El espacio de la pareja con hijos

El espacio de la pareja con hijos

Por regla general, los hijos son deseados y se tienen para culminar la ilusión de formar una familia. Cuando son bebés, requieren gran dedicación y esfuerzo. Paulatinamente, y a medida que van creciendo, los separamos físicamente (cambio de habitación, cuidado por parte de canguros o familiares, inicio de la guardería…), lo que implica una trasformación en nuestros hábitos y en las tareas que asume cada miembro de la pareja, necesitando el “espacio de la pareja con hijos”. Alejarnos de los hijos no significa desapegarnos, puesto que si hemos establecido un buen vínculo, ellos aprenden a separarse sin que les cause ansiedad.

Poco a poco asumimos un rol que puede o no satisfacernos. Cada casa es un mundo y en función de los valores, el poder adquisitivo, la presión familiar, la carga laboral, el número de hijos o el lugar de residencia, reajustamos nuestra vida de manera funcional.

Por supuesto que los padres y las madres organizamos nuestra vida en torno al recién nacido, pero la cuestión es que la estabilidad de la pareja se ve alterada con la llegada del primer hijo. Todo nuestro organismo está muy comprometido y focalizado en el cuidado del bebé y hay un momento en el que es conveniente empezar a desprenderse psicológicamente y adaptarse a la nueva situación para recuperar de nuevo la estabilidad de la pareja.

Para criar a los hijos de forma saludable, los cuidadores han de ser muy conscientes del esfuerzo que implica y organizar su vida de la forma más óptima para garantizar la satisfacción y el bienestar familiar. La planificación del tiempo es un elemento que va a repercutir positivamente en la relación de toda la familia. La focalización exclusiva en los hijos deteriora progresivamente la calidad de la relación de pareja.

La focalización exclusiva en los hijos deteriora progresivamente la calidad de la relación de pareja.

Paulatinamente, aquel ser minúsculo e indefenso pasa sin darnos casi cuenta a ejercer el poder, y hasta es posible que llegue la situación en la que los padres pierden los papeles y los hijos se convierten en verdaderos tiranos.

Descuidar la pareja provoca un deterioro que no sólo afecta a la pareja, sino también a los hijos. Sin darnos cuenta, les mostramos un modelo deficitario que probablemente reproducirán cuando sean adultos, pese a que reciban toda nuestra atención y cariño.

Este proceso puede alargarse y estancarse hasta que seamos conscientes, por lo tanto vale la pena implicarnos activamente en rediseñar el funcionamiento de la familia. Aunque suponga un desgaste, ha llegado el momento de poner límites y hacer hueco a la pareja.

La pareja saludable contempla tres aspectos:

La Filia, Philia phylos:  Te admiro, te cuento, comparto mis afinidades contigo y me comunico para llegar a un acuerdo en las desavenencias. Buscamos el bien de común.
El Ágape, Agápē:  Te cuido, me cuidas, nos cuidamos mediante atenciones hacia el otro.
Eros:  Atracción sexual, amor. Te deseo, me deseas, nos deseamos porque fomentamos los encuentros, sin prisas y sin interferencias.

Antes de ser pareja, recordemos que tenemos derecho a disfrutar de una buena autoestima como personas.

Sin esta brújula, nuestros ideales se pueden ir a pique. Lo que hacemos viene determinado por nuestros valores y las creencias que hemos aprendido. A menudo no nos cuestionamos la validez de estas creencias en nuestra vida como adultos, por lo que es conveniente revisarlas para conseguir lo que realmente deseamos.

intimidad

Cómo recuperar la identidad de la pareja:

  1. Buscad los puntos de encuentro que teníais antes como pareja (masajes, ir al cine, ver una serie juntos, cenas especiales…)
  2. Compaginad los roles tradicionales. El hombre aún conserva el rol de proveedor y la mujer de cuidadora. Vivir en el siglo XXI manteniendo estos patrones aumenta el estrés sobre todo en la mujer que también trabaja fuera de casa. Aprovecha el permiso de paternidad.
  3. Cuidad los espacios de intimidad (momentos para no hablar ni estar con los hijos). Al menos 10 minutos al día ó 2-3 horas a la semana. De esta manera evitaréis que pasen los años y lleguéis a desencuentros con vuestro compañero/a de viaje.
  4. Sed conscientes de que los hijos son una fuente de estrés y de cansancio. Aunque nos den satisfacción y formen parte del ideal de familia, reducen el espacio de la pareja y es nuestra responsabilidad recuperar poco a poco este espacio.
  5. Actuad como un verdadero equipo ante los hijos para educar con inteligencia emocional. Consensuad los límites y la retirada de privilegios y refuerzos que consideréis para no sentiros solos ni perdidos.
  6. Coged el calendario y mirad cómo habéis repartido el tiempo durante el último mes: para cada uno, para los dos, para los hijos, la familia, los amigos… El día sólo tiene 24 horas! Reajustad el tiempo para no perder vuestra esencia.
  7. Focalizad la atención en el deseo. Mientras nos centramos en exclusiva en los hijos y en las obligaciones, la mente erótica permanece anestesiada. Nos podemos ayudar con recursos .
  8. Ten detalles con tu pareja. Sorpréndele de vez en cuando. El factor de la reciprocidad es de vital importancia.
  9. Fomentad una comunicación constructiva y respetuosa para no alimentar el rencor y evitar los conflictos.
  10. Prevenir es la mejor manera de fomentar el bienestar, así que no esperes a que aparezca la crisis de pareja. Buscar estos espacios y momentos no es fácil puesto que si hay hijos no surgen por sí solos. A veces podemos contar con una pareja amiga que esté en la misma situación y quiera contar con ayuda mutua.

Los hijos han de interiorizar que papá y mamá necesitan su espacio y ello no implica que no se les quiera o se les desatienda en sus necesidades

Hemos crecido con un alto sentido de la eficacia, priorizamos el orden de la casa, las tareas en general o el trabajo y nos olvidamos del bienestar emocional de la pareja con hijos.

“No olvides cuidarla… por si mañana, en vez de verla, te toca imaginarla.” Gabriel García Márquez.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en octubre 25, 2017.

Los primeros meses con tu bebé

Los primeros meses con tu bebé

Durante los tres primeros meses del bebé, te enfrentas a un mundo desconocido, en el que si entras con una cierta preparación será más fácil adaptarte a los grandes cambios que experimentas.

Cada persona, dependiendo de su manera de ser, se acomoda al nuevo rol de la maternidad/paternidad de diferente manera. No es lo mismo tener el segundo o tercer hijo, en el que ya conoces los retos a los que te enfrentas, que estrenarse.

familia

Los tres primeros meses del bebé

Una vez que llegas a casa con tu bebé te pones realmente a prueba y ves de qué manera te ajustas a la nueva situación. La mujer experimenta cambios  anatómicos y fisiológicos importantes, de carácter principalmente hormonal, que la capacitan para cuidar a su bebé y al mismo tiempo la hacen más vulnerable y sensible. Se enfrenta a una etapa tranquila si la vive con el apoyo suficiente o con una carga física y mental que la supera, si no encuentra el respaldo suficiente.

“No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”. Jill Churchill

Para fomentar durante los primeros tres meses el bienestar de la madre, que repercutirá también en el bebé, es preciso ser consciente de los cambios psico-fisiológicos que aparecen y aceptarlos. El mundo de la pareja también de desestabiliza y pasa a un segundo plano. Hay un antes y un después de tener un hijo. La vida de la pareja comienza una nueva etapa de entrega, que evidentemente le restará tiempo de intimidad.

En algunas ocasiones puede aparecer la depresión postparto debido a un brusco descenso de los estrógenos y la progesterona cuyos efectos desestabilizan emocionalmente a la mujer. Si a estos factores sumamos el cansancio por la interrupción del sueño, u otros de diversa índole, como conflictos en la pareja, educación de los otros hijos, economía precaria, carencia de apoyo familiar, problemas con la lactancia, etc., la vulnerabilidad será mayor. Por todo ello os dejo unas pautas orientativas de carácter preventivo que os serán de gran ayuda.

Pautas saludables para la madre:

  • Estar informada de los cambios físicos y emocionales que vas a experimentar y buscar de forma proactiva el apoyo afectivo y social que necesitarás. Asimismo, es fundamental conocer el desarrollo del bebé y cómo establecer una crianza positiva.
  • El aumento de prolactina permite la posibilidad de amamantar al bebé, pero a veces no se gestiona un clima que potencie la continuidad. Es recomendable que ya desde el centro hospitalario o clínica en el que se ha dado a luz se respete el descanso de la madre con la complicidad de aplazar o limitar las visitas, para propiciar la lactancia y/o la intimidad.
  • No cuentes sólo con tus fuerzas, apóyate en tu pareja y en tus hijos: sois un equipo.
  • Una vez en casa, es conveniente priorizar tu recuperación y los cuidados. Aprovecha para dar una cabezada mientras el bebé duerme, en lugar de centrarte en el orden o en las tareas.
  • Permítete no sentirte tan feliz ni estar tan espléndida ante el nuevo reto de la maternidad. Aunque hayas decidido ser madre y tu hijo te llene enormemente, pierdes una parte de ti. Dejas de ser independiente, no puedes organizar tu tiempo como quieres y aumentan la responsabilidad y la dedicación, con todo lo que implica. Por tanto, no te juzgues si te sientes desanimada.
  • En el caso de que ya tengas uno o más hijos, ya sabes de qué va, pero no sobrestimes tus fuerzas ni te centres en cuidar a los demás, olvidándote de ti.
    Filtra los comentarios de los familiares sobre los modos de hacer. Cada uno ha vivido sus propias experiencias de un modo diferente y en otro tiempo, por lo que sigue las pautas que te recomienda tu pediatra.

Pautas saludables para el padre:

  • Comprende que tu pareja, madre en mayúscula en esta etapa, puede sentir ambivalencia en su estado de ánimo: alegría y satisfacción, alternadas con desánimo y ansiedad.
  • Sé cómplice en el caso de la lactancia materna. Sé consciente de la unión que se da entre madre-hijo y propicia un buen clima emocional que beneficiará a toda la familia.
  • Comparte las tareas y el cuidado del bebé en la medida en que sea posible. No te excluyas e involúcrate cada vez más a medida que van pasando los meses.

Pautas saludables para la pareja:

hermanitos

  • Pensad y consensuad el estilo de crianza que queréis para actuar con coherencia y constancia.
  • Organizad con tiempo las tareas y realizad un planning para su repartición. Si tenéis más hijos, podéis involucrarles según sus edades, siguiendo la inspiración Montessori. ¡Cuántas veces oigo en la consulta que las madres se ocupan de casi o de todas las tareas que deben asumir los hijos desde edades bien tempranas!
  • Atended a los demás hijos en relación con los celos y conductas regresivas .

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en octubre 24, 2017.

Adictos al móvil

Adictos al móvil

Los tiempos han cambiado y los hábitos también. La tecnología ha irrumpido en nuestras vidas, ocasionando un gran impacto en la conducta de todos los miembros de la familia y muchos adultos y niños son adictos al móvil. A partir de los 14 años, nueve de cada 10 niños dispone de teléfono móvil  y la edad de inicio cada vez es más temprana, según datos publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Se observa también un cambio radical en la manera de entretener a los niños. Si antes se utilizaba papel y colores para distraer a los más pequeños en lugares públicos, el objeto distractor es ahora el móvil o la tableta de última generación de los padres, donde ven dibujos, canales de populares youtubers o escuchan música.

¿Quién no ha presenciado una comida o cena en la que los niños están conectados y no interactúan con los demás? No voy a condenar la conducta de los adultos, porque a veces simplemente no podemos más y necesitamos un espacio de “no cuidar” para relacionarnos con otros adultos. Sin embargo, cuando se trata de un hábito frecuente, debemos tomar conciencia de que les estamos privando del aprendizaje de la espera con paciencia, la observación del entorno, o la interacción con los demás, por citar algunos ejemplos.

Sabemos que nuestra manera de relacionarnos con las cosas y sobre todo con la tecnología es clave para dar ejemplo. Aún así, priorizamos contestar un Whatsapp o un correo, llamar a algún familiar o amigo cuando estamos en espera e, incluso, mientras caminamos con nuestros hijos.

La manera en que cada uno utiliza su tiempo es una opción libre. Sin embargo, las acciones que repetimos sin ser conscientes se convierten en hábitos y este uso compulsivo del móvil ocasiona un alto impacto y coste emocional que desconocemos.

Niños y adultos usan el teléfono de forma compulsiva, por lo que se podrían consideran adictos al móvil.

¿Por qué nos podemos arrepentir? Nos parece que el tiempo es infinito de forma inconsciente y que son urgentes cuestiones que podrían esperar minutos, horas o días. Los hijos crecen en un santiamén y no podemos volver atrás en el tiempo. Sin darnos cuenta, no valoramos ese rato que los acompañamos al parque, a la escuela, o vamos de recados con ellos. Ese momento es único y puede ser una buena ocasión para enseñarles a estar presentes en el aquí y el ahora. Una práctica que siendo adultos nos cuesta aprender si no hemos sido entrenados antes.

Entonces, ¿qué podemos cambiar para romper el hábito del uso compulsivo de los móviles?

En primer lugar, se trata de preguntarnos si queremos o no cambiar este hábito. Si no encontramos una o varias razones poderosas no lo haremos y seguiremos actuando de la misma forma. Si valoras la calidad de la relación con tus hijos, la manera de gestionar tu tiempo y tu relación con el móvil y todo lo que comporta (ventanas abiertas a lo que no está físicamente presente), cambiar este hábito te hará más libre y educarás de una manera más fácil, efectiva y afectiva.

En España hay escuelas que prohíben el uso del móvil en clase, e incluso en el recreo. Otros colegios,  mayoritariamente privados, han dado la vuelta a la situación y utilizan móviles y otros dispositivos con fines educativos. Es decisión de los padres escoger qué tipo de escuela y de pedagogía desean para sus hijos.

 

¿Te has preguntado por qué los hijos de los gigantes de la tecnología en Silicon Valley usan pizarras, papel, lápices y libros en las aulas, y hasta los 13 años no se les permite el contacto con la informática? También en otros lugares como Acorn School de Londres, y Gloucestershire, pionera en la enseñanza no tech, evitan la tecnología hasta los 12 años.

Existe controversia alrededor de permitir o no el contacto de los niños con los nuevos artilugios. Expertos como el neuropsicólogo Álvaro Bilbao,consideran que perjudica el desarrollo si se usan antes de los 6 años y el juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, pide que no se permita su uso en los centros escolares.

Entonces y siendo una realidad imparable tendríamos que encontrar un equilibrio entre el avance de la tecnología, la calidad de vida que nos aporta y el momento de introducir este elemento en la cotidianidad de nuestros hijos.

En mi opinión, el uso responsable del móvil, y/o tableta, para los adultos, consiste en tomar conciencia, decidir y actuar conforme a lo que has pensado.

No hay que renunciar a las nuevas tecnologías, sino vivir el presente y mirar hacia adelante, subordinando todos los elementos a nuestro servicio.

PARA QUÉ:

Pregúntate el motivo por el que lo vas a usar. Por supuesto hay quien concibe que si el motivo es laboral es lícito usarlo continuamente. Nada más lejos del uso responsable o, mejor dicho, saludable. Aprende investigando las ventajas que tienes de tu móvil y optimiza el tenerlo. Avisos de seguridad, organización de tareas, recordatorios, etc. Normalmente los móviles dan muchas opciones que son muy útiles y que desconocemos ya que no viene con estas indicaciones.
Excepciones como las videoconferencias o llamadas por el Whatsapp, por motivos de distancia, facilitan la relación con la familia en estos días en los que nuestros hijos desgraciadamente han tenido que emigrar. Para nada tienen efectos negativos en los más pequeños, en el momento en que son capaces de reconocer a las personas. Por el contrario, favorecen los lazos afectivos y el vínculo con la familia.

videoconferencia

CUÁNDO:

Escoge en qué momentos y situaciones usarás tu smartphone. Aunque te parezca obvio, por la calle no te lo recomiendo, puesto que la atención es crucial para evitar ser sorprendido por cualquier cosa. Si vas con tus hijos u otros niños, les estás enseñando la importancia de implicarse de forma activa en cada momento. Supongo que no querrás que sean como maletas llevadas de un lado a otro sin enterarse, o que vayan distraídos.
En los restaurantes, y si vas con niños de la misma edad, es muy positivo que puedan hablar y dejen la tableta y/o los móviles para otro momento. Ni qué decir si se trata de niños pequeños y/o bebés y lo usas para que coman.
En casa, poned normas consensuadas y comunicad a vuestros hijos los momentos y lugares que hayáis estipulado para conectarse. La idea es que los capitanes de la familia enseñen con sus buenas prácticas. Cada etapa evolutiva es distinta y cada hijo/a también. Por tanto, es recomendable variar las pautas con el objetivo de que adquieran ese uso responsable y saludable en el momento adecuado. Acompañadles en el inicio a Internet siguiendo las recomendaciones de la Guía para un uso seguro y responsable de Internet por los menores Itinerario de mediación, del Instituto Nacional de Ciberseguridad de España.
Escoge una zona o habitación para depositar los móviles y cargarlos. Por la noche es aconsejable apagar el Wi-Fi y que los niños lo sepan. De esta manera, matamos dos pájaros de un tiro. Por una parte, evitamos la posible radiación electromagnética y la luz azul de las pantallas que afecta a su sueño y, por otra, estamos seguros de que no se conectan, sobre todo los adolescentes.

CON QUIÉN:

Si estás solo/a, fíjate cuántas veces estás pendiente del móvil mientras haces otras cosas. Toma conciencia de ello. Si trabajas con él márcate el tiempo.
Si vas acompañado (hijos, amigos, colegas de trabajo…). es preferible dejarlo apartado y en silencio a no ser que estés esperando alguna llamada o notificación urgente y/o necesaria. Mientras esperas en algún sitio, con los niños, es mejor que les enseñes a observar el entorno, las personas, y el propio lugar. Así los entrenas en la percepción de la situación y a no utilizar el móvil de forma compulsiva, tolerando y desarrollando la capacidad de espera.
Estando en casa, si dejas que los menores dispongan del móvil o la tableta con acceso a Internet es como si les dejaras ir con cualquiera y en cualquier lugar. Aunque de forma virtual, es real la interacción con otras personas. Por tanto, usa el control parental en todos los dispositivos que manejen si ya has decidido que están preparados. Recuerda que no pueden tener un perfil en las redes si son menores de 14 años. Con estas precauciones contribuimos en la prevención del ciberbullying.

CUÁNTO TIEMPO:

Evidentemente, la conciencia del tiempo te indica que tú decides libremente y que no eres adicto o esclavo del móvil y lo que comporta.
Con estas buenas prácticas tratamos de fomentar la atención en una tarea, la observación y la percepción del entorno y una buena interacción afectiva, tanto para nosotros como para nuestros hijos.
No hay que renunciar a las nuevas tecnologías, sino vivir el presente y mirar hacia adelante, subordinando todos los elementos a nuestro servicio.

“Nada es veneno, todo es veneno. La diferencia está en la dosis”. Paracelso

Referencias:

Guía para un uso seguro y responsable de Internet por los menores _Itinerario de mediación parental publicado por INCIBE y Menores OSI

Portales de interés:

Oficina de seguridad del internauta https://www.osi.es/

Instituto Nacional de Ciberseguridad de España https://www.incibe.es/  y para menores de edad, Internet Segura for Kids  https://www.is4k.es/

http://mossos.gencat.cat/ca/temes/joves/Navega-i-utilitza-les-aplicacions-amb-seguretat/

https://www.policia.es/consejos/internet.html

https://www.betterinternetforkids.eu/web/positiveonlinecontent/home

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en octubre, 24, 2017

Crisis de pareja: Claves para superarla

Crisis de pareja: Claves para superarla

Para entender tus relaciones de pareja deberías remontarte a los vínculos que tenías en la infancia, en los que primordialmente necesitabas seguridad y amor. Estos primeros lazos de apego con las personas más significativas condicionan tu modo de relacionarte a nivel afectivo tanto con tu pareja actual como con las anteriores.

Es evidente que al inicio de cualquier relación no podemos hablar de crisis, sino de etapa de adaptación y conocimiento en la que predomina una comunicación fluida y positiva, en la que puede existir alguna discusión o conflicto, pues somos distintos y venimos de mundos diferentes.

Pasada la primera etapa de enamoramiento, comienzan a molestar aspectos, características y/o conductas que pueden generar tensión en los miembros de la pareja. De esta manera tan insidiosa se puede instaurar una interacción predominantemente negativa y establecerse un patrón destructivo.

Sin embargo, aunque cueste, y con independencia de la duración de la pareja, es determinante buscar un punto de vista constructivo y positivo que concilie la manera de ser de ambas personas.

reflexiones en pareja

La clave para superar las crisis que aparecen a lo largo de la relación de pareja es aprovechar las circunstancias de desencuentro para verlas como una oportunidad de crecimiento, en lugar de vivirlas como una amenaza. Para ello, la actitud que adoptes es de vital importancia, al margen de poder sentir cualquier emoción negativa, legítima y humana.

“Las crisis te alertan de la necesidad de un cambio y pueden ser una oportunidad de crecimiento si las aprovechas”

Con una buena actitud, puedes:

  1. Sustituir la rigidez y la intolerancia por la flexibilidad. Trata de no focalizarte en lo que no te gusta del otro. El “nosotros” implica concesiones mutuas, sin anularse.
  2. “Pillar” a tu pareja cuando muestre conductas que te gustan y hacérselo saber. Los cumplidos sinceros han de estar presentes en la pareja.
  3. Fortalecer el “nosotros”, usando los refuerzos y no el esfuerzo.
  4. Responsabilizarte de tus emociones negativas y dejar de culpabilizar al otro. Lo que sucede entre dos personas no depende solamente de una.
  5. Relativizar y minimizar las situaciones de conflicto, siempre y cuando no se atente contra los derechos humanos.
  6. Reflexionar sobre cómo sería tu vida sin la otra persona definitivamente.
  7. No abandonar las relaciones sexuales. A menos sexo, menos ganas. El rencor bloquea el disfrute, por lo que es preciso romper consciente e intencionadamente el círculo vicioso.

Si decides finalizar la relación para huir de la crisis, estás en tu derecho, pero es muy probable que estés postergando tu crecimiento y retrasando el camino hacia la madurez. Muy distinto es si ya no compartes valores, proyectos, o se produce un desfase muy grande en la evolución de los dos.

No existe el estado ideal, ya sea con pareja o sin pareja, así que aprendemos de la convivencia si nos focalizamos en nuestra seguridad y madurez personal. Empieza a quererte y a querer un nosotros, producto de dos personas cada vez menos inmaduras y/o menos rígidas que caminan hacia la seguridad personal, consolidando al mismo tiempo la relación de pareja.

“La inmadurez personal impide un nosotros saludable, lo mismo que el exceso de rigidez y exigencia”.

Como ves, no sólo no hay recetas “mágicas” para evitar las crisis en la pareja, sino que son incluso deseables, porque sin ellas no hay cambio ni evolución.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en septiembre 30, de 2017

Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

nuevas familias

Los tiempos han cambiado y las familias no son una excepción. Hemos pasado del “contigo para toda la vida” a “me voy porque esto no funciona”. En estas circunstancias, los protagonistas son los adultos, aunque los actores de segundo orden son los hijos, quienes han de adaptarse a cambios ajenos a ellos y a su nueva situación. Por este motivo, es recomendable que padres y madres (padrastros y madrastras) gestionen de la mejor manera esta nueva etapa, favorezcan la propia adaptación y ofrezcan un modelo de familia que proporcione estabilidad y bienestar.

Se considera familia reconstituida cuando existe una pareja con al menos un hijo de una relación anterior, excluyendo las que no tienen ningún hijo.

¿Qué diferencia la familia reconstituida de la tradicional?

  • Los límites. En las familias convencionales, las fronteras son biológicas y las condiciones de ser miembro o no están muy bien definidas.  En el caso de las familias reconstituidas, existen dos hogares y los límites no se tienen tan claros.
  • El tiempo en asimilar los cambios suele ser más corto y no sigue las mismas etapas que en la familia convencional (noviazgo, emparejamiento, primer hijo…) El orden de existencia de los hijos es anterior a la constitución de la pareja, dificultando el proceso de adaptación.
  • El tipo de pérdida. En el caso de divorcio o separación, la pérdida se asimila peor que en el caso de la muerte, en el que el duelo se acompaña mediante rituales y apoyo familiar. En las familias reconstituidas puede producirse rechazo, incluso, por parte de los familiares de uno o de ambos miembros de la pareja.
  • Más personas involucradas. Existen al menos tres adultos responsables, o cuatro por lo general. Por tanto, se genera interferencia y/o confusión en los hijos con relación a quién han de hacer caso, si no se determinan con claridad los roles de los nuevos miembros.
  • La casa y la economía. En las familias reconstituidas, a veces se vive en la antigua vivienda de uno de los dos, a diferencia de los hogares tradicionales. También el sistema económico no cuenta en principio con un fondo común.

El éxito de la relación de pareja en este marco dependerá en gran medida de la felicidad de los hijos en la nueva familia y la felicidad de ellos vendrá definida por la buena gestión de la pareja

Pautas para promover la adaptación de los hijos en la familia reconstituida:

  • Ponerse de acuerdo en relación con el lugar de residencia y las finanzas. Es recomendable que sea una vivienda escogida de común acuerdo por los dos. Compartir la economía a partir de la nueva situación genera una mayor satisfacción, respetando lo anterior a la unión y siendo revisable en función de cada caso y necesidades.

 

  • Resolver la pérdida de la relación anterior. Los hijos pasan a ver menos al padre o la madre que no vive con ellos, por lo que, aunque no puedan ni sepan manifestar su añoranza, tendremos que considerar que afectará al estado de ánimo de los hijos y a su conducta.

 

  • Pactar el tiempo para los propios hijos/as. Para que éstos no se sientan abandonados en el plano afectivo, es muy positivo dedicar un tiempo exclusivo a ellos, además del compartido en familia.

 

  • Mantener el espacio. La pareja ha de contar con momentos para establecer una comunicación constructiva, no solamente por la noche cuando todos duermen. Buscad, por ejemplo, una tarde para encontraros sin niños; un fin de semana, si se puede…

 

  • Tratar a todos los hijos con equidad. Teniendo en cuenta las edades, establecer las mismas normas para todos. Evitar decir “tu hijo…”, y procurar llamarle por su nombre, describiendo la conducta. Por ejemplo, “Esta mañana, Tomás no me ha contestado cuando le he dado los buenos días”. Evidentemente, Tomás seguramente está pasando por esta etapa de asimilación y tendrá un humor detestable en más de una ocasión. Por tanto, no hay que tomar esta actitud como algo personal ni etiquetar al hijastro.

 

  • Definir el nuevo papel del padrastro o madrastra y los roles. Según la edad, resultará más o menos fácil. Los más pequeños suelen adaptarse mejor que en la pre o adolescencia. Éstos se rebelan a menudo ante la nueva figura del “padrastro” o “madrastra”, por lo que, si en algo se ha de pecar, será en la tolerancia. Demasiada exigencia podrá provocar rechazo y resentimiento en el adolescente. Si esto ocurre, se resentirá también la relación de pareja, ya que el padre o la madre del hijo/a “rebelde” sufrirá por la situación. Para ayudar a establecer el vínculo, la relación con los hijastros ha de mantenerse en un nivel lúdico al principio, ir cogiendo confianza poco a poco y abstenerse de ejercer la autoridad. Mientras tanto, es preferible que la personas que dictaminen las normas y la disciplina sean el padre o la madre biológicos.

 

  • Reformular las pautas y normas de educación. Encontrar un equilibrio entre la manera de educar de uno y del otro. Pactar tanto lo que no se admite, como lo que queramos potenciar, aplicando refuerzos establecidos previamente.

 

  • Evitar comentarios negativos del ex o de la ex. Los hijos deben estar informados sobre los horarios y visitas que les atañe. Toda comunicación que no sea constructiva perjudica su autoestima, le provoca inseguridad e inestabilidad emocional y, en muchas ocasiones, le genera un deber, que no le corresponde, de defender al progenitor que considere más débil y vulnerable.

 

  • Los padres biológicos son los que toman las decisiones importantes en la vida de sus hijos.

 

  • Mucha paciencia, tolerancia y diálogo. No esperar a tenerlo todo estable en un año ni en dos. Dependiendo del número de miembros de la nueva familia, las edades, vuestra situación emocional y demás condiciones ambientales, va a suponer un proceso en el que no todas las familias reconstituidas sobreviven. No se trata de exigir situaciones justas y racionales, sino de fomentar cuanto antes la adaptación al nuevo hogar mediante el aprendizaje por ensayo y error. Por eso, la tolerancia, la paciencia y la comunicación sin exigencia son buenos aliados para conseguir un clima de cooperación.

 

familia feliz

Las directrices generales señaladas en todo caso se han de ajustar a las necesidades de cada nueva familia en particular para ofrecer las herramientas más adecuadas.

Evidentemente y como en todas las familias, sean éstas tradicionales o reconstituidas, educar con parentalidad positiva fomenta el desarrollo y el bienestar emocional de los niños/as, para que en este microsistema puedan crecer y madurar de forma saludable.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia“, en octubre 2, de 2017

 

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

Uno de los pilares de la felicidad, la salud y el bienestar de las personas es la autoestima y, pese a que se viene hablando mucho sobre este tema en las últimas décadas, lo cierto es que gran parte de los niños y adolescentes carecen de ella. Ante este hecho, me pregunto si los adultos consideramos relevante y prioritario potenciar la autoestima en los niños, por desconocimiento o porque no consideramos el impacto negativo de su ausencia en el desarrollo integral de los niños.

Si fomentar hábitos de higiene y buen comportamiento en nuestros hijos es fundamental, no menos importante es que adquieran, en base a su temperamento, un carácter decidido, curioso, flexible, adaptable; aumenten la seguridad en sí mismos y se sientan cómodos en las relaciones sociales.

Solemos dar más valor a lo que no tiene valor para ser felices

La autoestima es un concepto muy amplio en el que intervienen diversos factores:

  • De qué manera se reconoce el niño físicamente (autoimagen)
  • Si se siente querido y valorado en su hogar (seguridad afectiva)
  • Qué piensa de sí mismo y cómo le perciben los demás (autoconcepto)
  • La capacidad de recompensarse y realizar actividades placenteras (autorrefuerzo)
  • Las aptitudes que cree poseer para conseguir lo que se propone (autoeficacia)

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida, especialmente en el terreno afectivo y social, y podrá ocasionarle problemas y/o trastornos psicológicos.

Indicadores de un déficit de autoestima:

– Autoexigencia y tendencia al perfeccionismo.

– Miedo excesivo a cometer errores.

– Sensibilidad a las críticas de otros y actitud crítica consigo mismo.

– Sentimientos de vacío y tristeza.

– Dificultad para tomar decisiones cotidianas.

– Retraimiento y dificultad para entablar relaciones sociales.

– Necesidad de llamar la atención.

Factores determinantes:

. Los modelos permisivos en exceso o los modelos exigentes propician no aceptarse. Los primeros contactos se producen primero en la familia y posteriormente en la guardería y en la escuela. Estos agentes influyen en la visión que el niño va adquiriendo. Dependiendo de las frases y de los comentarios de quienes nos educan (padres, madres y docentes), el niño tendrá una percepción negativa o positiva de sí mismo. Los mensajes se graban y se transforman en el diálogo interior del niño, que será el motor de su manera de funcionar.

. Las experiencias en las interacciones sociales irán afianzando la autoestima del niño o, por el contrario, minando su seguridad.

. La autoestima no se mantiene igual a lo largo del tiempo. La adolescencia es la etapa en la que hay mayor déficit, debido principalmente a la transformación de sus cuerpos y a la consciencia de la importancia que otorga la sociedad actual a la imagen y el éxito.

6 estrategias para fomentar la autoestima de tus hijos:

felicidad

  1. Sé consciente de las cualidades de tu hijo. Puedes apuntarlos a medida que descubres sus puntos fuertes. Solemos focalizar la atención en lo que hacen mal, por tanto, hay que dar un giro de 360º a nuestra atención. Estas cualidades las utilizaremos para reforzarle: “Patinas muy bien”, “has preparado la mesa con esmero”, “tienes muchos amigos”, etc.

     Si no se siente aceptado y valorado, el niño no se quiere

  2. Rompe el círculo vicioso. Si estamos dolidos por su comportamiento, es importante que nuestra actitud sea la de querer encontrar algo positivo en él. El adulto es el responsable de romper ese círculo. Por ejemplo, en el momento en que sonríe, o se divierte jugando o entretenido en sus cosas, podemos decirle: “Me alegra verte contento”.

               El juicio que más les duele es el nuestro, porque es el que aprenderán a tener de sí mismos

  3. Dale mensajes positivos realistas en proporción a su conducta. Con frecuencia ponemos etiquetas negativas, cuando los mensajes se han de adecuar a cada momento y en relación a la conducta: “Me gusta cuando estás tranquilo jugando”, en lugar de “Eres incapaz de estar tranquilo”.
  4. Valida su opinión y sus sentimientos. Cuando hable, no descalifiques su opinión por muy descabellada que nte parezca. Acepta su aportación y comenta la tuya desde tu derecho a opinar: “Yo lo veo distinto, ya que…”,“Me parece que…”
  5. Proporcionar dedicación completa en algún momento del día no es lo mismo que permanecer en la misma casa o habitación. Si no puedes, escúchale activa o aprovecha algún comentario para prestarle la máxima atención, sin hacer nada más. Por ejemplo: Paula, ven y leeremos un cuento juntos; Eric, ¿quieres jugar conmigo a cartas?, o, ¿Qué te parece si mañana vamos en bici?”
  6. Habla bien de tu hijo y si comentas algún comportamiento negativo suyo, no lo hagas delante de él, porque las críticas en público son devastadoras. Por el contrario, habla de sus logros cuando esté delante. Por ejemplo: “Marta está aprendiendo a comer sola”, o, “Jorge es capaz de estudiar durante más tiempo en su habitación.”

Valora sus esfuerzos y a corto plazo notarás un cambio en su comportamiento y en sus emociones

Estas son algunas pautas para fomentar una buena autoestima en tus hijos, que han de adaptarse al niño y a la edad. No olvidemos que los padres somos modelos de nuestros hijos y nuestro comportamiento en casa y en la sociedad les sirve de referente. Por tanto, para ayudarles, sería conveniente revisar cómo anda nuestra autoestima y empeñarnos en mejorarla si aún consideramos que hay algún déficit. Todo ello siempre y cuando tengamos la suficiente motivación y creamos que obtendremos un beneficio para nosotros y, por ende, para nuestros hijos

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en septiembre 14, 2017

Septiembre: ¿Sigues con lo mismo?

Septiembre: ¿Sigues con lo mismo?

objetivos

En estas fechas, abundan los post que nos animan a emprender la rutina del nuevo curso con energía, dando por supuesto que finaliza lo bueno y comienza lo arduo. Nada más lejos de mi intención. Cada uno sabe cómo ha pasado el verano y no me atrevo a generalizar. Tras las vacaciones, lo cierto es que los niños por fin regresan al colegio y de nuevo tenemos que cargar las pilas, para enfrentarnos a muchos momentos de estrés y de presión, sea cual sea nuestra actividad y no caer ni en la desorientación personal ni en el postergar nuestro bienestar.

Tanto si eres trabajador/a por cuenta ajena, como empresario/a o autónomo/a, o estás en situación “disponible” (no me gusta el término “parado”), hoy es un buen momento para afilar la sierra y, enfocarte en lo que deseas. Digo “deseas”, no “necesitas”, porque desear y no necesitar es muy recomendable. La razón es que cuando deseas, encargas que pueda hacerse realidad esa ilusión, idea u objetivo y facilitas considerablemente las oportunidades.

De la idea a la realización, existe el peligro de la procrastrinación, o el “ya lo haré”, de modo que para ser realmente efectivo/a, no te impongas un objetivo que no te sirva para crecer como persona y ser feliz. Focalízate en lo que te gusta y sea viable, no en un sueño irrealizable que no se ajuste a ti. No te sientas culpable si no has logrado tu propósito; en todo caso, asume la responsabilidad y planifica bien la estrategia.

Es clave atender nuestras emociones y observar todo lo que nos afecta en el presente para determinar qué deseamos eliminar, modificar o aumentar, para alcanzar nuestros objetivos

Estrategias para enfocar tus ilusiones:

  1. Tómate un tiempo para estar solo/a. No hace falta mucho. No se trata de cantidad de minutos u horas. Quizás necesites algunos momentos distribuidos en varios días en los que no te distraigas con otras actividades que requieran concentración o atención.
  2. Graba o apunta tus deseos u objetivos de la forma que te resulte más cómoda (móvil, papel, ordenador…). Hazlo a modo de tormenta de ideas, no importa si te parecen absurdos o inalcanzables. Puedes mezclar objetivos, ideas, deseos de todo tipo. Éstos han de ser específicos, cuantificables y concretos (por ejemplo: mejorar la relación con mis padres, visitándolos “x”  veces al mes/semana; ser más asertivo con  una persona, aprendiendo a decirle que no; practicar un deporte o hacer esa actividad en concreto, fijando día y hora; pasar más tiempo con mi pareja, sin los niños, determinando fechas concretas… Para conseguirlo, estableceremos metas o planes de acción.
  3. Clasifícalos. Cuando detectes y hayas observado estos deseos, date un momento para ordenarlos. Se trata de realizar un primer esbozo y separarlos en tres categorías principales: Formación, Trabajo/profesión, y Personal.
  • En el apartado de Formación pondremos lo necesario para conseguir nuestras metas profesionales. (Estudios, aprendizajes y competencias necesarios de todo tipo, por ejemplo, desde un curso de cocina hasta un doctorado)

 

  • En el de Trabajo o profesional anotaremos la situación laboral en la que estamos y en la que nos gustaría vernos a medio y largo plazo, desde los puestos o roles intermedios hasta llegar a lo que queremos en un futuro a largo plazo.

 

  • En el plano Personal empezaremos por nosotros. Contemplaremos todo aquello que deseamos y que está relacionado con nuestra autoestima, hábitos saludables, actividades o refuerzos que nos son agradables y queremos (por ejemplo: practicar un determinado deporte, aprender un idioma, permitirnos descansar alguna hora del día, etc.). Tendremos en cuenta también si debemos mejorar aspectos relacionados con nuestra manera de ser o funcionar, habilidades sociales, asertividad, control de la ira y si éstos favorecen o no la consecución de nuestros objetivos. Seguiremos por nuestra relación con las personas más significativas en el orden que prefiramos y lo que queremos mejorar con relación a éstas. Incluiremos las personas con quienes nos relacionamos (por ejemplo: defender nuestros derechos ante un vecino, colaboradores de trabajo/curso, etc.). En definitiva, todo aquello que nos enriquece y nos aporta satisfacción.

 

satisfaccion

Para hacer realidad nuestros sueños hemos de pensar, sentir y llevar a cabo acciones planificadas con método

  1. Sepáralos en 3 etapas o plazos (corto, medio y largo plazo). Hay objetivos que requieren una preparación, un momento adecuado y reunir una serie de condiciones (por ejemplo, para alquilar un apartamento o comprarte un coche)

Cuantificar los objetivos en plazos nos permite comprobar si los vamos cumpliendo o no, si la estrategia ha contribuido a conseguirlos o es preciso cambiarla; o si hay que modificar el objetivo. Estos plazos varían de una persona a otra.

  • Corto plazo: Puede ir desde unos días o meses hasta un año. No es conveniente que sea superior.
  • Medio plazo: Desde algunos meses posteriores al corto plazo hasta algunos años.
  • Largo plazo: Cómo nos gustaría vernos en el futuro. Son nuestros sueños e ideales, probablemente los más importantes y complejos, que implican grandes decisiones y un trabajo previo. No es preciso ser muy concreto, pero sí aproximarse en la medida de lo posible.
  1. Introdúcelo en un registro. Ve pasando lo que tenías apuntado al registro que verás a continuación. No es necesario que lo hagas todo en un día. No tengas prisa. Es tu modo de vivir lo que está en juego, por lo que no escatimes en dedicarle el tiempo que necesites.
  2. Planifica una estrategia para los objetivos a corto plazo. Atiende lo más urgente y necesario que te permita llegar a los demás objetivos de medio y largo plazo. ¿Cómo lo haré?, ¿cuándo?, ¿sólo yo, o hay alguien más implicado? Planifica fecha y días. Anótalo en tu agenda y cuando lo hayas hecho, refuérzate con algo que te guste.
  3. Tenlo a mano para añadir, modificar, refocalizar y revisar lo que vas consiguiendo.

Te sorprenderá comprobar que, una vez escritos, interiorizados y adecuados a objetivos realistas que dependen del empeño y el esfuerzo, tus sueños suceden de forma casi mágica

rumbo

Siempre estás a tiempo de enfocarte. Si te pones excusas, quizás tengas miedo al fracaso por alguna experiencia anterior, o te sientas inferior por tener personas que consideras brillantes a tu alrededor.

Cada uno de nosotros tiene puntos fuertes que ha de reconocer para potenciarlos. Es conveniente empeñarnos en algo que nos realmente nos apasione y se adecue a nuestra personalidad, competencias, capacidades y aptitudes. Puedes elegir cuándo empiezas, sólo tú eres el protagonista de tu historia.

“Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos” (José Ortega y Gasset)

 

 

 

El momento para ir al psicólogo/a

El momento para ir al psicólogo/a

El ser humano piensa en exceso cómo combatir aquello que nos molesta y nos desequilibra, pudiendo entrar en un bucle de pensamientos negativos que nos puede llevar en cascada a una crisis existencial y a un verdadero sufrimiento.

Pasamos mucho tiempo analizando, juzgando, rumiando, comparando… y no nos sirve para ser felices. De hecho, si entramos en este círculo mental, nuestro estado físico se resiente y pueden aparecer dolencias.

 

El tiempo que empleamos en analizar, rumiar, y preocuparnos por los problemas, no nos sirve para ser felices

 

Hasta hace muy poco, ir a un psicólogo se relacionaba con tener un trastorno mental, por lo que había mucha reticencia a ir, y mucha más a comunicar que se estaba en tratamiento.

 

No obstante, el psicólogo clínico y/o sanitario, también te puede ayudar a mejorar la calidad emocional de tu vida. Los problemas que se nos hacen una montaña, pueden propiciar la inestabilidad y por tanto la infelicidad.

 

No hace falta tener un trastorno mental, tan solo es una decisión que implica detectar y aceptar que no nos sentimos bien, a pesar de que ya hemos intentado previamente buscar soluciones.

 

Todas las personas, pasamos por épocas complicadas que se nos hacen una montaña

 

Normalmente priorizamos el trabajo, el dinero, etc. y si lo demás va bien, olvidamos que hay que seguir ocupándonos de ello, aunque ya forme parte de los objetivos conseguidos (tener pareja, hijos, vivienda, amigos…). Por tanto, en algunas épocas

 te puedes asesorar para:

  • Saber los ingredientes de éxito en una pareja
  • Cuáles son las claves de una educación integral de los hijos/as
  • Cómo ser más asertivo y tener éxito en las relaciones sociales
  • Conocer cómo va tu autoestima y mejorarla
  • Querer tener un mayor liderazgo en tu equipo
  • Plantearte nuevos objetivos y tomar decisiones acertadas para tu salud y bienestar

Y por supuesto también:

  • Cuando nuestro estado de ánimo depresivo, ansioso, etc., está afectando e interfiriendo negativamente nuestra vida diaria
  • Si cambiamos de humor frecuentemente, teniendo altibajos, con o sin motivo
  • Si ya hemos intentado cambiar algún aspecto de nosotros y no lo hemos conseguido
  • Cuando hacemos cosas sin saber bien por qué y lo hacemos de forma automática e impulsiva

 

¿Para qué?

 

  • Para entender qué es lo que causa nuestro malestar
  • Aprender estrategias de afrontamiento
  • Tener un mayor conocimiento de nosotros mismos
  • Gestionar nuestras emociones, pensamientos y conductas
  • Aceptar lo que no podemos cambiar

 

 confianza

El psicólogo, por una parte, te hace de guía para que conozcas cómo estás funcionado en la actualidad, y comprender el porqué, y por otra, te dará las herramientas necesarias para gestionar mejor tus emociones y que aprendas a hacerlo sin la necesidad del terapeuta.

 

La autoestima es un factor clave para esta gestión. Así la manera en que te valoras y te quieres, repercutirá sin duda en tus decisiones, prioridades y relaciones con los demás en cualquier ámbito. Por este motivo, es conveniente integrar en los tratamientos este concepto y conectar con la repercusión que tiene una buena autoestima en el día a día, tanto en la manera de verte como de relacionarte con los demás.

 

Evidentemente hay personas en nuestras vidas que son muy válidas para enseñarnos y ayudarnos a crecer, pero si no hemos tenido la suerte de contar con algunas de ellas en el transcurso del tiempo, probablemente necesitaremos ocuparnos de aspectos que no hemos desarrollado o los hayamos aprendido de forma disfuncional, para poder llegar a gozar del bienestar emocional. Es entonces cuando el profesional más adecuado es el de la psicología y concretamente el que trabaja en el ámbito de la psicología clínica.

 

Es importante que en el momento en que te decidas, compruebes que tiene suficientes conocimientos y experiencia para poder desempeñar el papel de terapeuta con todas las garantías que te mereces.

 

Instantánea de una pareja tóxica

Instantánea de una pareja tóxica

No paras de mirar el móvil para ver si te ha llamado o te ha mandado un whatsApp. Piensas constantemente en él/ella, te sientes eufórico y tu vida tiene sentido desde que le conoces. ¡Estás enamorado!

Pero no todo lo que reluce es oro, porque a veces sufres. Lo pasas mal porque en ocasiones reacciona de modo incomprensible. Le pillas controlando tu móvil, critica la ropa que llevas puesta, te contesta mal… Te enfadas. Reacciona con violencia, te insulta. Cada uno tira por su lado. Y al día siguiente, se pone en contacto contigo como si no pasara nada, con una actitud cariñosa que te descoloca, olvidas el suceso y ¡volvéis a a empezar hasta la próxima!

Aunque todos somos capaces de reproducir esta instantánea en un momento dado, entrar en una dinámica agresiva, mostrar celos o ser víctima de ellos sin motivo justificado, o recibir un trato de menosprecio son señales inequívocas de que mantienes una relación de pareja tóxica.

Estar enamorado y ser correspondido es una experiencia maravillosa, qué duda cabe. Pero, por ridículo que te parezca, durante el estado de enamoramiento te encuentras bajo los efectos de un cuadro obsesivo compulsivo que evita que identifiques con claridad los síntomas de esa “toxicidad”.

No es inusual que la pareja que te lo da todo en un primer momento se descubra poco a poco. ¿Cómo? Con gestos en la cotidianidad que van minando tu felicidad inicial y te conducen a un estado de inseguridad. Al fin y al cabo, las expectativas son sólo eso, expectativas; y la realidad se percibe en el día a día.

Esa extraña mezcla de amor y dependencia es lo que te impide echar por tierra la relación. Uno necesita dominar y reafirmarse; el otro, a alguien que le guíe y le dé seguridad a nivel afectivo. Seguridad afectiva a un precio muy alto, porque comporta su pérdida de identidad y de libertad.

Uno necesita dominar y reafirmarse; el otro, a alguien que le guíe y le dé seguridad a nivel afectivo

Por tanto, para que funcione una relación:

  • Es importante desear y no necesitar.
  • Aprender a tener una buena autoestima.
  • Saber conversar y no tolerar desde el principio los estilos agresivos.
  • Ser fiel a tus valores y no renunciar a ellos.
  • Detectar instantáneas tóxicas (frecuencia, duración e intensidad)
  • Ser capaz de llegar a un nosotros, sin anularse mutuamente y construir una relación saludable.

 

 

Como evitar ser una madre vulnerable

Como evitar ser una madre vulnerable

El otro día, hablando con una amiga, surgió de forma tangencial el tema de las madres que aún no son mayores, tienen alrededor de sesenta años, pero que, debido a su vulnerabilidad tanto física como psicológica, se apoyan por necesidad en los hijos/as. Me refiero al perfil de una madre que ha dejado de trabajar para cuidar de su marido e hijos, o no ha trabajado nunca de forma remunerada, y en ocasiones también ha tenido que ocuparse de sus padres, por no decir incluso de sus suegros.

Este rol encuadrado alrededor de la familia, gratificante para estas mujeres y para los demás, que permite al cónyuge realizarse como proveedor y profesional y a los hijos formarse sin complicaciones, poco a poco puede generar madres que de forma inconsciente esperan cariño, atención y en definitiva la devolución futura del afecto invertido.

¿Cuál es la trampa?

El convencimiento de que esa es en exclusiva su misión en la vida y que hay que sacrificarse en aras de la familia. No importan los guisos, las tareas domésticas, las celebraciones, el mediar en los conflictos para que haya paz, el aguantar muchas veces a familiares dominantes y que se creen con el derecho a opinar y a aconsejar. El resultado es una familia feliz que goza de armonía y bienestar durante años.

Pero estos años pasan, los maridos a veces se van con otras mujeres más jóvenes e independientes; en el peor de los casos, disfrutan de su vida teniendo al margen a esas abnegadas mujeres que les hacen la comida y ellas sienten en solitario el frío de tener un marido que no las considera como pareja de viaje.

Los hijos se van del nido, aunque alguno de ellos se preocupe por el bienestar de su madre. Tanto da, hijo o hija, normalmente hay alguno que vela por su madre, aunque sea a distancia, para que no se sienta sola.

¿Qué ocurre?

Algunas de estas madres se suelen encontrar mal y pueden padecer dolencias físicas de diversa índole que las incapacita para llevar una vida satisfactoria y feliz. Al mismo tiempo, éstas manifiestan sus quejas a los más allegados, con el consecuente efecto contraproducente, puesto que los demás no suelen querer estar al lado de alguien que se queja y requiere más atención.

¿Y entonces qué?

Normalmente, si es el hijo, éste asume el cuidado de su madre de forma paternal y le ayuda en lo que puede. Las hijas, en cambio, suelen no querer convertirse en ellas, vulnerables y débiles, por lo que se esfuerzan en ser todo lo contrario. Mujeres eficaces, eficientes y efectivas, que luchan a toda costa por tener un cuerpo sano, conseguir una independencia económica y en definitiva ser fuertes. Tanto, que confunden la eficacia con tener una buena autoestima y se atrapan en un sinfín de tareas/trabajos/cursos para demostrarse que son libres y no se parecen a sus madres.

Sin ser conscientes, las hijas pueden sentir rechazo hacia la madre débil y a la vez admirar al padre, fuerte e independiente, lo que provoca en las madres más indefensión y el corroborar que no se las quiere suficiente.

Asumir el rol de cuidadora perpetua, tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas

¿Dónde radica el problema?

No hay culpa, es la vida que no brinda a ciertas personas el conocer que tienen valor por ellas mismas. No han aprendido a cuidarse de ellas y ponen a la familia en primer lugar. Con todo esto, no me refiero a que no haya que educar y cuidar a los hijos, pero sí sería preciso enfocar esta educación a que los hijos sean independientes y autónomos, no únicamente en un sentido económico.

El pack no incluye cuidar a la pareja con tanta dedicación, ni tampoco al resto de la familia. Me refiero a los abuelos, quienes, como en algunos países europeos, gozan de ayuda social porque se destina presupuesto para ello. El hecho de asumir este rol de cuidadora perpetua tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas y de forma diferida para el hijo o la hija que se preocupará más tarde por el bienestar de su madre.

¿Cómo cortar este desequilibrio?

Es necesario prevenir esta interacción madre vulnerable-hijo/a, cuidadores obligados por las circunstancias. La mujer, antes que madre, hija o trabajadora, es persona. Una persona que tiene derecho a autorealizarse, a ser independiente, a vivir de forma plena y satisfactoria, no dejándose engañar porque la sociedad así lo ha impuesto, aunque a veces no es posible hacer lo que se desea.

Es importante abrir este “micro mundo” familiar y aportar lo que cada una pueda a la sociedad de la que formamos parte, recibiendo remuneración por ello. Por ti y por los tuyos, para que te sientas orgullosa de educar y aportar tu grano de arena mediante lo que más te guste. Más tarde, cuando tus hijos se vayan de casa o estés sola por los motivos que sean, no podrás entrar en el mercado laboral, con lo cual vas a tener un problema de dependencia que alguien tendrá que asumir, bien sea el estado o tus hijos.

Por otra parte, cuidar de los nietos a tiempo casi completo, cuando la salud lo permite, puede postergar el problema. Disfrutar de los nietos es muy saludable, pero en las dosis adecuadas.

Concluimos mi amiga y yo, que los años pasan y que tarde o temprano el nido se queda vacío. Te das cuenta de que no te has mirado suficiente ni te has parado a pensar qué querías en la vida, además de formar parte de tu familia, por lo que ocuparnos de una buena autoestima nos evita preocuparnos y que, en un futuro, se preocupen de nosotras.