Como evitar ser una madre vulnerable

Como evitar ser una madre vulnerable

El otro día, hablando con una amiga, surgió de forma tangencial el tema de las madres que aún no son mayores, tienen alrededor de sesenta años, pero que, debido a su vulnerabilidad tanto física como psicológica, se apoyan por necesidad en los hijos/as. Me refiero al perfil de una madre que ha dejado de trabajar para cuidar de su marido e hijos, o no ha trabajado nunca de forma remunerada, y en ocasiones también ha tenido que ocuparse de sus padres, por no decir incluso de sus suegros.

Este rol encuadrado alrededor de la familia, gratificante para estas mujeres y para los demás, que permite al cónyuge realizarse como proveedor y profesional y a los hijos formarse sin complicaciones, poco a poco puede generar madres que de forma inconsciente esperan cariño, atención y en definitiva la devolución futura del afecto invertido.

¿Cuál es la trampa?

El convencimiento de que esa es en exclusiva su misión en la vida y que hay que sacrificarse en aras de la familia. No importan los guisos, las tareas domésticas, las celebraciones, el mediar en los conflictos para que haya paz, el aguantar muchas veces a familiares dominantes y que se creen con el derecho a opinar y a aconsejar. El resultado es una familia feliz que goza de armonía y bienestar durante años.

Pero estos años pasan, los maridos a veces se van con otras mujeres más jóvenes e independientes; en el peor de los casos, disfrutan de su vida teniendo al margen a esas abnegadas mujeres que les hacen la comida y ellas sienten en solitario el frío de tener un marido que no las considera como pareja de viaje.

Los hijos se van del nido, aunque alguno de ellos se preocupe por el bienestar de su madre. Tanto da, hijo o hija, normalmente hay alguno que vela por su madre, aunque sea a distancia, para que no se sienta sola.

¿Qué ocurre?

Algunas de estas madres se suelen encontrar mal y pueden padecer dolencias físicas de diversa índole que las incapacita para llevar una vida satisfactoria y feliz. Al mismo tiempo, éstas manifiestan sus quejas a los más allegados, con el consecuente efecto contraproducente, puesto que los demás no suelen querer estar al lado de alguien que se queja y requiere más atención.

¿Y entonces qué?

Normalmente, si es el hijo, éste asume el cuidado de su madre de forma paternal y le ayuda en lo que puede. Las hijas, en cambio, suelen no querer convertirse en ellas, vulnerables y débiles, por lo que se esfuerzan en ser todo lo contrario. Mujeres eficaces, eficientes y efectivas, que luchan a toda costa por tener un cuerpo sano, conseguir una independencia económica y en definitiva ser fuertes. Tanto, que confunden la eficacia con tener una buena autoestima y se atrapan en un sinfín de tareas/trabajos/cursos para demostrarse que son libres y no se parecen a sus madres.

Sin ser conscientes, las hijas pueden sentir rechazo hacia la madre débil y a la vez admirar al padre, fuerte e independiente, lo que provoca en las madres más indefensión y el corroborar que no se las quiere suficiente.

Asumir el rol de cuidadora perpetua, tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas

¿Dónde radica el problema?

No hay culpa, es la vida que no brinda a ciertas personas el conocer que tienen valor por ellas mismas. No han aprendido a cuidarse de ellas y ponen a la familia en primer lugar. Con todo esto, no me refiero a que no haya que educar y cuidar a los hijos, pero sí sería preciso enfocar esta educación a que los hijos sean independientes y autónomos, no únicamente en un sentido económico.

El pack no incluye cuidar a la pareja con tanta dedicación, ni tampoco al resto de la familia. Me refiero a los abuelos, quienes, como en algunos países europeos, gozan de ayuda social porque se destina presupuesto para ello. El hecho de asumir este rol de cuidadora perpetua tiene a la larga un coste físico y psicológico muy alto para ellas y de forma diferida para el hijo o la hija que se preocupará más tarde por el bienestar de su madre.

¿Cómo cortar este desequilibrio?

Es necesario prevenir esta interacción madre vulnerable-hijo/a, cuidadores obligados por las circunstancias. La mujer, antes que madre, hija o trabajadora, es persona. Una persona que tiene derecho a autorealizarse, a ser independiente, a vivir de forma plena y satisfactoria, no dejándose engañar porque la sociedad así lo ha impuesto, aunque a veces no es posible hacer lo que se desea.

Es importante abrir este “micro mundo” familiar y aportar lo que cada una pueda a la sociedad de la que formamos parte, recibiendo remuneración por ello. Por ti y por los tuyos, para que te sientas orgullosa de educar y aportar tu grano de arena mediante lo que más te guste. Más tarde, cuando tus hijos se vayan de casa o estés sola por los motivos que sean, no podrás entrar en el mercado laboral, con lo cual vas a tener un problema de dependencia que alguien tendrá que asumir, bien sea el estado o tus hijos.

Por otra parte, cuidar de los nietos a tiempo casi completo, cuando la salud lo permite, puede postergar el problema. Disfrutar de los nietos es muy saludable, pero en las dosis adecuadas.

Concluimos mi amiga y yo, que los años pasan y que tarde o temprano el nido se queda vacío. Te das cuenta de que no te has mirado suficiente ni te has parado a pensar qué querías en la vida, además de formar parte de tu familia, por lo que ocuparnos de una buena autoestima nos evita preocuparnos y que, en un futuro, se preocupen de nosotras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *