fobia y así disfrutar de la libertad de escoger el destino de tu viaje y el medio de alcanzarlo, ocupándose y no preocupándose.

Volar, un placer con Mindfulness

Volar, un placer con Mindfulness

Hoy, subida a bordo de un A-319B con destino a Viena, no he podido resistirme a volver a disfrutar del placer que siento cuando me llevan de un lugar a otro, “por encima del bien y del mal”, como decía mi tía cuando se sentía muy feliz, hoy me siento así.

Un enorme placer, porque no he ocuparme de nada y puedo hacer lo que me venga en gana, desde luego teniendo en cuenta que el espacio, es el que es, pero más que suficiente para sentir y disfrutar. Y que mejor, sentir, que hacer. Esto lo he aprendido no hace mucho tiempo, teniendo en cuenta que ya tengo unos años por delante en este transcurrir de la vida y cada vez más intento aplicar esta filosofía de vida. Nada de pensar en que he hecho o haré. ¡Ni hablar!, voy a permitirme y a regalarme estar conmigo y con el universo.

Así que comienzo parte de mi experiencia del día, por percatarme de lo contenta que estoy de gozar una vez más de esta experiencia. Ante este sentimiento, se abre un mundo de otra dimensión… Observo la cabina de pasajeros con objetos y detalles que en otras ocasiones me pasan inadvertidos. Miro, me recreo en cada detalle y respiro. Sí, esta función fisiológica que no cesa nunca mientras vivimos, pero que casi pasa inadvertida.

Respiro profundamente…en una actitud de principiante como quien se sube por primera vez a un avión. Cada vuelo es diferente, ventana, pasillo…las personas, el cielo, el propio avión. Yo también estoy distinta, y eso me provoca ilusión. Además, algo en mí me dice que esta experiencia la puedo compartir.

El avión sigue los principios de la física aeronáutica y cada instrumento y movimiento es controlado por los pilotos. Demasiado complicado para entretenerse a pensar en ello. Volar, sentir que vuelas, eso sí que puedo aprovecharlo y es una experiencia muy particular. No obstante, puede que para algunos/as volar no sea una actividad placentera. Por este motivo, y dado que sabemos que el miedo es aprendido, deseo transmitir que es posible vivenciar el volar de una manera positiva.

A 36.000 pies de altura podemos percibir lo grandes y a la vez lo diminutos que somos. Experimentar la coexistencia de tu cuerpo y tu mente sincronizados en el presente. Como decía al principio, solamente observar, describir, sentir. Nada que juzgar, tan solo dejarte llevar… Es agotador controlar tu vida en todos los aspectos.

En cambio, centrarte en la funcionalidad, en el momento del aquí y el ahora, es rentable y eficaz, así como poder vivir relajado/a y permitirte ser feliz. Aceptar que estás aquí o allí, pero que estás y te asombras de los cientos de posibilidades que tienes para ocuparte de ti y de todo lo que te rodea en ese momento.

Ya a velocidad de crucero, mientras miro las nubes, tan espectaculares, blancas y esponjosas, llega la comida, y decido ampliar mi experiencia con nuevos sabores y olores.

fluir volando

Al volver a mirar por la ventana percibo nuevamente el sonido monótono de los motores, que pasaba completamente inadvertido mientras escribía estas líneas.

Con un escenario de cielo grisáceo más cerca del destino, pienso que igual llueve en Viena. Sin embargo, me obligo a volver al aquí y el ahora, concentrando mis sentidos en lo que veo y siento. La atmósfera es distinta, pero sigue fascinándome, porque tengo la paz que da el estar.

Un poco más tarde y con el cielo ya casi oscuro, puedo ver los Alpes a mis pies y,…sigo respirando.

Es posible reaprender a volar sin miedo. Incluso que puedas ir allá donde el corazón te lleve y quieras estar o, que te regales como yo, sentirte como una nanopartícula en el universo y al mismo tiempo inmensamente feliz.