Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

Familias reconstituidas: cómo promover la adaptación de los hijos

nuevas familias

Los tiempos han cambiado y las familias no son una excepción. Hemos pasado del “contigo para toda la vida” a “me voy porque esto no funciona”. En estas circunstancias, los protagonistas son los adultos, aunque los actores de segundo orden son los hijos, quienes han de adaptarse a cambios ajenos a ellos y a su nueva situación. Por este motivo, es recomendable que padres y madres (padrastros y madrastras) gestionen de la mejor manera esta nueva etapa, favorezcan la propia adaptación y ofrezcan un modelo de familia que proporcione estabilidad y bienestar.

Se considera familia reconstituida cuando existe una pareja con al menos un hijo de una relación anterior, excluyendo las que no tienen ningún hijo.

¿Qué diferencia la familia reconstituida de la tradicional?

  • Los límites. En las familias convencionales, las fronteras son biológicas y las condiciones de ser miembro o no están muy bien definidas.  En el caso de las familias reconstituidas, existen dos hogares y los límites no se tienen tan claros.
  • El tiempo en asimilar los cambios suele ser más corto y no sigue las mismas etapas que en la familia convencional (noviazgo, emparejamiento, primer hijo…) El orden de existencia de los hijos es anterior a la constitución de la pareja, dificultando el proceso de adaptación.
  • El tipo de pérdida. En el caso de divorcio o separación, la pérdida se asimila peor que en el caso de la muerte, en el que el duelo se acompaña mediante rituales y apoyo familiar. En las familias reconstituidas puede producirse rechazo, incluso, por parte de los familiares de uno o de ambos miembros de la pareja.
  • Más personas involucradas. Existen al menos tres adultos responsables, o cuatro por lo general. Por tanto, se genera interferencia y/o confusión en los hijos con relación a quién han de hacer caso, si no se determinan con claridad los roles de los nuevos miembros.
  • La casa y la economía. En las familias reconstituidas, a veces se vive en la antigua vivienda de uno de los dos, a diferencia de los hogares tradicionales. También el sistema económico no cuenta en principio con un fondo común.

El éxito de la relación de pareja en este marco dependerá en gran medida de la felicidad de los hijos en la nueva familia y la felicidad de ellos vendrá definida por la buena gestión de la pareja

Pautas para promover la adaptación de los hijos en la familia reconstituida:

  • Ponerse de acuerdo en relación con el lugar de residencia y las finanzas. Es recomendable que sea una vivienda escogida de común acuerdo por los dos. Compartir la economía a partir de la nueva situación genera una mayor satisfacción, respetando lo anterior a la unión y siendo revisable en función de cada caso y necesidades.

 

  • Resolver la pérdida de la relación anterior. Los hijos pasan a ver menos al padre o la madre que no vive con ellos, por lo que, aunque no puedan ni sepan manifestar su añoranza, tendremos que considerar que afectará al estado de ánimo de los hijos y a su conducta.

 

  • Pactar el tiempo para los propios hijos/as. Para que éstos no se sientan abandonados en el plano afectivo, es muy positivo dedicar un tiempo exclusivo a ellos, además del compartido en familia.

 

  • Mantener el espacio. La pareja ha de contar con momentos para establecer una comunicación constructiva, no solamente por la noche cuando todos duermen. Buscad, por ejemplo, una tarde para encontraros sin niños; un fin de semana, si se puede…

 

  • Tratar a todos los hijos con equidad. Teniendo en cuenta las edades, establecer las mismas normas para todos. Evitar decir “tu hijo…”, y procurar llamarle por su nombre, describiendo la conducta. Por ejemplo, “Esta mañana, Tomás no me ha contestado cuando le he dado los buenos días”. Evidentemente, Tomás seguramente está pasando por esta etapa de asimilación y tendrá un humor detestable en más de una ocasión. Por tanto, no hay que tomar esta actitud como algo personal ni etiquetar al hijastro.

 

  • Definir el nuevo papel del padrastro o madrastra y los roles. Según la edad, resultará más o menos fácil. Los más pequeños suelen adaptarse mejor que en la pre o adolescencia. Éstos se rebelan a menudo ante la nueva figura del “padrastro” o “madrastra”, por lo que, si en algo se ha de pecar, será en la tolerancia. Demasiada exigencia podrá provocar rechazo y resentimiento en el adolescente. Si esto ocurre, se resentirá también la relación de pareja, ya que el padre o la madre del hijo/a “rebelde” sufrirá por la situación. Para ayudar a establecer el vínculo, la relación con los hijastros ha de mantenerse en un nivel lúdico al principio, ir cogiendo confianza poco a poco y abstenerse de ejercer la autoridad. Mientras tanto, es preferible que la personas que dictaminen las normas y la disciplina sean el padre o la madre biológicos.

 

  • Reformular las pautas y normas de educación. Encontrar un equilibrio entre la manera de educar de uno y del otro. Pactar tanto lo que no se admite, como lo que queramos potenciar, aplicando refuerzos establecidos previamente.

 

  • Evitar comentarios negativos del ex o de la ex. Los hijos deben estar informados sobre los horarios y visitas que les atañe. Toda comunicación que no sea constructiva perjudica su autoestima, le provoca inseguridad e inestabilidad emocional y, en muchas ocasiones, le genera un deber, que no le corresponde, de defender al progenitor que considere más débil y vulnerable.

 

  • Los padres biológicos son los que toman las decisiones importantes en la vida de sus hijos.

 

  • Mucha paciencia, tolerancia y diálogo. No esperar a tenerlo todo estable en un año ni en dos. Dependiendo del número de miembros de la nueva familia, las edades, vuestra situación emocional y demás condiciones ambientales, va a suponer un proceso en el que no todas las familias reconstituidas sobreviven. No se trata de exigir situaciones justas y racionales, sino de fomentar cuanto antes la adaptación al nuevo hogar mediante el aprendizaje por ensayo y error. Por eso, la tolerancia, la paciencia y la comunicación sin exigencia son buenos aliados para conseguir un clima de cooperación.

 

familia feliz

Las directrices generales señaladas en todo caso se han de ajustar a las necesidades de cada nueva familia en particular para ofrecer las herramientas más adecuadas.

Evidentemente y como en todas las familias, sean éstas tradicionales o reconstituidas, educar con parentalidad positiva fomenta el desarrollo y el bienestar emocional de los niños/as, para que en este microsistema puedan crecer y madurar de forma saludable.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia, en septiembre 16, 2017

 

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

6 estrategias para reforzar la autoestima de tu hijo

Uno de los pilares de la felicidad, la salud y el bienestar de las personas es la autoestima y, pese a que se viene hablando mucho sobre este tema en las últimas décadas, lo cierto es que gran parte de los niños y adolescentes carecen de ella. Ante este hecho, me pregunto si los adultos consideramos relevante y prioritario potenciar la autoestima en los niños, por desconocimiento o porque no consideramos el impacto negativo de su ausencia en el desarrollo integral de los niños.

Si fomentar hábitos de higiene y buen comportamiento en nuestros hijos es fundamental, no menos importante es que adquieran, en base a su temperamento, un carácter decidido, curioso, flexible, adaptable; aumenten la seguridad en sí mismos y se sientan cómodos en las relaciones sociales.

Solemos dar más valor a lo que no tiene valor para ser felices

La autoestima es un concepto muy amplio en el que intervienen diversos factores:

  • De qué manera se reconoce el niño físicamente (autoimagen)
  • Si se siente querido y valorado en su hogar (seguridad afectiva)
  • Qué piensa de sí mismo y cómo le perciben los demás (autoconcepto)
  • La capacidad de recompensarse y realizar actividades placenteras (autorrefuerzo)
  • Las aptitudes que cree poseer para conseguir lo que se propone (autoeficacia)

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida

Detrás de un niño callado y obediente, o irritable y agresivo, puede existir un déficit de autoestima que no le ayudará a desenvolverse en la vida, especialmente en el terreno afectivo y social, y podrá ocasionarle problemas y/o trastornos psicológicos.

Indicadores de un déficit de autoestima:

– Autoexigencia y tendencia al perfeccionismo.

– Miedo excesivo a cometer errores.

– Sensibilidad a las críticas de otros y actitud crítica consigo mismo.

– Sentimientos de vacío y tristeza.

– Dificultad para tomar decisiones cotidianas.

– Retraimiento y dificultad para entablar relaciones sociales.

– Necesidad de llamar la atención.

Factores determinantes:

. Los modelos permisivos en exceso o los modelos exigentes propician no aceptarse. Los primeros contactos se producen primero en la familia y posteriormente en la guardería y en la escuela. Estos agentes influyen en la visión que el niño va adquiriendo. Dependiendo de las frases y de los comentarios de quienes nos educan (padres, madres y docentes), el niño tendrá una percepción negativa o positiva de sí mismo. Los mensajes se graban y se transforman en el diálogo interior del niño, que será el motor de su manera de funcionar.

. Las experiencias en las interacciones sociales irán afianzando la autoestima del niño o, por el contrario, minando su seguridad.

. La autoestima no se mantiene igual a lo largo del tiempo. La adolescencia es la etapa en la que hay mayor déficit, debido principalmente a la transformación de sus cuerpos y a la consciencia de la importancia que otorga la sociedad actual a la imagen y el éxito.

6 estrategias para fomentar la autoestima de tus hijos:

felicidad

  1. Sé consciente de las cualidades de tu hijo. Puedes apuntarlos a medida que descubres sus puntos fuertes. Solemos focalizar la atención en lo que hacen mal, por tanto, hay que dar un giro de 360º a nuestra atención. Estas cualidades las utilizaremos para reforzarle: “Patinas muy bien”, “has preparado la mesa con esmero”, “tienes muchos amigos”, etc.

     Si no se siente aceptado y valorado, el niño no se quiere

  2. Rompe el círculo vicioso. Si estamos dolidos por su comportamiento, es importante que nuestra actitud sea la de querer encontrar algo positivo en él. El adulto es el responsable de romper ese círculo. Por ejemplo, en el momento en que sonríe, o se divierte jugando o entretenido en sus cosas, podemos decirle: “Me alegra verte contento”.

               El juicio que más les duele es el nuestro, porque es el que aprenderán a tener de sí mismos

  3. Dale mensajes positivos realistas en proporción a su conducta. Con frecuencia ponemos etiquetas negativas, cuando los mensajes se han de adecuar a cada momento y en relación a la conducta: “Me gusta cuando estás tranquilo jugando”, en lugar de “Eres incapaz de estar tranquilo”.
  4. Valida su opinión y sus sentimientos. Cuando hable, no descalifiques su opinión por muy descabellada que nte parezca. Acepta su aportación y comenta la tuya desde tu derecho a opinar: “Yo lo veo distinto, ya que…”,“Me parece que…”
  5. Proporcionar dedicación completa en algún momento del día no es lo mismo que permanecer en la misma casa o habitación. Si no puedes, escúchale activa o aprovecha algún comentario para prestarle la máxima atención, sin hacer nada más. Por ejemplo: Paula, ven y leeremos un cuento juntos; Eric, ¿quieres jugar conmigo a cartas?, o, ¿Qué te parece si mañana vamos en bici?”
  6. Habla bien de tu hijo y si comentas algún comportamiento negativo suyo, no lo hagas delante de él, porque las críticas en público son devastadoras. Por el contrario, habla de sus logros cuando esté delante. Por ejemplo: “Marta está aprendiendo a comer sola”, o, “Jorge es capaz de estudiar durante más tiempo en su habitación.”

Valora sus esfuerzos y a corto plazo notarás un cambio en su comportamiento y en sus emociones

Estas son algunas pautas para fomentar una buena autoestima en tus hijos, que han de adaptarse al niño y a la edad. No olvidemos que los padres somos modelos de nuestros hijos y nuestro comportamiento en casa y en la sociedad les sirve de referente. Por tanto, para ayudarles, sería conveniente revisar cómo anda nuestra autoestima y empeñarnos en mejorarla si aún consideramos que hay algún déficit. Todo ello siempre y cuando tengamos la suficiente motivación y creamos que obtendremos un beneficio para nosotros y, por ende, para nuestros hijos

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en septiembre 29, 2017

Tu bebé hacia la independencia

Tu bebé hacia la independencia

Cada bebé tiene un ritmo de evolución que viene marcado por la biología y las experiencias que va adquiriendo. Llegado el momento de gatear, inicia su independencia con los primeros pasos, pudiéndose alejar o acercar de forma voluntaria a las personas u objetos.

La actitud de los padres puede poner trabas a esta maduración o bien facilitar su evolución. Por tanto, es importante comportarse con coherencia y estabilidad para que el bebé se sienta seguro e interesado en descubrir lo que le rodea. Hay niños más curiosos que otros, de modo que es preciso adaptar nuestro comportamiento a su forma de ser.

Tu bebé ha de aprender lo que puede y lo que no puede hacer, y que se le pongan límites con firmeza. Tu expresión y tu tono le sirven de recompensa o de inhibición. Es decir, cuando consigue un logro, mostrarle un tono alegre y una sonrisa es el refuerzo perfecto, ya que aumenta la probabilidad de que lo vuelva a hacer y se motive. Por el contrario, utilizar un tono firme y seco, fruncir el ceño y levantar un dedo, le indicará que ha de inhibir lo que hace, ya sea porque es peligroso o porque no es conveniente en la situación o el momento presente.

Dale siempre señales de amor y ante un comportamiento errático del bebé nunca le digas que no le quieres

Es muy fácil que el bebé se contraríe, se entristezca o incluso que se ponga a llorar. Ante esta última reacción hay que mantener la calma, porque es bueno que exprese sus emociones. Cuando deje de llorar, le podremos abrazar y así aprenderá que nuestra conducta hacia ellos dependerá de cómo se vayan comportando.

Hay algunos padres que penalizan las conductas no deseadas y no premian las correctas o deseables, de modo que el niño se inhibirá y no se sentirá motivado a explorar. El bebé se sentirá seguro e irá aprendiendo saludablemente si va discriminando sus conductas y las adapta en función no sólo de él sino también de los demás, ya que es preciso que aprender a discriminar lo que le puede hacer daño a él y también lo que no conviene a los demás.

Los límites le proporcionan seguridad y sentimiento de protección

En caso de que rompa o tire juguetes, es importante distinguir si lo hace con o sin agresividad. Si lo hace con agresividad, no gritaremos, sino que, con calma y firmeza, le instigaremos a recogerlos. En el supuesto de que lo haga sin agresividad, le dejaremos, porque necesita experimentar para aprender.

Algunos consejos:

  • Con el amor no se juega. Dale siempre señales de amor y ante un comportamiento errático del bebé nunca le digas que no le quieres. El amor a su ser es incondicional. Los límites los ponemos ante sus conductas.
  • Los límites le proporcionan seguridad y sentimiento de protección.
  • Tu bebé no entenderá la palabra “No” hasta aproximadamente los 10 meses.
  • Si no tienes mucho tiempo para estar con tu bebé, no caigas en el error de ser demasiado permisivo/a.

Para que crezca de forma saludable, se sienta querido y feliz en estas primeras etapas, es preciso actuar de forma coherente y tener mucha paciencia cuando comienzan a dar los primeros pasos.

Artículo publicado en el magazine digital “menuda familia, en agosto 16, 2017.

 

Adolescentes conflictivos

Adolescentes conflictivos

La adolescencia es una etapa natural que comporta cambios cruciales en el individuo. Estas transformaciones se viven de forma diferente y van conformando la manera de ser y la tendencia de cada joven. La combinación de su predisposición biológica (temperamento), con la interacción del ambiente (carácter) irá potenciando una personalidad adaptativa y equilibrada o, por el contrario, más disfuncional.

Aunque en todas las épocas ha habido jóvenes desafiantes y difíciles, quizá en la actualidad los padres y las madres se sienten más impotentes ante las conductas disruptivas, desafiantes y agresivas de sus hijos, que les perjudican a ellos y también a los demás.

Un estilo permisivo y tolerante en exceso impide que aprendan a tolerar la frustración

 

¿Cuándo consideraremos que puede ser un trastorno de la conducta?

– Si nos encontramos frente a un adolescente que presenta conductas desproporcionadas, de forma recurrente y con una alta frecuencia.

– Cuando estas conductas le causen sufrimiento, y/o generen un clima tóxico en la familia, la escuela o el trabajo.

Hay adolescentes que sufren y otros no. Pero independientemente de este factor, determinadas conductas explosivas y/o agresiones verbales y/o físicas hay que abordarlas cuanto antes mejor, ya que pueden comenzar a edades más tempranas.

Conocer las herramientas y utilizarlas ayuda a los padres a restablecer el equilibrio del sistema familiar

adolescentes

Cómo ayudarles de forma eficaz

 

  • Aplicar nuestras herramientas. Los padres y las madres disponemos de herramientas que no empleamos, ya sea por temor o por desconocimiento, y propiciamos poco a poco el empoderamiento del adolescente. El resultado es que, progresivamente, el adolescente va dominando la situación y los progenitores van perdiendo su papel educador y, en definitiva, el control.
  • Dotarles de resistencia. La excesiva permisividad es un tipo de maltrato porque les incapacita para tolerar la frustración. Si dejamos que se frustren, que no tengan todo lo que desean, con la inmediatez a la que están acostumbrados, les estamos dotando de resistencia psicológica ante la vida.
  • Ponerse de acuerdo. Ciertos patrones disfuncionales se potencian en un sistema familiar enfermo. No se trata de culpabilizar a los padres, pero sí de alertarles de la importancia que tiene el ponerse de acuerdo en la educación desde el inicio, en la implicación de ambos en la educación de sus hijos y en ejercer un co-liderazgo.
  • Fomentar valores como el respeto y la cooperación en las primeras etapas no es tarea fácil, pero hacerlo facilitará sin duda la labor educativa y un sistema saludable.

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en agosto 6, 2017

Como evitar ser una madre vulnerable

Como evitar ser una madre vulnerable

El otro día, hablando con una amiga, surgió de forma tangencial el tema de las madres que aún no son mayores, tienen alrededor de sesenta años, pero que, debido a su vulnerabilidad tanto física como psicológica, se apoyan por necesidad en los hijos/as. Me refiero al perfil de una madre que ha dejado de trabajar para cuidar de su marido e hijos, o no ha trabajado nunca de forma remunerada, y en ocasiones también ha tenido que ocuparse de sus padres, por no decir incluso de sus suegros.

Este rol encuadrado alrededor de la familia, gratificante para estas mujeres y para los demás, que permite al cónyuge realizarse como proveedor y profesional y a los hijos formarse sin complicaciones, poco a poco puede generar madres que de forma inconsciente esperan cariño, atención y en definitiva la devolución futura del afecto invertido.

¿Cuál es la trampa?

El convencimiento de que esa es en exclusiva su misión en la vida y que hay que sacrificarse en aras de la familia. No importan los guisos, las tareas domésticas, las celebraciones, el mediar en los conflictos para que haya paz, el aguantar muchas veces a familiares dominantes y que se creen con el derecho a opinar y a aconsejar. El resultado es una familia feliz que goza de armonía y bienestar durante años.

Pero estos años pasan, los maridos a veces se van con otras mujeres más jóvenes e independientes; en el peor de los casos, disfrutan de su vida teniendo al margen a esas abnegadas mujeres que les hacen la comida y ellas sienten en solitario el frío de tener un marido que no las considera como pareja de viaje.

Los hijos se van del nido, aunque alguno de ellos se preocupe por el bienestar de su madre. Tanto da, hijo o hija, normalmente hay alguno que vela por su madre, aunque sea a distancia, para que no se sienta sola.

¿Qué ocurre?

Algunas de estas madres se suelen encontrar mal y pueden padecer dolencias físicas de diversa índole que las incapacita para llevar una vida satisfactoria y feliz. Al mismo tiempo, éstas manifiestan sus quejas a los más allegados, con el consecuente efecto contraproducente, puesto que los demás no suelen querer estar al lado de alguien que se queja y requiere más atención.

¿Y entonces qué?

Normalmente, si es el hijo, éste asume el cuidado de su madre de forma paternal y le ayuda en lo que puede. Las hijas, en cambio, suelen no querer convertirse en ellas, vulnerables y débiles, por lo que se esfuerzan en ser todo lo contrario. Mujeres eficaces, eficientes y efectivas, que luchan a toda costa por tener un cuerpo sano, conseguir una independencia económica y en definitiva ser fuertes. Tanto, que confunden la eficacia con tener una buena autoestima y se atrapan en un sinfín de tareas/trabajos/cursos para demostrarse que son libres y no se parecen a sus madres.

Sin ser conscientes, las hijas pueden sentir rechazo hacia la madre débil y a la vez admirar al padre, fuerte e independiente, lo que provoca en las madres más indefensión y el corroborar que no se las quiere suficiente.

Asumir el rol de cuidadora perpetua, tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas

¿Dónde radica el problema?

No hay culpa, es la vida que no brinda a ciertas personas el conocer que tienen valor por ellas mismas. No han aprendido a cuidarse de ellas y ponen a la familia en primer lugar. Con todo esto, no me refiero a que no haya que educar y cuidar a los hijos, pero sí sería preciso enfocar esta educación a que los hijos sean independientes y autónomos, no únicamente en un sentido económico.

El pack no incluye cuidar a la pareja con tanta dedicación, ni tampoco al resto de la familia. Me refiero a los abuelos, quienes, como en algunos países europeos, gozan de ayuda social porque se destina presupuesto para ello. El hecho de asumir este rol de cuidadora perpetua tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas y de forma diferida para el hijo o la hija que se preocupará más tarde por el bienestar de su madre.

¿Cómo cortar este desequilibrio?

Es necesario prevenir esta interacción madre vulnerable-hijo/a, cuidadores obligados por las circunstancias. La mujer, antes que madre, hija o trabajadora, es persona. Una persona que tiene derecho a autorealizarse, a ser independiente, a vivir de forma plena y satisfactoria, no dejándose engañar porque la sociedad así lo ha impuesto, aunque a veces no es posible hacer lo que se desea.

Es importante abrir este “micro mundo” familiar y aportar lo que cada una pueda a la sociedad de la que formamos parte, recibiendo remuneración por ello. Por ti y por los tuyos, para que te sientas orgullosa de educar y aportar tu grano de arena mediante lo que más te guste. Más tarde, cuando tus hijos se vayan de casa o estés sola por los motivos que sean, no podrás entrar en el mercado laboral, con lo cual vas a tener un problema de dependencia que alguien tendrá que asumir, bien sea el estado o tus hijos.

Por otra parte, cuidar de los nietos a tiempo casi completo, cuando la salud lo permite, puede postergar el problema. Disfrutar de los nietos es muy saludable, pero en las dosis adecuadas.

Concluimos mi amiga y yo, que los años pasan y que tarde o temprano el nido se queda vacío. Te das cuenta de que no te has mirado suficiente ni te has parado a pensar qué querías en la vida, además de formar parte de tu familia, por lo que ocuparnos de una buena autoestima nos evita preocuparnos y que, en un futuro, se preocupen de nosotras.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en julio 27, 2017

Fomenta un apego sano con tu bebé

Fomenta un apego sano con tu bebé

Cuando somos padres, focalizamos nuestra atención en aspectos de la salud relacionados fundamentalmente con el crecimiento de nuestro bebé, como pueden ser el peso, los alimentos y la limpieza. Pero además de los cuidados físicos, en esta primera etapa del bebé la interacción con la madre y/o los cuidadores principales adquiere una gran relevancia para su desarrollo integral. Se está construyendo un vínculo que será clave en sus futuras relaciones sociales y afectivas.

Nacemos con una predisposición biológica a vincularnos. Sentimos atracción por los bebés y ellos, por nuestro rostro y voz, de tal modo que se propicia el vínculo emocional o apego.

apego bebe

¿Por qué realizan los bebés conductas de apego?

Cada niño despliega sus conductas de apego, de tal manera que uno llora, otro busca con la mirada… Dependiendo de las experiencias vividas en función de la respuesta del adulto cuidador, el bebé irá desarrollando un tipo u otro de apego.

Cuando el menor está convencido de la incondicionalidad de la figura de apego, del cariño y de la eficacia con la que responderá el adulto ante sus necesidades, sentirá seguridad y confianza. Por el contrario, si no ha sido así, sentirá inseguridad emocional, desconfianza y/o incompetencia. Al mismo tiempo, va creando una imagen mental de sí mismo como persona merecedora o no de cariño y protección. A modo de ejemplo, si un niño se hace daño porque se ha caído, en el caso de tener un vínculo seguro, sabrá que mamá o papá vendrán, ya que para él son figuras de protección y seguridad. Por el contrario, podrían ser figuras de desprotección e inseguridad si aprende que cuando se cae no le hacen caso.

Este apego tiene la función de supervivencia de la especie y de mantener la proximidad con la figura de apego. Más allá, este vínculo modelará las relaciones posteriores.

Sistema de apego vs sistemas de exploración y afiliación

El sistema de apego también se relaciona con el sistema de exploración (interés por el entorno físico y social) y el de afiliación (interés por las personas y establecer relaciones). Si el sistema de apego está activado, las conductas se dirigirán a conseguir la proximidad de la figura de apego, desactivándose los sistemas de exploración y afiliación, por lo que no se interesará por su entorno ni por otras personas.

¿Qué estilos podemos fomentar?

Apego seguro:

La figura de apego se muestra sensible, disponible, coherente y eficaz ante las necesidades del menor, existe una relación de reciprocidad y sintonía.

Este sentimiento de seguridad se va generalizando y el niño desarrollará un modelo interno como persona digna de cariño y protección y con capacidad de influir en las relaciones, mostrándose abierto y positivo ante los demás. Sus conductas serán de llorar o ir hacia la figura de apego, encontrando el consuelo que busca.

Apego inseguro ambivalente:

Unas veces los cuidadores actúan adecuadamente y otras no, por lo que no hay un modelo coherente, sino imprevisible. Por tanto, los niños con este estilo de apego desconfían de la respuesta exagerando las conductas de apego para aumentar las probabilidades de obtener la atención. Tienen pocas conductas de exploración y son cautelosos ante los extraños. Sienten ansiedad ante los momentos de separación de la figura de apego, pero se resisten a ser consolados cuando la figura de apego vuelve, presentando un comportamiento ambivalente. Se muestran más dependientes en las relaciones.

Apego inseguro evitativo:

Los adultos figuras de apego se muestran insensibles o ignoran las necesidades del menor. El niño aprende a disminuir sus conductas de apego, evitando en cierta manera la respuesta del cuidador. Son niños que muestran alta exploración del entorno, independientemente de que la figura de apego esté o no presente. Con desconocidos actúan de la misma forma, sin mostrar preferencia. No suelen tener ansiedad ante la separación y se muestran indiferentes cuando el cuidador regresa. En las relaciones se muestran excesivamente independientes.

Apego desorganizado: 

El cuidador se convierte en fuente potencial de protección, pero al mismo tiempo sienten temor, por lo que el niño tiene dificultades para encontrar una estrategia. El comportamiento de los niños suele ser de confusión y desorientación, con una mezcla de aproximación y evitación hacia la figura de apego, y con conductas repetitivas (por ejemplo, el balanceo). Suele ocurrir ante el maltrato infantil.

Cabe señalar que niños y niñas no mostrarán necesariamente un estilo de apego puro, sino que cada uno tendrá su estilo en particular que se identificará en mayor o menor medida con uno de los descritos.

vinculo bebe

¿Cómo evoluciona el apego?

  • Desde el nacimiento a los 3 meses. No es capaz de diferenciar una persona de otra.
  • 3-6 meses. Tienen preferencia hacia los cuidadores principales sin manifestar rechazo a los desconocidos.
  • 6 meses-1 año. El bebé muestra una clara preferencia por sus cuidadores principales, que se manifiesta en conductas de apego que tratan de mantener la proximidad con la figura de apego. Empiezan a mostrar un rechazo explícito hacia los extraños, unido a una fuerte dependencia física de la figura de apego. En torno a los 8 meses suele situarse el momento en el que la mayoría de niños ya han establecido un fuerte vínculo de apego con su cuidador principal.
  • A partir del año. El apego sigue evolucionando y su maduración en general le permite alcanzar una mayor autonomía e independencia física de la figura de apego. Acepta separaciones breves y un menor contacto físico. Los modelos mentales se van volviendo progresivamente más sofisticados.
  • 2-3 años. Comprende mejor los sentimientos y los objetivos de los demás y pueden llegar a consolarse simplemente pensando en sus figuras de apego sin tener que estar físicamente a su lado. Este avance le permite una mayor tolerancia a separaciones más largas y las conductas de apego se activan con menos facilidad. Los modelos mentales de apego ahora ya no son tan primitivos pudiendo planear y controlar más su conducta. No obstante, las conductas de apego se pueden reactivar en momentos de estrés (enfermedad, llegada de un nuevo hermano, etc.).
  • 5-6 años: Las conductas de búsqueda de proximidad física y mantenimiento de contacto físico son cada vez más infrecuentes, sustituyéndose principalmente por intercambios verbales, y cobrando aún más importancia la confianza en la disponibilidad de la figura de apego.

¿Qué factores influyen en el apego?

Por un lado, influyen las características del cuidador como la personalidad y las experiencias previas, además de la propia historia afectiva, la autoestima y la estabilidad. Por otra parte, el temperamento del bebé puede condicionar nuestra respuesta, ya que en la medida en que éste sea más tranquilo y fácilmente consolable favorecerá una interacción positiva con los adultos, mientras que los más irritables y llorones se lo pondrán un poco más difícil a los cuidadores.

Sin embargo, los bebés también son capaces de apegarse a varias personas al mismo tiempo ampliando este apego a otros cuidadores, hermanos, abuelos, etc.,  por lo que tendremos en cuenta la influencia de éstos en su formación. Se establece así una jerarquía que se verá afectada por el tiempo que pasa el niño, la implicación, la sensibilidad y la calidad de su cuidado.

Los niños/as que han tenido una base segura de apego, serán capaces de vivir sintiendo y dando más confianza en sus relaciones.

 

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en julio 15, 2017

3 errores que pueden costarte la vida

3 errores que pueden costarte la vida

La conciencia situacional, o habilidad para comprender el entorno que nos rodea, es un conocimiento que forma parte de la educación integral en países como Finlandia y también está perfectamente integrado en los cuerpos de seguridad de nuestro país.

La escena más anodina de la vida real puede llegar a convertirse en una situación de riesgo en un momento dado. De modo que salvarte, o salvar la vida de tus hijos, dependerá de que tengas unas buenas capacidades físicas y aptitudes psicológicas desarrolladas.

Evaluar con detalle el entorno, estar en forma, reaccionar adecuadamente y no bloquearte, son factores de la conciencia situacional que pueden ayudarte a actuar de forma correcta en una situación crítica.

Sin embargo, esta capacidad de discernir el alcance de nuestra respuesta no se enseña, por lo que es conveniente conocer tus fortalezas y debilidades para ser más eficaz y cometer menos errores.

Adquirir estas habilidades te servirá no sólo para protegerte, sino también para transmitir a tus hijos la cultura de la seguridad de un modo natural, con el objetivo de que ellos mismos sean capaces, con el tiempo, de hacerlo solos.

Los principales incidentes son consecuencia de errores humanos 

¿Cuáles son los errores más graves que cometemos?

  • Errores de atención-percepción:

No identificar correctamente, o interpretar de forma errónea las situaciones o los estímulos. Aquí entrarían los clásicos despistes: “No lo vi”, “no me di cuenta”, “creía que estaba más lejos”, “estaba distraído”, etc. Por ejemplo, no ver que se acerca alguien con intención de robar, no darse cuenta de que no da tiempo de cruzar la calle…

atención robo

 

  • Errores en la toma de decisiones:

No percibir el riesgo, o, si se identifica, hacerlo demasiado tarde. Es posible que no te sientas capaz de enfrentarte a la situación, por tu nerviosismo, y te bloquees. Un ejemplo sería continuar en un lugar que cada vez está más repleto de gente, sin saber dónde están las salidas de emergencia, ni comprobar que dichas salidas pueden estar bloqueadas.

puerta cerrada

  • Errores en la conducta motora:

Bien sea por falta de habilidad, o por necesitar más tiempo para reaccionar de forma eficaz. Aparecen dificultades para pasar del automatismo a la ejecución voluntaria de la acción. En este caso, a pesar de haber observado lo “inusual” de una situación, de saber qué hacer en caso de peligro, no dominamos la defensa por falta de entrenamiento. En este ejemplo, las artes marciales sirven para reaccionar con rapidez y no lesionarnos.

rapidez de reacción

 

Darse cuenta de una amenaza antes de que pueda ocurrir, incrementa la probabilidad de ponerse a salvo

 

Más allá de la seguridad vial, y a modo de juego, puedes explicar a tus hijos, sin infundir temor, qué pueden hacer en cada situación, tanto si se encuentran en casa como en la calle, o el colegio: qué hacer si se incendia el secador, si te desmayas y no hay más adultos, a quién han de llamar en caso de emergencia, etc.

Aprovechando las múltiples ocasiones que nos proporciona la vida real, les enseñarás a evaluar la situación, a tomar decisiones y a solucionar problemas. Las artes marciales y otros deportes les ayudarán a desarrollar las habilidades perceptivo-motoras y a reaccionar con rapidez y precisión.

Observar todo lo que podamos relajadamente (personas, objetos), orientarnos bien en el espacio, detectar lo anómalo (comportamientos tensos, movimientos fuera de la normalidad, personas peculiares), elaborar planes en caso de emergencia o conocer posibles vías de escape, son formas de responsabilizarnos de nosotros mismos y de adoptar una actitud proactiva en conciencia situacional, en aras de una mayor garantía de seguridad y eficacia.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia” en julio 6, 2017

 

Reconquistar al adolescente

Reconquistar al adolescente

Vas de aquí para allá, ocupándote de tus hijos y de un sinfín de quehaceres. Y de repente, un día te das cuenta de que esas charlas que tenías con tus “peques” mientras ibas en el coche, estabais en el baño, en la cocina, o en otros lugares “poderosos”, se han esfumado…

La adolescencia es una etapa con mucha variabilidad, entre y dentro de las familias. Los hijos están en un proceso de cambio y de descubrimiento y los padres no somos perfectos, por lo que, dependiendo del tipo de comunicación que hayamos potenciado durante la infancia, nos será más o menos llevadera.

¿Qué ha ocurrido?

Tus hijos han llegado a un período en el que tú ya no eres su referente. En esta etapa están influenciados por su grupo de iguales y admiran más a los bloggers de Youtube que a ti. Hablan y comentan sus problemas con sus colegas sin ningún problema y a ti te dejan de lado, sin explicarte lo que tanto esperas y quieres saber.

Si tenías una comunicación eficiente con tus hijos en la infancia, tan solo has de seguir esforzándote por hacerlo lo mejor posible para conseguir una buena relación y ayuda. Si lo has hecho un poco peor, tendrás que armarte de paciencia e implicarte aún más son el objetivo de no llegar a vivir como huéspedes bajo el mismo techo.

¿Cómo mejoro la comunicación?

  • Acepta los cambios en esta metamorfosis, son necesarios y adaptativos para ellos.
  • Escucha, escucha y escucha. Es clave que, cuando hablen, aunque sea poco, muestres una actitud con voluntad de escucha activa. La calidad es mejor que la cantidad.
  • Focaliza la atención en tu hijo adolescente para mostrarle tu interés.
  • Propicia un mayor contacto, mirándole a los ojos
  • Repite con otras palabras y brevemente lo que has entendido: “Así que te lo has pasado bien en…”
  • Detecta tus emociones de enfado o de rabia y, si son intensas, espera a dialogar en otro momento.
  • Valida sus emociones y sentimientos: “Entiendo cómo te sientes…”
  • Incita a que busque una solución y aprenda a negociar: “¿Cómo podríamos resolver esto? ¿Se te ocurre una manera mejor…?” Mantén un equilibrio entre control y autonomía.

¿Qué no debo hacer?

  • Interrogar: “¿Dónde has estado?, ¿Con quién?, ¿Por qué…?
  • Sermonear: “Cuando yo tenía tu edad…”, “Antes no había estos problemas…”
  • Juzgar: “Esto no puede ser…” “¡Cómo has podido…!” “¿Crees que es normal que…?”
  • Etiquetar, menospreciar, insultar, comparar, criticar: “Eres un torpe, tonto…”, “Tu hermano sí que…”

Si tu objetivo es potenciar el diálogo, conocer sus intereses y que se rodeen de un ambiente positivo, ocúpate de cuidar la comunicación, tanto la verbal como tu lenguaje corporal. Un estilo autoritario e impositivo que utilice amenazas, sarcasmos, con poca efectividad y afectividad, te alejará de conseguirlo.

Por un lado, es importante que muestres una actitud de acercamiento, afecto, buena información y regulación emocional. Por otro, que abandones la intolerancia, la fuerza y las excesivas “dosis de razón”. Esta fórmula te ayudará a recuperar o a mantener la comunicación, y a evitar que tu casa se convierta en un campo de batalla, o en un cementerio.

Ten presente que los valores que tus hijos han aprendido de pequeños no han desaparecido. Si sabes llevarlo bien, vendrá a ti más de lo que imaginas. Cuando más lo necesiten, buscarán a un padre y a una madre receptivos y comprensivos que estén dispuestos a escucharles y a aconsejarles.

Artículo original publicado en la revista digital magazine “menuda familia” en julio 2, 2017

 

Aprendiendo a comunicarse

Aprendiendo a comunicarse

Generalmente, madres y padres hablan a sus bebés con el cariño, el tono y la sensibilidad que se requiere. Y lo cierto es que el niño sólo aprende si le hablas. Antes de llegar a balbucear, manifiesta sus sentimientos de forma innata a través de la expresión de su cara, de modo que los sentimientos de agrado o de satisfacción los muestra con una sonrisa y los de dolor o disgusto, con una mueca. Estos movimientos del rostro y del cuerpo son su forma de hablar.

Cuando tiene algunos meses, es sensible a la tonalidad, a la musicalidad y a las expresiones de los rostros de los cuidadores. El balbuceo ya está marcado por la lengua, aunque se parece mucho entre los diferentes países.

El bebé está dotado desde que nace y hasta aproximadamente los 6 meses para todas las lenguas, pero prefiere la lengua que ha oído en el útero, la materna. Alrededor de los 8 meses, las entonaciones y acentuaciones se van diferenciando según el idioma y, en los diez primeros meses, el niño está predispuesto para hablar en cualquier lengua. Este balbuceo aparece de forma brusca, primero con una sílaba aislada y, luego, con una serie de sílabas repetidas y sonidos variados.

Sus primeras palabras son “papá” y “mamá” y, aunque en realidad no llama a los padres, le sirven para animar a sus progenitores a interactuar más con él. De hecho, no establece ninguna diferencia en esta etapa entre ambos, aunque los dos pertenecen a la categoría de “padres”.

Existen grandes diferencias entre los niños en el desarrollo del lenguaje

A partir de los 15 meses, comprende unos cientos de palabras que no puede expresar y a medida que crece va produciendo las que conoce hasta pronunciar frases. En esta etapa, da largos discursos jugando con las entonaciones.

A los 2 años mejora la pronunciación, e imitar las muecas de los adultos es uno de sus juegos preferidos. Entre los 24 y 36 meses adquiere una palabra cada hora, aproximadamente.

Las “palabrotas” llegan hacia los 2 años y medio o 3; dirá caca, pipí, culo, etc. por placer, porque se encuentra en la etapa de la adquisición del sentido de la limpieza y para conocer los límites impuestos por los adultos.

Alrededor de los 3 años, el vocabulario del niño se amplía mucho, construye frases más complicadas y utiliza el habla para acompañar y reforzar sus acciones, por lo que es posible que lo descubramos hablando solo. Es la edad de empezar a hacer preguntas y de descubrir el “yo”.

Algunos consejos:

  • Escucha su balbuceo. Utilizará diferentes melodías y ritmos, dependiendo de sus necesidades.
  • Juega con tu bebé. Además de establecer una buena interacción, le facilita el acceso al lenguaje. Uno de sus juegos preferidos es imitar las muecas que les hacemos.
  • Usa la forma interrogativa de las frases. No es capaz de responder, pero le incita al diálogo y a la elección.
  • Su aparato fonador es distinto del adulto. Si imitas sonidos con “r” (ruidos del motor de un coche o de una moto) o le cantas canciones en las que se escuche este sonido, le ayudarás a adquirirlo.
  • En el caso de bilingüismo, es recomendable que cada uno le hable siempre en su idioma, para que tenga referencias fijas. Pueden aprender de dos a tres lenguas más.
  • Léele cuentos a partir de los 10-11 meses. Ampliarás su mundo.
  • Para facilitar su aprendizaje, a partir de los 2 años no le hables como a un bebé, aunque sus palabras no sean correctas.
  • Hacia los 3 años. da respuestas claras, sencillas e inmediatas a sus preguntas. Evita que tu hijo tenga la impresión de que le escondes algo. Evita responderle con rodeos, bromas o demasiados detalles.

Existen grandes diferencias entre los niños en el desarrollo del lenguaje. Unos son más precoces que otros y,  no se considera que haya problemas en el habla antes de los 3 años de edad.

Te animo a que aproveches cualquier rato para contarle cuentos y hablarle de forma tranquila y clara. Los padres, las madres y otros cuidadores son esenciales para impulsar el desarrollo del lenguaje.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia” en julio 1, 2017

 

 

Qué esperas de tu bebé

Qué esperas de tu bebé

Desde recién nacidos, ya puedes observar que cada bebé es diferente, no sólo por su aspecto físico, sino también por su manera de ser. Hay bebés que duermen plácidamente, mientras que otros no paran de moverse. Más adelante, en los primeros meses, irás confirmando si tu bebé tiene un temperamento con tendencia a la tranquilidad, o, por el contrario, a la actividad.

Estas diferencias que detectas durante la primera etapa condicionarán el modo en que le vas a tratar. Por ejemplo, un bebé que es muy activo y nace en una familia no acostumbrada a ello, contrastará más que si los padres son deportistas y están acostumbrados al movimiento. De la misma manera, el bebé también te irá dando feedbacks, estableciendo una interrelación contigo.

Observarás que si coincide la manera de ser de tu bebé con tus expectativas se producirá mayor empatía y bienestar. Hay padres y madres que saben adaptarse muy bien a su bebé, lo que significa que no pretenden que sea de otro modo.

Aceptar el temperamento de tu bebé incrementará su bienestar y mejorará vuestra interacción 

Pero, independientemente de los padres, los bebés tienen su propia individualidad; es decir, algunos lloran todo el día y otros sólo se despiertan para comer, de modo que su comportamiento puede facilitarte la vida o ponerte a prueba.

En los casos más difíciles, te recomiendo que intentes cambiar tu punto de vista, en lugar de querer “educar” ya a tu bebé. Mantén la calma y acepta que tu hijo/a es así, al menos por el momento, ya que, en un temperamento de base determinado iremos modelando su carácter sin darnos cuenta, hasta que podamos hablar de personalidad en su juventud.

Pautas para disfrutar de tu bebé:

  • Asume su temperamento, aumenta tu comprensión hacia él/ella. No te empeñes en que sea diferente.
  • Enfócate hacia la paciencia, dale cariño incondicional.

Estas indicaciones incrementarán el bienestar de tu bebé y mejorará vuestra interacción. Aunque no entienda las palabras, el bebé capta tu tensión, tu tono de voz, tu respiración…

Te recomiendo que inviertas tiempo y paciencia, ya que tu bebé tiene mucho por ofrecerte. En esta etapa, es decisivo para su evolución construir una buena interacción basada en el amor, la ternura, la paciencia y la comprensión.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia” en junio 11, 2017