Miedo a la oscuridad

Miedo a la oscuridad

El miedo a la oscuridad y a la noche se llama nictofobia.  Es un miedo ancestral, universal y adaptativo para la supervivencia de la especie, ya que en la oscuridad nuestros depredadores tienen una buena visión y nosotros no. Las imágenes de hurtos, asesinatos y sucesos escabrosos suceden frecuentemente por la noche y por eso no es extraño asociar la oscuridad con el peligro. Aunque vemos estas imágenes en la ficción y sabemos que normalmente no suceden en la realidad, nuestra mente las codifica como algo terrible que afecta a nuestra seguridad. El hecho de que nos llegue información de casos reales a través de los medios de comunicación contribuye a fijar más en nuestro cerebro esta asociación.

Cuando el miedo a la oscuridad se convierte en fobia

Llega un momento en que el miedo a la oscuridad nos gana la batalla y sufrimos sus estragos a nivel físico, con síntomas como temblores, molestias en el estómago e intestino, taquicardia, encogimiento de hombros, etc. Entonces empezamos a desplegar rituales para tranquilizarnos, que no nos ayudan a conciliar el sueño ni a dormir relajados. Encendemos una luz piloto, no bajamos del todo las persianas, nos aferramos a las sábanas, nos colocas de cara a la puerta y tardamos un buen rato en apagar la luz de la mesita de noche.

¿Qué sucede?

El origen de esta activación está en nuestros pensamientos automáticos, que giran en torno a la amenaza de que entre alguien en mi habitación o me suceda algo malo. La oscuridad o el anochecer es una alarma que dispara la alerta y puede provocarnos insomnio en la fase de conciliación del sueño y durante el curso de la noche.

Lo que sucede es que el miedo en nuestra imaginación es igualmente angustiante que el miedo ante una situación real. Es más, sabemos lo absurdo e irracional que puede ser, pero no podemos quitárnoslo de la cabeza, ni tampoco el sentimiento de control para protegernos.

El hecho de estar a oscuras y no tener información visual podemos asociarlo a la falta de aire y a la sensación de morir ahogados por estar encerrados en un lugar en el que se acabará el oxígeno, como sucede en la claustrofobia.

Para superar un miedo, hay que enfrentarse a él

Centrarse en la solución del problema permite superarlo sin mucha dificultad. Sin embargo, no se suele abordar porque las personas que lo sufren tienen vergüenza de admitir que lo padecen y creen que el paso del tiempo les ayudará a sobreponerse.

Mientras dormimos se organizan las conexiones del cerebro, imprescindibles para el desarrollo cognitivo. La oscuridad es necesaria para conciliar el sueño. Con la oscuridad se libera la hormona del sueño llamada melatonina y nuestro cerebro entra en el modo reposo. Sin embargo, la luz activa la actividad de la corteza cerebral y la pone en modo vigilia. Por este motivo es mejor dormir sin luz para favorecer la conciliación del sueño y evitar también la luz azul de los dispositivos electrónicos que la activan sustancialmente.

El miedo a la oscuridad en los niños

Los niños/as perciben peligros cuando tienen que ir a dormir solos, ya que la ausencia de luz junto con su gran imaginación les adentra en un mundo de fantasía en donde los monstruos más terribles pasean a sus anchas. Este miedo les sirve de aprendizaje para superar los retos y situaciones difíciles de la vida.

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El miedo a la oscuridad se hace consciente alrededor de los 3-4 años, en el que la imaginación juega un papel relevante y se considera normal que hasta los 7-8 años los niños tengan pesadillas y/o terrores nocturnos. Si en esta etapa aprenden a hacer frente a su miedo, se sentirán más seguros poco a poco y no necesitarán la compañía de los adultos.

A los padres y madres nos preocupa que este miedo perjudique a nuestros hijos en las horas de sueño que necesitan para su desarrollo. La falta de sueño afecta en el comportamiento, el estado de ánimo, la atención y la memoria, con consecuencias en el rendimiento escolar.

Pautas para ayudar a los niños a superar el miedo a la oscuridad:

En las edades en las que el miedo a la oscuridad es evolutivo (3-7 aprox.) podemos hacer lo siguiente:

  • Mostrar comprensión ante su miedo y no compararlo ni ridiculizarlo.
  • Desmontar la idea dicotómica de que la oscuridad significa siempre peligro y que la luz es sinónimo de tranquilidad y compañía.
  • Favorecer el aprendizaje evitando la sobreprotección: saber enfrentarse a la oscuridad en situaciones que no sean potencialmente peligrosas.
  • Atenderlos con calma y paciencia si lloran o están ansiosos, enseñándoles a tolerar la oscuridad y la soledad progresivamente. Un niño no atendido en edades tempranas tendrá una carencia emocional.
  • Utilizar juegos en la oscuridad (de día), contar cuentos  en los que los niños se puedan identificar con los protagonistas.

Como apunta el Observatorio de Salud de la Infancia y de la Adolescencia de la Fundación FAROS del Hospital Sant Joan de Déu, se ha de enseñar a los niños a superar el miedo como parte del aprendizaje en la etapa de crecimiento. Ha publicado el cuento “Mamá, ¡tengo miedo! en el que Laia, su protagonista tiene miedo a la oscuridad.

El libro Qué puedo hacer cuando Me Da Miedo irme a la cama, de Dawn Huebner, publicado por Tea Ediciones, sirve de pauta para los padres para poner en práctica las nuevas estrategias y normas.

También la colección de “Los PsicoCuentos” de la Editorial Pirámide, brinda consejos para ayudarles en sus preocupaciones y miedos. En el caso del miedo a la oscuridad, recomendamos el cuento Álex en una misión secreta.

Ante el niño de más edad que no puede superar este miedo, es recomendable valorar la intensidad y la frecuencia para tratar este miedo lo antes posible y prevenir la instauración de la fobia.

El miedo a la oscuridad en adolescentes y adultos

En adolescentes y/o adultos, tener miedo a la oscuridad implica que hay que poner en marcha una serie de estrategias para ir a dormir con tranquilidad y no temer las situaciones de oscuridad.

Estas estrategias en la actualidad se aprenden con mayor facilidad con un protocolo de tratamiento que incluye la Realidad Virtual  porque facilita el aprendizaje.

Este protocolo está adaptado a cada persona, de manera que se aprende a no necesitar estar acompañado, o a no tener que realizar los rituales de seguridad.

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De la misma manera, el miedo a las tormentas también se supera fácilmente con esta herramienta, ya que uno de los grandes inconvenientes es su imprevisibilidad y la falta de frecuencia, que se solventa con los escenarios que ofrece la Realidad Virtual.

En definitiva, hemos de aprender a discriminar la situación de riesgo real de la imaginaria y a sentirnos seguros por nuestros propios medios, tanto en relación con la oscuridad, como con las tormentas.

Artículo original publicado en el magazine digital “menuda familia”, en noviembre 23, 2017.

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