“Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”. Michel de Montaigne

el miedo

el miedo

Existe mucha información sobre la ansiedad y los estragos que causa a las personas, por los síntomas que se sufren, los pensamientos negativos acerca del futuro y la manera de comportarse unas veces evitando lugares, personas, objetos y un sinfín de situaciones y otras soportándolo cuando no hay más remedio.

Esta sociedad propicia individuos neuróticos, al fomentar en las personas la “necesititis” o lo que es lo mismo, no poder prescindir de muchas cosas de las que realmente podríamos, como la comodidad, el prestigio, etc. No me refiero aquí a cubrir las necesidades básicas como un lugar para vivir y la alimentación.

Otras veces, no queremos decepcionar a nuestros familiares que “desean” lo mejor para nosotros, como un buen puesto de trabajo, buenas notas…y/o a nosotros mismos, si somos demasiado perfeccionistas y nos exigimos con innumerables “debería”, o “tendría que”.

Hay diferencias individuales en cuanto a predisposición biológica (lo heredado) y a las experiencias que ha tenido cada uno/a durante la vida (lo aprendido). Por este motivo cuando nos pasan acontecimientos puntuales o duraderos más o menos aversivos, o difíciles, reaccionamos de una manera u otra en función de muchos factores.

A medida que sufrimos más, y no lo gestionamos adecuadamente con estrategias personales y/o soporte familiar o social, podemos llegar a padecer algún tipo de trastorno de ansiedad.

La ansiedad es una emoción universal que nos protege ante los peligros y tiene la función adaptativa de podernos escapar o luchar ante una situación peligrosa. Por tanto, es un sistema que nos alerta y nos activa para la supervivencia. Esta ansiedad no es patológica.Unos niveles medios de ansiedad nos sirven para estar más motivados y funcionar, como es el caso de presentarnos a una entrevista laboral, o un examen.

Sin embargo, ante situaciones que no son peligrosas, podemos sentir sensaciones muy desagradables hasta llegar a un ataque de pánico, de forma que nos bloquean y nos paralizan impidiendo conseguir nuestros objetivos.

Las emociones que sentimos son el resultado de como interpretamos las situaciones y del significado particular que tienen para que cada persona.  

La Ansiedad está asociada con pensamientos en el presente, de amenaza o peligro, por ejemplo, pensar que vamos a enfermar, que en cierto lugar corro peligro, que vamos a hacer el ridículo, decepcionar a los demás, etc.

Así el factor clave es lo que uno percibe, ya que lo que para una persona puede ser inofensivo y no le activa, para otra puede significar una amenaza.

Vivimos en una sociedad en la que la inmediatez y la eficacia son los valores muy importantes. Es muy frecuente que tras un periodo de estrés continuado o de acontecimientos vitales significativos haya un desajuste y se incremente la inquietud y la preocupación, resistiéndose nuestro bienestar y salud.  Hay un tiempo de adaptación en el que poco a poco nos vamos recuperando. Otras veces no ocurre así en función de como somos, como estamos, si contamos con apoyo social, si hacemos actividades placenteras, etc. Puede que entonces la persona sea más vulnerable y ante esta vulnerabilidad física, suele aparece la psicológica, sintiéndose incapaz de gestionar la ansiedad, lo que da lugar al miedo al miedo.

Se puede asociar la ansiedad a determinados lugares y/o situaciones. Por ejemplo en la ansiedad social, se evitan las reuniones y la interacción con varias personas, o tener miedo a conducir, al avión, etc. Cuando el miedo es muy intenso y desproporcionado entonces hablamos de fobia. 

Ocurre entonces que estas situaciones se evitan o se viven con mucha ansiedad, por lo que hay una interferencia en la cotidianidad que además se puede cronificar. Es conveniente en las primeras fases acudir al psicólogo/a puesto que con medicación no se descondicionan las Fobias, se atenúa la intensidad de los síntomas pero no se le ayuda a la persona a enfrentarse a sus miedos.

“¿Qué le sucede al hombre que ha huido frente a su miedo? No le ocurre nada, sólo que no aprenderá nunca”. Carlos Castaneda

En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, APA, están todas las descripciones y los síntomas para diagnosticarlos.

Mediante estos criterios objetivos tenemos un lenguaje común los profesionales de la salud. No es el único manual que tiene un sistema de clasificación, pero el DSM, es el más aceptado y actualmente está actualizado en su versión 5.

Existen diferentes tipos de ansiedad y fobias:

-Trastorno de ansiedad por separación (de las personas de apego significativas)

-Fobia específica (a un objeto o situación)

-Trastorno de ansiedad social (situación en la que una persona se siente observada)

-Trastorno de pánico (ataques de pánico imprevistos recurrentes)

-Agorafobia (miedo intenso a los transportes, espacios abiertos, fuera de casa…)

-Trastorno de ansiedad generalizada (preocupación excesiva en relación a diferentes temas)

Lejos de quedarnos en etiquetar, la psicología trata de comprender cómo has llegado hasta aquí, qué factores mantienen tu trastorno y de qué manera puedes salir del “bache”, consiguiendo un bienestar.

​Con el tratamiento psicológico de enfoque cognitivo-conductual, podrás superar tus miedos y llevar una vida normal. Es importante ayudarte a averiguar porque la ansiedad y/o los ataques de pánico persisten, motivarte para el cambio deseado, modificando los factores relacionados con el mantenimiento del problema. El psicólogo/a te va guiando para que puedas “descatastrofizar”, reinterpretando de una manera más realista, buscando evidencias, y considerando más alternativas.

Complemento la psicoterapia con la herramienta de Realidad Virtual para el tratamiento de la ansiedad y/o fobias puesto que tiene muchas ventajas, entre las que destaca que puedas exponerte a las situaciones temidas de forma cómoda y eficaz en la misma consulta.

Si crees que puedo ayudarte, llámame al 687562197 y te informaré sin ningún compromiso. Si lo prefieres también puedes visitarme en la Calle Balmes, 92 de Barcelona. Puedes enviarme un correo a psicologiamorali@gmail.com o llamarme para reservar tu sesión.

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