El espacio de la pareja con hijos

El espacio de la pareja con hijos

Por regla general, los hijos son deseados y se tienen para culminar la ilusión de formar una familia. Cuando son bebés, requieren gran dedicación y esfuerzo. Paulatinamente, y a medida que van creciendo, los separamos físicamente (cambio de habitación, cuidado por parte de canguros o familiares, inicio de la guardería…), lo que implica una trasformación en nuestros hábitos y en las tareas que asume cada miembro de la pareja, necesitando el “espacio de la pareja con hijos”. Alejarnos de los hijos no significa desapegarnos, puesto que si hemos establecido un buen vínculo, ellos aprenden a separarse sin que les cause ansiedad.

Poco a poco asumimos un rol que puede o no satisfacernos. Cada casa es un mundo y en función de los valores, el poder adquisitivo, la presión familiar, la carga laboral, el número de hijos o el lugar de residencia, reajustamos nuestra vida de manera funcional.

Por supuesto que los padres y las madres organizamos nuestra vida en torno al recién nacido, pero la cuestión es que la estabilidad de la pareja se ve alterada con la llegada del primer hijo. Todo nuestro organismo está muy comprometido y focalizado en el cuidado del bebé y hay un momento en el que es conveniente empezar a desprenderse psicológicamente y adaptarse a la nueva situación para recuperar de nuevo la estabilidad de la pareja.

Para criar a los hijos de forma saludable, los cuidadores han de ser muy conscientes del esfuerzo que implica y organizar su vida de la forma más óptima para garantizar la satisfacción y el bienestar familiar. La planificación del tiempo es un elemento que va a repercutir positivamente en la relación de toda la familia. La focalización exclusiva en los hijos deteriora progresivamente la calidad de la relación de pareja.

La focalización exclusiva en los hijos deteriora progresivamente la calidad de la relación de pareja.

Paulatinamente, aquel ser minúsculo e indefenso pasa sin darnos casi cuenta a ejercer el poder, y hasta es posible que llegue la situación en la que los padres pierden los papeles y los hijos se convierten en verdaderos tiranos.

Descuidar la pareja provoca un deterioro que no sólo afecta a la pareja, sino también a los hijos. Sin darnos cuenta, les mostramos un modelo deficitario que probablemente reproducirán cuando sean adultos, pese a que reciban toda nuestra atención y cariño.

Este proceso puede alargarse y estancarse hasta que seamos conscientes, por lo tanto vale la pena implicarnos activamente en rediseñar el funcionamiento de la familia. Aunque suponga un desgaste, ha llegado el momento de poner límites y hacer hueco a la pareja.

La pareja saludable contempla tres aspectos:

La Filia, Philia phylos:  Te admiro, te cuento, comparto mis afinidades contigo y me comunico para llegar a un acuerdo en las desavenencias. Buscamos el bien de común.
El Ágape, Agápē:  Te cuido, me cuidas, nos cuidamos mediante atenciones hacia el otro.
Eros:  Atracción sexual, amor. Te deseo, me deseas, nos deseamos porque fomentamos los encuentros, sin prisas y sin interferencias.

Antes de ser pareja, recordemos que tenemos derecho a disfrutar de una buena autoestima como personas.

Sin esta brújula, nuestros ideales se pueden ir a pique. Lo que hacemos viene determinado por nuestros valores y las creencias que hemos aprendido. A menudo no nos cuestionamos la validez de estas creencias en nuestra vida como adultos, por lo que es conveniente revisarlas para conseguir lo que realmente deseamos.

intimidad

Cómo recuperar la identidad de la pareja:

  1. Buscad los puntos de encuentro que teníais antes como pareja (masajes, ir al cine, ver una serie juntos, cenas especiales…)
  2. Compaginad los roles tradicionales. El hombre aún conserva el rol de proveedor y la mujer de cuidadora. Vivir en el siglo XXI manteniendo estos patrones aumenta el estrés sobre todo en la mujer que también trabaja fuera de casa. Aprovecha el permiso de paternidad.
  3. Cuidad los espacios de intimidad (momentos para no hablar ni estar con los hijos). Al menos 10 minutos al día ó 2-3 horas a la semana. De esta manera evitaréis que pasen los años y lleguéis a desencuentros con vuestro compañero/a de viaje.
  4. Sed conscientes de que los hijos son una fuente de estrés y de cansancio. Aunque nos den satisfacción y formen parte del ideal de familia, reducen el espacio de la pareja y es nuestra responsabilidad recuperar poco a poco este espacio.
  5. Actuad como un verdadero equipo ante los hijos para educar con inteligencia emocional. Consensuad los límites y la retirada de privilegios y refuerzos que consideréis para no sentiros solos ni perdidos.
  6. Coged el calendario y mirad cómo habéis repartido el tiempo durante el último mes: para cada uno, para los dos, para los hijos, la familia, los amigos… El día sólo tiene 24 horas! Reajustad el tiempo para no perder vuestra esencia.
  7. Focalizad la atención en el deseo. Mientras nos centramos en exclusiva en los hijos y en las obligaciones, la mente erótica permanece anestesiada. Nos podemos ayudar con recursos .
  8. Ten detalles con tu pareja. Sorpréndele de vez en cuando. El factor de la reciprocidad es de vital importancia.
  9. Fomentad una comunicación constructiva y respetuosa para no alimentar el rencor y evitar los conflictos.
  10. Prevenir es la mejor manera de fomentar el bienestar, así que no esperes a que aparezca la crisis de pareja. Buscar estos espacios y momentos no es fácil puesto que si hay hijos no surgen por sí solos. A veces podemos contar con una pareja amiga que esté en la misma situación y quiera contar con ayuda mutua.

Los hijos han de interiorizar que papá y mamá necesitan su espacio y ello no implica que no se les quiera o se les desatienda en sus necesidades

Hemos crecido con un alto sentido de la eficacia, priorizamos el orden de la casa, las tareas en general o el trabajo y nos olvidamos del bienestar emocional de la pareja con hijos.

“No olvides cuidarla… por si mañana, en vez de verla, te toca imaginarla.” Gabriel García Márquez.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en octubre 25, 2017.

Los primeros meses con tu bebé

Los primeros meses con tu bebé

Durante los tres primeros meses del bebé, te enfrentas a un mundo desconocido, en el que si entras con una cierta preparación será más fácil adaptarte a los grandes cambios que experimentas.

Cada persona, dependiendo de su manera de ser, se acomoda al nuevo rol de la maternidad/paternidad de diferente manera. No es lo mismo tener el segundo o tercer hijo, en el que ya conoces los retos a los que te enfrentas, que estrenarse.

familia

Los tres primeros meses del bebé

Una vez que llegas a casa con tu bebé te pones realmente a prueba y ves de qué manera te ajustas a la nueva situación. La mujer experimenta cambios  anatómicos y fisiológicos importantes, de carácter principalmente hormonal, que la capacitan para cuidar a su bebé y al mismo tiempo la hacen más vulnerable y sensible. Se enfrenta a una etapa tranquila si la vive con el apoyo suficiente o con una carga física y mental que la supera, si no encuentra el respaldo suficiente.

“No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”. Jill Churchill

Para fomentar durante los primeros tres meses el bienestar de la madre, que repercutirá también en el bebé, es preciso ser consciente de los cambios psico-fisiológicos que aparecen y aceptarlos. El mundo de la pareja también de desestabiliza y pasa a un segundo plano. Hay un antes y un después de tener un hijo. La vida de la pareja comienza una nueva etapa de entrega, que evidentemente le restará tiempo de intimidad.

En algunas ocasiones puede aparecer la depresión postparto debido a un brusco descenso de los estrógenos y la progesterona cuyos efectos desestabilizan emocionalmente a la mujer. Si a estos factores sumamos el cansancio por la interrupción del sueño, u otros de diversa índole, como conflictos en la pareja, educación de los otros hijos, economía precaria, carencia de apoyo familiar, problemas con la lactancia, etc., la vulnerabilidad será mayor. Por todo ello os dejo unas pautas orientativas de carácter preventivo que os serán de gran ayuda.

Pautas saludables para la madre:

  • Estar informada de los cambios físicos y emocionales que vas a experimentar y buscar de forma proactiva el apoyo afectivo y social que necesitarás. Asimismo, es fundamental conocer el desarrollo del bebé y cómo establecer una crianza positiva.
  • El aumento de prolactina permite la posibilidad de amamantar al bebé, pero a veces no se gestiona un clima que potencie la continuidad. Es recomendable que ya desde el centro hospitalario o clínica en el que se ha dado a luz se respete el descanso de la madre con la complicidad de aplazar o limitar las visitas, para propiciar la lactancia y/o la intimidad.
  • No cuentes sólo con tus fuerzas, apóyate en tu pareja y en tus hijos: sois un equipo.
  • Una vez en casa, es conveniente priorizar tu recuperación y los cuidados. Aprovecha para dar una cabezada mientras el bebé duerme, en lugar de centrarte en el orden o en las tareas.
  • Permítete no sentirte tan feliz ni estar tan espléndida ante el nuevo reto de la maternidad. Aunque hayas decidido ser madre y tu hijo te llene enormemente, pierdes una parte de ti. Dejas de ser independiente, no puedes organizar tu tiempo como quieres y aumentan la responsabilidad y la dedicación, con todo lo que implica. Por tanto, no te juzgues si te sientes desanimada.
  • En el caso de que ya tengas uno o más hijos, ya sabes de qué va, pero no sobrestimes tus fuerzas ni te centres en cuidar a los demás, olvidándote de ti.
    Filtra los comentarios de los familiares sobre los modos de hacer. Cada uno ha vivido sus propias experiencias de un modo diferente y en otro tiempo, por lo que sigue las pautas que te recomienda tu pediatra.

Pautas saludables para el padre:

  • Comprende que tu pareja, madre en mayúscula en esta etapa, puede sentir ambivalencia en su estado de ánimo: alegría y satisfacción, alternadas con desánimo y ansiedad.
  • Sé cómplice en el caso de la lactancia materna. Sé consciente de la unión que se da entre madre-hijo y propicia un buen clima emocional que beneficiará a toda la familia.
  • Comparte las tareas y el cuidado del bebé en la medida en que sea posible. No te excluyas e involúcrate cada vez más a medida que van pasando los meses.

Pautas saludables para la pareja:

hermanitos

  • Pensad y consensuad el estilo de crianza que queréis para actuar con coherencia y constancia.
  • Organizad con tiempo las tareas y realizad un planning para su repartición. Si tenéis más hijos, podéis involucrarles según sus edades, siguiendo la inspiración Montessori. ¡Cuántas veces oigo en la consulta que las madres se ocupan de casi o de todas las tareas que deben asumir los hijos desde edades bien tempranas!
  • Atended a los demás hijos en relación con los celos y conductas regresivas .

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en octubre 24, 2017.

Adictos al móvil

Adictos al móvil

Los tiempos han cambiado y los hábitos también. La tecnología ha irrumpido en nuestras vidas, ocasionando un gran impacto en la conducta de todos los miembros de la familia y muchos adultos y niños son adictos al móvil. A partir de los 14 años, nueve de cada 10 niños dispone de teléfono móvil  y la edad de inicio cada vez es más temprana, según datos publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Se observa también un cambio radical en la manera de entretener a los niños. Si antes se utilizaba papel y colores para distraer a los más pequeños en lugares públicos, el objeto distractor es ahora el móvil o la tableta de última generación de los padres, donde ven dibujos, canales de populares youtubers o escuchan música.

¿Quién no ha presenciado una comida o cena en la que los niños están conectados y no interactúan con los demás? No voy a condenar la conducta de los adultos, porque a veces simplemente no podemos más y necesitamos un espacio de “no cuidar” para relacionarnos con otros adultos. Sin embargo, cuando se trata de un hábito frecuente, debemos tomar conciencia de que les estamos privando del aprendizaje de la espera con paciencia, la observación del entorno, o la interacción con los demás, por citar algunos ejemplos.

Sabemos que nuestra manera de relacionarnos con las cosas y sobre todo con la tecnología es clave para dar ejemplo. Aún así, priorizamos contestar un Whatsapp o un correo, llamar a algún familiar o amigo cuando estamos en espera e, incluso, mientras caminamos con nuestros hijos.

La manera en que cada uno utiliza su tiempo es una opción libre. Sin embargo, las acciones que repetimos sin ser conscientes se convierten en hábitos y este uso compulsivo del móvil ocasiona un alto impacto y coste emocional que desconocemos.

Niños y adultos usan el teléfono de forma compulsiva, por lo que se podrían consideran adictos al móvil.

¿Por qué nos podemos arrepentir? Nos parece que el tiempo es infinito de forma inconsciente y que son urgentes cuestiones que podrían esperar minutos, horas o días. Los hijos crecen en un santiamén y no podemos volver atrás en el tiempo. Sin darnos cuenta, no valoramos ese rato que los acompañamos al parque, a la escuela, o vamos de recados con ellos. Ese momento es único y puede ser una buena ocasión para enseñarles a estar presentes en el aquí y el ahora. Una práctica que siendo adultos nos cuesta aprender si no hemos sido entrenados antes.

Entonces, ¿qué podemos cambiar para romper el hábito del uso compulsivo de los móviles?

En primer lugar, se trata de preguntarnos si queremos o no cambiar este hábito. Si no encontramos una o varias razones poderosas no lo haremos y seguiremos actuando de la misma forma. Si valoras la calidad de la relación con tus hijos, la manera de gestionar tu tiempo y tu relación con el móvil y todo lo que comporta (ventanas abiertas a lo que no está físicamente presente), cambiar este hábito te hará más libre y educarás de una manera más fácil, efectiva y afectiva.

En España hay escuelas que prohíben el uso del móvil en clase, e incluso en el recreo. Otros colegios,  mayoritariamente privados, han dado la vuelta a la situación y utilizan móviles y otros dispositivos con fines educativos. Es decisión de los padres escoger qué tipo de escuela y de pedagogía desean para sus hijos.

 

¿Te has preguntado por qué los hijos de los gigantes de la tecnología en Silicon Valley usan pizarras, papel, lápices y libros en las aulas, y hasta los 13 años no se les permite el contacto con la informática? También en otros lugares como Acorn School de Londres, y Gloucestershire, pionera en la enseñanza no tech, evitan la tecnología hasta los 12 años.

Existe controversia alrededor de permitir o no el contacto de los niños con los nuevos artilugios. Expertos como el neuropsicólogo Álvaro Bilbao,consideran que perjudica el desarrollo si se usan antes de los 6 años y el juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, pide que no se permita su uso en los centros escolares.

Entonces y siendo una realidad imparable tendríamos que encontrar un equilibrio entre el avance de la tecnología, la calidad de vida que nos aporta y el momento de introducir este elemento en la cotidianidad de nuestros hijos.

En mi opinión, el uso responsable del móvil, y/o tableta, para los adultos, consiste en tomar conciencia, decidir y actuar conforme a lo que has pensado.

No hay que renunciar a las nuevas tecnologías, sino vivir el presente y mirar hacia adelante, subordinando todos los elementos a nuestro servicio.

PARA QUÉ:

Pregúntate el motivo por el que lo vas a usar. Por supuesto hay quien concibe que si el motivo es laboral es lícito usarlo continuamente. Nada más lejos del uso responsable o, mejor dicho, saludable. Aprende investigando las ventajas que tienes de tu móvil y optimiza el tenerlo. Avisos de seguridad, organización de tareas, recordatorios, etc. Normalmente los móviles dan muchas opciones que son muy útiles y que desconocemos ya que no viene con estas indicaciones.
Excepciones como las videoconferencias o llamadas por el Whatsapp, por motivos de distancia, facilitan la relación con la familia en estos días en los que nuestros hijos desgraciadamente han tenido que emigrar. Para nada tienen efectos negativos en los más pequeños, en el momento en que son capaces de reconocer a las personas. Por el contrario, favorecen los lazos afectivos y el vínculo con la familia.

videoconferencia

CUÁNDO:

Escoge en qué momentos y situaciones usarás tu smartphone. Aunque te parezca obvio, por la calle no te lo recomiendo, puesto que la atención es crucial para evitar ser sorprendido por cualquier cosa. Si vas con tus hijos u otros niños, les estás enseñando la importancia de implicarse de forma activa en cada momento. Supongo que no querrás que sean como maletas llevadas de un lado a otro sin enterarse, o que vayan distraídos.
En los restaurantes, y si vas con niños de la misma edad, es muy positivo que puedan hablar y dejen la tableta y/o los móviles para otro momento. Ni qué decir si se trata de niños pequeños y/o bebés y lo usas para que coman.
En casa, poned normas consensuadas y comunicad a vuestros hijos los momentos y lugares que hayáis estipulado para conectarse. La idea es que los capitanes de la familia enseñen con sus buenas prácticas. Cada etapa evolutiva es distinta y cada hijo/a también. Por tanto, es recomendable variar las pautas con el objetivo de que adquieran ese uso responsable y saludable en el momento adecuado. Acompañadles en el inicio a Internet siguiendo las recomendaciones de la Guía para un uso seguro y responsable de Internet por los menores Itinerario de mediación, del Instituto Nacional de Ciberseguridad de España.
Escoge una zona o habitación para depositar los móviles y cargarlos. Por la noche es aconsejable apagar el Wi-Fi y que los niños lo sepan. De esta manera, matamos dos pájaros de un tiro. Por una parte, evitamos la posible radiación electromagnética y la luz azul de las pantallas que afecta a su sueño y, por otra, estamos seguros de que no se conectan, sobre todo los adolescentes.

CON QUIÉN:

Si estás solo/a, fíjate cuántas veces estás pendiente del móvil mientras haces otras cosas. Toma conciencia de ello. Si trabajas con él márcate el tiempo.
Si vas acompañado (hijos, amigos, colegas de trabajo…). es preferible dejarlo apartado y en silencio a no ser que estés esperando alguna llamada o notificación urgente y/o necesaria. Mientras esperas en algún sitio, con los niños, es mejor que les enseñes a observar el entorno, las personas, y el propio lugar. Así los entrenas en la percepción de la situación y a no utilizar el móvil de forma compulsiva, tolerando y desarrollando la capacidad de espera.
Estando en casa, si dejas que los menores dispongan del móvil o la tableta con acceso a Internet es como si les dejaras ir con cualquiera y en cualquier lugar. Aunque de forma virtual, es real la interacción con otras personas. Por tanto, usa el control parental en todos los dispositivos que manejen si ya has decidido que están preparados. Recuerda que no pueden tener un perfil en las redes si son menores de 14 años. Con estas precauciones contribuimos en la prevención del ciberbullying.

CUÁNTO TIEMPO:

Evidentemente, la conciencia del tiempo te indica que tú decides libremente y que no eres adicto o esclavo del móvil y lo que comporta.
Con estas buenas prácticas tratamos de fomentar la atención en una tarea, la observación y la percepción del entorno y una buena interacción afectiva, tanto para nosotros como para nuestros hijos.
No hay que renunciar a las nuevas tecnologías, sino vivir el presente y mirar hacia adelante, subordinando todos los elementos a nuestro servicio.

“Nada es veneno, todo es veneno. La diferencia está en la dosis”. Paracelso

Referencias:

Guía para un uso seguro y responsable de Internet por los menores _Itinerario de mediación parental publicado por INCIBE y Menores OSI

Portales de interés:

Oficina de seguridad del internauta https://www.osi.es/

Instituto Nacional de Ciberseguridad de España https://www.incibe.es/  y para menores de edad, Internet Segura for Kids  https://www.is4k.es/

http://mossos.gencat.cat/ca/temes/joves/Navega-i-utilitza-les-aplicacions-amb-seguretat/

https://www.policia.es/consejos/internet.html

https://www.betterinternetforkids.eu/web/positiveonlinecontent/home

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en octubre, 24, 2017

Qué tipo de familia deseo

Qué tipo de familia deseo

Antes de pintar un cuadro, montar una empresa o de realizar cualquier actividad que nos supone un esfuerzo, sea cual sea el ámbito, pensamos con esmero todo aquello que deseamos llevar a la práctica, procuramos asesorarnos bien, planificamos e seguimos un plan establecido con la finalidad de dar lo mejor de nosotras y sentirnos realizadas.

Sin embargo, para la empresa más importante de nuestra vida, en la que somos nuestro CEO (Chief Executive Officer), apenas sabemos cuáles son las fórmulas para ser felices, cómo funcionar, tomar decisiones  o gestionar los conflictos en la cotidianidad.

Si has optado por ser madre, no significa que te olvides de ti ni que apartes a tu pareja en esta experiencia, si es que la tienes. Hablo así por no excluir a aquellas madres que deciden tener un hijo en solitario, ya que el respeto por la diversidad forma parte de mis valores personales.

Estos aprendizajes no vienen de fábrica, ni los llevamos en nuestros genes. Los aprendemos a partir de la experiencia; primero en el seno de la familia y posteriormente, al estar en contacto con el mundo exterior, en la guardería, el parque, la escuela, la universidad… De este modo, y dependiendo de cómo hayamos vivido esas experiencias, construimos las creencias sobre nosotros/as, los demás y el mundo en general.

Por estas razones, creo conveniente que antes de darte algunas directrices basadas en los conocimientos aprendidos y mis experiencias, es importante que sepas qué estilo de familia quieres para ti, tus hijos/as y en definitiva para tu familia nuclear, que en cada caso es y/o será distinta y única.

Es conveniente alinear tus objetivos con los de tu pareja, antes de la convivencia, para no enfrentar la realidad con las expectativas y los sueños

 

embarazados

Para facilitarte la tarea, nos fijaremos en estos tres conceptos:

 

  1. La misión: Es tu objetivo principal, el sentido de tu vida. Por ejemplo, si te has contestado “educar con valores a mis hijos”, este sería un objetivo válido, aunque como ya te he comentado más arriba, no debes olvidarte de ti. Para cuidar, educar y ayudarles a crecer, han de ver y sentir que tú haces lo mismo (predicar con el ejemplo) De lo contrario, les envías mensajes ambivalentes.

 

  1. La visión:  Mira a lo lejos, piensa en grande cuáles son las metas que quieres en un futuro. ¿Hacia qué estás realmente motivado/a? ¿Cómo te ves en un futuro o, mejor dicho, cómo te gustaría verte? ¿Qué querrías lograr?

 

 

  1. Los valores: La ética con la realizas las acciones sin traicionarte. Formúlate unos cuantos valores (respeto, igualdad, sostenibilidad, etc.), respondiendo a la pregunta: ¿En qué creo?, ¿Qué no deseo traicionar?, ¿Qué deseo transmitir a mis hijos?

 

Si no eres familia monoparental, es conveniente alinear tus objetivos con los de tu pareja, antes de la convivencia, para no enfrentar la realidad con las expectativas y los sueños.

Como persona que nunca dejarás de ser, te recomiendo que te tengas siempre en cuenta y te automotives para conocer quién eres, qué quieres (o qué no quieres), lo que puedes hacer (o dejar de hacer) y cómo llevarlo a cabo. Si lo integras, tus deseos estarán en coherencia con tus valores y serás consciente del rumbo de tu vida.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia“, en octubre 1, de 2017

Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

nuevas familias

Los tiempos han cambiado y las familias no son una excepción. Hemos pasado del “contigo para toda la vida” a “me voy porque esto no funciona”. En estas circunstancias, los protagonistas son los adultos, aunque los actores de segundo orden son los hijos, quienes han de adaptarse a cambios ajenos a ellos y a su nueva situación. Por este motivo, es recomendable que padres y madres (padrastros y madrastras) gestionen de la mejor manera esta nueva etapa, favorezcan la propia adaptación y ofrezcan un modelo de familia que proporcione estabilidad y bienestar.

Se considera familia reconstituida cuando existe una pareja con al menos un hijo de una relación anterior, excluyendo las que no tienen ningún hijo.

¿Qué diferencia la familia reconstituida de la tradicional?

  • Los límites. En las familias convencionales, las fronteras son biológicas y las condiciones de ser miembro o no están muy bien definidas.  En el caso de las familias reconstituidas, existen dos hogares y los límites no se tienen tan claros.
  • El tiempo en asimilar los cambios suele ser más corto y no sigue las mismas etapas que en la familia convencional (noviazgo, emparejamiento, primer hijo…) El orden de existencia de los hijos es anterior a la constitución de la pareja, dificultando el proceso de adaptación.
  • El tipo de pérdida. En el caso de divorcio o separación, la pérdida se asimila peor que en el caso de la muerte, en el que el duelo se acompaña mediante rituales y apoyo familiar. En las familias reconstituidas puede producirse rechazo, incluso, por parte de los familiares de uno o de ambos miembros de la pareja.
  • Más personas involucradas. Existen al menos tres adultos responsables, o cuatro por lo general. Por tanto, se genera interferencia y/o confusión en los hijos con relación a quién han de hacer caso, si no se determinan con claridad los roles de los nuevos miembros.
  • La casa y la economía. En las familias reconstituidas, a veces se vive en la antigua vivienda de uno de los dos, a diferencia de los hogares tradicionales. También el sistema económico no cuenta en principio con un fondo común.

El éxito de la relación de pareja en este marco dependerá en gran medida de la felicidad de los hijos en la nueva familia y la felicidad de ellos vendrá definida por la buena gestión de la pareja

Pautas para promover la adaptación de los hijos en la familia reconstituida:

  • Ponerse de acuerdo en relación con el lugar de residencia y las finanzas. Es recomendable que sea una vivienda escogida de común acuerdo por los dos. Compartir la economía a partir de la nueva situación genera una mayor satisfacción, respetando lo anterior a la unión y siendo revisable en función de cada caso y necesidades.

 

  • Resolver la pérdida de la relación anterior. Los hijos pasan a ver menos al padre o la madre que no vive con ellos, por lo que, aunque no puedan ni sepan manifestar su añoranza, tendremos que considerar que afectará al estado de ánimo de los hijos y a su conducta.

 

  • Pactar el tiempo para los propios hijos/as. Para que éstos no se sientan abandonados en el plano afectivo, es muy positivo dedicar un tiempo exclusivo a ellos, además del compartido en familia.

 

  • Mantener el espacio. La pareja ha de contar con momentos para establecer una comunicación constructiva, no solamente por la noche cuando todos duermen. Buscad, por ejemplo, una tarde para encontraros sin niños; un fin de semana, si se puede…

 

  • Tratar a todos los hijos con equidad. Teniendo en cuenta las edades, establecer las mismas normas para todos. Evitar decir “tu hijo…”, y procurar llamarle por su nombre, describiendo la conducta. Por ejemplo, “Esta mañana, Tomás no me ha contestado cuando le he dado los buenos días”. Evidentemente, Tomás seguramente está pasando por esta etapa de asimilación y tendrá un humor detestable en más de una ocasión. Por tanto, no hay que tomar esta actitud como algo personal ni etiquetar al hijastro.

 

  • Definir el nuevo papel del padrastro o madrastra y los roles. Según la edad, resultará más o menos fácil. Los más pequeños suelen adaptarse mejor que en la pre o adolescencia. Éstos se rebelan a menudo ante la nueva figura del “padrastro” o “madrastra”, por lo que, si en algo se ha de pecar, será en la tolerancia. Demasiada exigencia podrá provocar rechazo y resentimiento en el adolescente. Si esto ocurre, se resentirá también la relación de pareja, ya que el padre o la madre del hijo/a “rebelde” sufrirá por la situación. Para ayudar a establecer el vínculo, la relación con los hijastros ha de mantenerse en un nivel lúdico al principio, ir cogiendo confianza poco a poco y abstenerse de ejercer la autoridad. Mientras tanto, es preferible que la personas que dictaminen las normas y la disciplina sean el padre o la madre biológicos.

 

  • Reformular las pautas y normas de educación. Encontrar un equilibrio entre la manera de educar de uno y del otro. Pactar tanto lo que no se admite, como lo que queramos potenciar, aplicando refuerzos establecidos previamente.

 

  • Evitar comentarios negativos del ex o de la ex. Los hijos deben estar informados sobre los horarios y visitas que les atañe. Toda comunicación que no sea constructiva perjudica su autoestima, le provoca inseguridad e inestabilidad emocional y, en muchas ocasiones, le genera un deber, que no le corresponde, de defender al progenitor que considere más débil y vulnerable.

 

  • Los padres biológicos son los que toman las decisiones importantes en la vida de sus hijos.

 

  • Mucha paciencia, tolerancia y diálogo. No esperar a tenerlo todo estable en un año ni en dos. Dependiendo del número de miembros de la nueva familia, las edades, vuestra situación emocional y demás condiciones ambientales, va a suponer un proceso en el que no todas las familias reconstituidas sobreviven. No se trata de exigir situaciones justas y racionales, sino de fomentar cuanto antes la adaptación al nuevo hogar mediante el aprendizaje por ensayo y error. Por eso, la tolerancia, la paciencia y la comunicación sin exigencia son buenos aliados para conseguir un clima de cooperación.

 

familia feliz

Las directrices generales señaladas en todo caso se han de ajustar a las necesidades de cada nueva familia en particular para ofrecer las herramientas más adecuadas.

Evidentemente y como en todas las familias, sean éstas tradicionales o reconstituidas, educar con parentalidad positiva fomenta el desarrollo y el bienestar emocional de los niños/as, para que en este microsistema puedan crecer y madurar de forma saludable.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia“, en octubre 2, de 2017

 

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

Uno de los pilares de la felicidad, la salud y el bienestar de las personas es la autoestima y, pese a que se viene hablando mucho sobre este tema en las últimas décadas, lo cierto es que gran parte de los niños y adolescentes carecen de ella. Ante este hecho, me pregunto si los adultos consideramos relevante y prioritario potenciar la autoestima en los niños, por desconocimiento o porque no consideramos el impacto negativo de su ausencia en el desarrollo integral de los niños.

Si fomentar hábitos de higiene y buen comportamiento en nuestros hijos es fundamental, no menos importante es que adquieran, en base a su temperamento, un carácter decidido, curioso, flexible, adaptable; aumenten la seguridad en sí mismos y se sientan cómodos en las relaciones sociales.

Solemos dar más valor a lo que no tiene valor para ser felices

La autoestima es un concepto muy amplio en el que intervienen diversos factores:

  • De qué manera se reconoce el niño físicamente (autoimagen)
  • Si se siente querido y valorado en su hogar (seguridad afectiva)
  • Qué piensa de sí mismo y cómo le perciben los demás (autoconcepto)
  • La capacidad de recompensarse y realizar actividades placenteras (autorrefuerzo)
  • Las aptitudes que cree poseer para conseguir lo que se propone (autoeficacia)

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida, especialmente en el terreno afectivo y social, y podrá ocasionarle problemas y/o trastornos psicológicos.

Indicadores de un déficit de autoestima:

– Autoexigencia y tendencia al perfeccionismo.

– Miedo excesivo a cometer errores.

– Sensibilidad a las críticas de otros y actitud crítica consigo mismo.

– Sentimientos de vacío y tristeza.

– Dificultad para tomar decisiones cotidianas.

– Retraimiento y dificultad para entablar relaciones sociales.

– Necesidad de llamar la atención.

Factores determinantes:

. Los modelos permisivos en exceso o los modelos exigentes propician no aceptarse. Los primeros contactos se producen primero en la familia y posteriormente en la guardería y en la escuela. Estos agentes influyen en la visión que el niño va adquiriendo. Dependiendo de las frases y de los comentarios de quienes nos educan (padres, madres y docentes), el niño tendrá una percepción negativa o positiva de sí mismo. Los mensajes se graban y se transforman en el diálogo interior del niño, que será el motor de su manera de funcionar.

. Las experiencias en las interacciones sociales irán afianzando la autoestima del niño o, por el contrario, minando su seguridad.

. La autoestima no se mantiene igual a lo largo del tiempo. La adolescencia es la etapa en la que hay mayor déficit, debido principalmente a la transformación de sus cuerpos y a la consciencia de la importancia que otorga la sociedad actual a la imagen y el éxito.

6 estrategias para fomentar la autoestima de tus hijos:

felicidad

  1. Sé consciente de las cualidades de tu hijo. Puedes apuntarlos a medida que descubres sus puntos fuertes. Solemos focalizar la atención en lo que hacen mal, por tanto, hay que dar un giro de 360º a nuestra atención. Estas cualidades las utilizaremos para reforzarle: “Patinas muy bien”, “has preparado la mesa con esmero”, “tienes muchos amigos”, etc.

     Si no se siente aceptado y valorado, el niño no se quiere

  2. Rompe el círculo vicioso. Si estamos dolidos por su comportamiento, es importante que nuestra actitud sea la de querer encontrar algo positivo en él. El adulto es el responsable de romper ese círculo. Por ejemplo, en el momento en que sonríe, o se divierte jugando o entretenido en sus cosas, podemos decirle: “Me alegra verte contento”.

               El juicio que más les duele es el nuestro, porque es el que aprenderán a tener de sí mismos

  3. Dale mensajes positivos realistas en proporción a su conducta. Con frecuencia ponemos etiquetas negativas, cuando los mensajes se han de adecuar a cada momento y en relación a la conducta: “Me gusta cuando estás tranquilo jugando”, en lugar de “Eres incapaz de estar tranquilo”.
  4. Valida su opinión y sus sentimientos. Cuando hable, no descalifiques su opinión por muy descabellada que nte parezca. Acepta su aportación y comenta la tuya desde tu derecho a opinar: “Yo lo veo distinto, ya que…”,“Me parece que…”
  5. Proporcionar dedicación completa en algún momento del día no es lo mismo que permanecer en la misma casa o habitación. Si no puedes, escúchale activa o aprovecha algún comentario para prestarle la máxima atención, sin hacer nada más. Por ejemplo: Paula, ven y leeremos un cuento juntos; Eric, ¿quieres jugar conmigo a cartas?, o, ¿Qué te parece si mañana vamos en bici?”
  6. Habla bien de tu hijo y si comentas algún comportamiento negativo suyo, no lo hagas delante de él, porque las críticas en público son devastadoras. Por el contrario, habla de sus logros cuando esté delante. Por ejemplo: “Marta está aprendiendo a comer sola”, o, “Jorge es capaz de estudiar durante más tiempo en su habitación.”

Valora sus esfuerzos y a corto plazo notarás un cambio en su comportamiento y en sus emociones

Estas son algunas pautas para fomentar una buena autoestima en tus hijos, que han de adaptarse al niño y a la edad. No olvidemos que los padres somos modelos de nuestros hijos y nuestro comportamiento en casa y en la sociedad les sirve de referente. Por tanto, para ayudarles, sería conveniente revisar cómo anda nuestra autoestima y empeñarnos en mejorarla si aún consideramos que hay algún déficit. Todo ello siempre y cuando tengamos la suficiente motivación y creamos que obtendremos un beneficio para nosotros y, por ende, para nuestros hijos

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en septiembre 14, 2017

Tu bebé hacia la independencia

Tu bebé hacia la independencia

Cada bebé tiene un ritmo de evolución que viene marcado por la biología y las experiencias que va adquiriendo. Llegado el momento de gatear, inicia su independencia con los primeros pasos, pudiéndose alejar o acercar de forma voluntaria a las personas u objetos.

La actitud de los padres puede poner trabas a esta maduración o bien facilitar su evolución. Por tanto, es importante comportarse con coherencia y estabilidad para que el bebé se sienta seguro e interesado en descubrir lo que le rodea. Hay niños más curiosos que otros, de modo que es preciso adaptar nuestro comportamiento a su forma de ser.

Tu bebé ha de aprender lo que puede y lo que no puede hacer, y que se le pongan límites con firmeza. Tu expresión y tu tono le sirven de recompensa o de inhibición. Es decir, cuando consigue un logro, mostrarle un tono alegre y una sonrisa es el refuerzo perfecto, ya que aumenta la probabilidad de que lo vuelva a hacer y se motive. Por el contrario, utilizar un tono firme y seco, fruncir el ceño y levantar un dedo, le indicará que ha de inhibir lo que hace, ya sea porque es peligroso o porque no es conveniente en la situación o el momento presente.

Dale siempre señales de amor y ante un comportamiento errático del bebé nunca le digas que no le quieres

Es muy fácil que el bebé se contraríe, se entristezca o incluso que se ponga a llorar. Ante esta última reacción hay que mantener la calma, porque es bueno que exprese sus emociones. Cuando deje de llorar, le podremos abrazar y así aprenderá que nuestra conducta hacia ellos dependerá de cómo se vayan comportando.

Hay algunos padres que penalizan las conductas no deseadas y no premian las correctas o deseables, de modo que el niño se inhibirá y no se sentirá motivado a explorar. El bebé se sentirá seguro e irá aprendiendo saludablemente si va discriminando sus conductas y las adapta en función no sólo de él sino también de los demás, ya que es preciso que aprender a discriminar lo que le puede hacer daño a él y también lo que no conviene a los demás.

Los límites le proporcionan seguridad y sentimiento de protección

En caso de que rompa o tire juguetes, es importante distinguir si lo hace con o sin agresividad. Si lo hace con agresividad, no gritaremos, sino que, con calma y firmeza, le instigaremos a recogerlos. En el supuesto de que lo haga sin agresividad, le dejaremos, porque necesita experimentar para aprender.

Algunos consejos:

  • Con el amor no se juega. Dale siempre señales de amor y ante un comportamiento errático del bebé nunca le digas que no le quieres. El amor a su ser es incondicional. Los límites los ponemos ante sus conductas.
  • Los límites le proporcionan seguridad y sentimiento de protección.
  • Tu bebé no entenderá la palabra “No” hasta aproximadamente los 10 meses.
  • Si no tienes mucho tiempo para estar con tu bebé, no caigas en el error de ser demasiado permisivo/a.

Para que crezca de forma saludable, se sienta querido y feliz en estas primeras etapas, es preciso actuar de forma coherente y tener mucha paciencia cuando comienzan a dar los primeros pasos.

 

 

Adolescentes conflictivos

Adolescentes conflictivos

La adolescencia es una etapa natural que comporta cambios cruciales en el individuo. Estas transformaciones se viven de forma diferente y van conformando la manera de ser y la tendencia de cada joven. La combinación de su predisposición biológica (temperamento), con la interacción del ambiente (carácter) irá potenciando una personalidad adaptativa y equilibrada o, por el contrario, más disfuncional.

Aunque en todas las épocas ha habido jóvenes desafiantes y difíciles, quizá en la actualidad los padres y las madres se sienten más impotentes ante las conductas disruptivas, desafiantes y agresivas de sus hijos, que les perjudican a ellos y también a los demás.

Un estilo permisivo y tolerante en exceso impide que aprendan a tolerar la frustración

 

¿Cuándo consideraremos que puede ser un trastorno de la conducta?

– Si nos encontramos frente a un adolescente que presenta conductas desproporcionadas, de forma recurrente y con una alta frecuencia.

– Cuando estas conductas le causen sufrimiento, y/o generen un clima tóxico en la familia, la escuela o el trabajo.

Hay adolescentes que sufren y otros no. Pero independientemente de este factor, determinadas conductas explosivas y/o agresiones verbales y/o físicas hay que abordarlas cuanto antes mejor, ya que pueden comenzar a edades más tempranas.

Conocer las herramientas y utilizarlas ayuda a los padres a restablecer el equilibrio del sistema familiar

adolescentes

Cómo ayudarles de forma eficaz

 

  • Aplicar nuestras herramientas. Los padres y las madres disponemos de herramientas que no empleamos, ya sea por temor o por desconocimiento, y propiciamos poco a poco el empoderamiento del adolescente. El resultado es que, progresivamente, el adolescente va dominando la situación y los progenitores van perdiendo su papel educador y, en definitiva, el control.
  • Dotarles de resistencia. La excesiva permisividad es un tipo de maltrato porque les incapacita para tolerar la frustración. Si dejamos que se frustren, que no tengan todo lo que desean, con la inmediatez a la que están acostumbrados, les estamos dotando de resistencia psicológica ante la vida.
  • Ponerse de acuerdo. Ciertos patrones disfuncionales se potencian en un sistema familiar enfermo. No se trata de culpabilizar a los padres, pero sí de alertarles de la importancia que tiene el ponerse de acuerdo en la educación desde el inicio, en la implicación de ambos en la educación de sus hijos y en ejercer un co-liderazgo.
  • Fomentar valores como el respeto y la cooperación en las primeras etapas no es tarea fácil, pero hacerlo facilitará sin duda la labor educativa y un sistema saludable.

 

 

Como evitar ser una madre vulnerable

Como evitar ser una madre vulnerable

El otro día, hablando con una amiga, surgió de forma tangencial el tema de las madres que aún no son mayores, tienen alrededor de sesenta años, pero que, debido a su vulnerabilidad tanto física como psicológica, se apoyan por necesidad en los hijos/as. Me refiero al perfil de una madre que ha dejado de trabajar para cuidar de su marido e hijos, o no ha trabajado nunca de forma remunerada, y en ocasiones también ha tenido que ocuparse de sus padres, por no decir incluso de sus suegros.

Este rol encuadrado alrededor de la familia, gratificante para estas mujeres y para los demás, que permite al cónyuge realizarse como proveedor y profesional y a los hijos formarse sin complicaciones, poco a poco puede generar madres que de forma inconsciente esperan cariño, atención y en definitiva la devolución futura del afecto invertido.

¿Cuál es la trampa?

El convencimiento de que esa es en exclusiva su misión en la vida y que hay que sacrificarse en aras de la familia. No importan los guisos, las tareas domésticas, las celebraciones, el mediar en los conflictos para que haya paz, el aguantar muchas veces a familiares dominantes y que se creen con el derecho a opinar y a aconsejar. El resultado es una familia feliz que goza de armonía y bienestar durante años.

Pero estos años pasan, los maridos a veces se van con otras mujeres más jóvenes e independientes; en el peor de los casos, disfrutan de su vida teniendo al margen a esas abnegadas mujeres que les hacen la comida y ellas sienten en solitario el frío de tener un marido que no las considera como pareja de viaje.

Los hijos se van del nido, aunque alguno de ellos se preocupe por el bienestar de su madre. Tanto da, hijo o hija, normalmente hay alguno que vela por su madre, aunque sea a distancia, para que no se sienta sola.

¿Qué ocurre?

Algunas de estas madres se suelen encontrar mal y pueden padecer dolencias físicas de diversa índole que las incapacita para llevar una vida satisfactoria y feliz. Al mismo tiempo, éstas manifiestan sus quejas a los más allegados, con el consecuente efecto contraproducente, puesto que los demás no suelen querer estar al lado de alguien que se queja y requiere más atención.

¿Y entonces qué?

Normalmente, si es el hijo, éste asume el cuidado de su madre de forma paternal y le ayuda en lo que puede. Las hijas, en cambio, suelen no querer convertirse en ellas, vulnerables y débiles, por lo que se esfuerzan en ser todo lo contrario. Mujeres eficaces, eficientes y efectivas, que luchan a toda costa por tener un cuerpo sano, conseguir una independencia económica y en definitiva ser fuertes. Tanto, que confunden la eficacia con tener una buena autoestima y se atrapan en un sinfín de tareas/trabajos/cursos para demostrarse que son libres y no se parecen a sus madres.

Sin ser conscientes, las hijas pueden sentir rechazo hacia la madre débil y a la vez admirar al padre, fuerte e independiente, lo que provoca en las madres más indefensión y el corroborar que no se las quiere suficiente.

Asumir el rol de cuidadora perpetua, tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas

¿Dónde radica el problema?

No hay culpa, es la vida que no brinda a ciertas personas el conocer que tienen valor por ellas mismas. No han aprendido a cuidarse de ellas y ponen a la familia en primer lugar. Con todo esto, no me refiero a que no haya que educar y cuidar a los hijos, pero sí sería preciso enfocar esta educación a que los hijos sean independientes y autónomos, no únicamente en un sentido económico.

El pack no incluye cuidar a la pareja con tanta dedicación, ni tampoco al resto de la familia. Me refiero a los abuelos, quienes, como en algunos países europeos, gozan de ayuda social porque se destina presupuesto para ello. El hecho de asumir este rol de cuidadora perpetua tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas y de forma diferida para el hijo o la hija que se preocupará más tarde por el bienestar de su madre.

¿Cómo cortar este desequilibrio?

Es necesario prevenir esta interacción madre vulnerable-hijo/a, cuidadores obligados por las circunstancias. La mujer, antes que madre, hija o trabajadora, es persona. Una persona que tiene derecho a autorealizarse, a ser independiente, a vivir de forma plena y satisfactoria, no dejándose engañar porque la sociedad así lo ha impuesto, aunque a veces no es posible hacer lo que se desea.

Es importante abrir este “micro mundo” familiar y aportar lo que cada una pueda a la sociedad de la que formamos parte, recibiendo remuneración por ello. Por ti y por los tuyos, para que te sientas orgullosa de educar y aportar tu grano de arena mediante lo que más te guste. Más tarde, cuando tus hijos se vayan de casa o estés sola por los motivos que sean, no podrás entrar en el mercado laboral, con lo cual vas a tener un problema de dependencia que alguien tendrá que asumir, bien sea el estado o tus hijos.

Por otra parte, cuidar de los nietos a tiempo casi completo, cuando la salud lo permite, puede postergar el problema. Disfrutar de los nietos es muy saludable, pero en las dosis adecuadas.

Concluimos mi amiga y yo, que los años pasan y que tarde o temprano el nido se queda vacío. Te das cuenta de que no te has mirado suficiente ni te has parado a pensar qué querías en la vida, además de formar parte de tu familia, por lo que ocuparnos de una buena autoestima nos evita preocuparnos y que, en un futuro, se preocupen de nosotras.

Fomenta un apego sano con tu bebé

Fomenta un apego sano con tu bebé

Cuando somos padres, focalizamos nuestra atención en aspectos de la salud relacionados fundamentalmente con el crecimiento de nuestro bebé, como pueden ser el peso, los alimentos y la limpieza. Pero además de los cuidados físicos, en esta primera etapa del bebé la interacción con la madre y/o los cuidadores principales adquiere una gran relevancia para su desarrollo integral. Se está construyendo un vínculo que será clave en sus futuras relaciones sociales y afectivas.

Nacemos con una predisposición biológica a vincularnos. Sentimos atracción por los bebés y ellos, por nuestro rostro y voz, de tal modo que se propicia el vínculo emocional o apego.

apego bebe

¿Por qué realizan los bebés conductas de apego?

Cada niño despliega sus conductas de apego, de tal manera que uno llora, otro busca con la mirada… Dependiendo de las experiencias vividas en función de la respuesta del adulto cuidador, el bebé irá desarrollando un tipo u otro de apego.

Cuando el menor está convencido de la incondicionalidad de la figura de apego, del cariño y de la eficacia con la que responderá el adulto ante sus necesidades, sentirá seguridad y confianza. Por el contrario, si no ha sido así, sentirá inseguridad emocional, desconfianza y/o incompetencia. Al mismo tiempo, va creando una imagen mental de sí mismo como persona merecedora o no de cariño y protección. A modo de ejemplo, si un niño se hace daño porque se ha caído, en el caso de tener un vínculo seguro, sabrá que mamá o papá vendrán, ya que para él son figuras de protección y seguridad. Por el contrario, podrían ser figuras de desprotección e inseguridad si aprende que cuando se cae no le hacen caso.

Este apego tiene la función de supervivencia de la especie y de mantener la proximidad con la figura de apego. Más allá, este vínculo modelará las relaciones posteriores.

Sistema de apego vs sistemas de exploración y afiliación

El sistema de apego también se relaciona con el sistema de exploración (interés por el entorno físico y social) y el de afiliación (interés por las personas y establecer relaciones). Si el sistema de apego está activado, las conductas se dirigirán a conseguir la proximidad de la figura de apego, desactivándose los sistemas de exploración y afiliación, por lo que no se interesará por su entorno ni por otras personas.

¿Qué estilos podemos fomentar?

Apego seguro:

La figura de apego se muestra sensible, disponible, coherente y eficaz ante las necesidades del menor, existe una relación de reciprocidad y sintonía.

Este sentimiento de seguridad se va generalizando y el niño desarrollará un modelo interno como persona digna de cariño y protección y con capacidad de influir en las relaciones, mostrándose abierto y positivo ante los demás. Sus conductas serán de llorar o ir hacia la figura de apego, encontrando el consuelo que busca.

Apego inseguro ambivalente:

Unas veces los cuidadores actúan adecuadamente y otras no, por lo que no hay un modelo coherente, sino imprevisible. Por tanto, los niños con este estilo de apego desconfían de la respuesta exagerando las conductas de apego para aumentar las probabilidades de obtener la atención. Tienen pocas conductas de exploración y son cautelosos ante los extraños. Sienten ansiedad ante los momentos de separación de la figura de apego, pero se resisten a ser consolados cuando la figura de apego vuelve, presentando un comportamiento ambivalente. Se muestran más dependientes en las relaciones.

Apego inseguro evitativo:

Los adultos figuras de apego se muestran insensibles o ignoran las necesidades del menor. El niño aprende a disminuir sus conductas de apego, evitando en cierta manera la respuesta del cuidador. Son niños que muestran alta exploración del entorno, independientemente de que la figura de apego esté o no presente. Con desconocidos actúan de la misma forma, sin mostrar preferencia. No suelen tener ansiedad ante la separación y se muestran indiferentes cuando el cuidador regresa. En las relaciones se muestran excesivamente independientes.

Apego desorganizado: 

El cuidador se convierte en fuente potencial de protección, pero al mismo tiempo sienten temor, por lo que el niño tiene dificultades para encontrar una estrategia. El comportamiento de los niños suele ser de confusión y desorientación, con una mezcla de aproximación y evitación hacia la figura de apego, y con conductas repetitivas (por ejemplo, el balanceo). Suele ocurrir ante el maltrato infantil.

Cabe señalar que niños y niñas no mostrarán necesariamente un estilo de apego puro, sino que cada uno tendrá su estilo en particular que se identificará en mayor o menor medida con uno de los descritos.

vinculo bebe

¿Cómo evoluciona el apego?

  • Desde el nacimiento a los 3 meses. No es capaz de diferenciar una persona de otra.
  • 3-6 meses. Tienen preferencia hacia los cuidadores principales sin manifestar rechazo a los desconocidos.
  • 6 meses-1 año. El bebé muestra una clara preferencia por sus cuidadores principales, que se manifiesta en conductas de apego que tratan de mantener la proximidad con la figura de apego. Empiezan a mostrar un rechazo explícito hacia los extraños, unido a una fuerte dependencia física de la figura de apego. En torno a los 8 meses suele situarse el momento en el que la mayoría de niños ya han establecido un fuerte vínculo de apego con su cuidador principal.
  • A partir del año. El apego sigue evolucionando y su maduración en general le permite alcanzar una mayor autonomía e independencia física de la figura de apego. Acepta separaciones breves y un menor contacto físico. Los modelos mentales se van volviendo progresivamente más sofisticados.
  • 2-3 años. Comprende mejor los sentimientos y los objetivos de los demás y pueden llegar a consolarse simplemente pensando en sus figuras de apego sin tener que estar físicamente a su lado. Este avance le permite una mayor tolerancia a separaciones más largas y las conductas de apego se activan con menos facilidad. Los modelos mentales de apego ahora ya no son tan primitivos pudiendo planear y controlar más su conducta. No obstante, las conductas de apego se pueden reactivar en momentos de estrés (enfermedad, llegada de un nuevo hermano, etc.).
  • 5-6 años: Las conductas de búsqueda de proximidad física y mantenimiento de contacto físico son cada vez más infrecuentes, sustituyéndose principalmente por intercambios verbales, y cobrando aún más importancia la confianza en la disponibilidad de la figura de apego.

¿Qué factores influyen en el apego?

Por un lado, influyen las características del cuidador como la personalidad y las experiencias previas, además de la propia historia afectiva, la autoestima y la estabilidad. Por otra parte, el temperamento del bebé puede condicionar nuestra respuesta, ya que en la medida en que éste sea más tranquilo y fácilmente consolable favorecerá una interacción positiva con los adultos, mientras que los más irritables y llorones se lo pondrán un poco más difícil a los cuidadores.

Sin embargo, los bebés también son capaces de apegarse a varias personas al mismo tiempo ampliando este apego a otros cuidadores, hermanos, abuelos, etc.,  por lo que tendremos en cuenta la influencia de éstos en su formación. Se establece así una jerarquía que se verá afectada por el tiempo que pasa el niño, la implicación, la sensibilidad y la calidad de su cuidado.

Los niños/as que han tenido una base segura de apego, serán capaces de vivir sintiendo y dando más confianza en sus relaciones.