“Solo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente.” 

Marcel Proust

duelo

 

En la actualidad la sociedad en la que vivimos no vive la muerte ni el duelo como antaño. Se velaba al muerto en casa, y todos los familiares y allegados tenían ocasión de despedirse y compartir estos momentos tan íntimos en un entorno muy cercano. Tanto niños como adultos vivían este acontecimiento juntos. Sin embargo, la manera de gestionar la muerte ha cambiado mucho, y se vive con más distancia y/o se evita. Generalmente podemos ocuparnos durante tres días de las “tareas” derivadas del duelo (funeraria, flores etc.). Días más tarde, se nos suele empujar a la distracción obstaculizando el proceso normal de duelo y se supone que hemos de olvidar rápidamente la pérdida y centrarnos en “funcionar” de nuevo como si no hubiera pasado nada.

No existe una única definición de duelo, ni una única manera de vivirlo y comprenderlo. Sin embargo, la definición más frecuente es que “es un proceso normal que sigue a una pérdida que puede ser de un ser querido, una relación, la mascota, un puesto de trabajo, el lugar de residencia habitual, etc.”, implicando dolor.

El duelo no es ninguna enfermedad, aunque se pueda presentar con síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad…no obstante se puede complicar cuando existen factores que dificultan la elaboración de las emociones y el dolor de la pérdida. Entonces puede instaurarse, por ejemplo, un trastorno depresivo al intensificarse los síntomas y persistir en el tiempo.

Sabemos que el tiempo no lo cura todo, y por tanto si nos ocupamos proactivamente de la gestión del duelo, podremos vivir un duelo saludable.

Diferentes maneras de vivir el duelo

Cada persona es distinta y vive su duelo particular. Por tanto, no esperaremos que todas las personas implicadas lo vivan igual ni que, tenga la misma duración, siendo lo normal aproximadamente entre uno y dos años.

El duelo afecta a nivel emocional con sentimientos de tristeza, angustia…, cognitivo (atención dispersa, dificultades de concentración, memoria…) y físico con síntomas depresivos y/o ansiosos sintiendo en el cuerpo sensaciones como, por ejemplo, un nudo en el estómago, oscilaciones en el apetito y peso, falta de energía, insomnio etc.

El sentir tristeza, angustia existencial, hasta desespero, forma parte del duelo y cada persona evolucionará según su personalidad y apoyo social.

Condicionantes que afectan al duelo

En el caso de la pérdida de un ser querido, ésta puede ocurrir de diferentes maneras:

  • Muerte traumática. Esta muerte puede ocurrir principalmente debido a accidentes de tráfico, y laborales, y con menor frecuencia por asesinato. Puede ser, que hayamos presenciado o conocido estos hechos, entonces podríamos experimentar un trastorno por estrés postraumático.
  • Desaparición. Esta situación de incertidumbre se vive con una intensa angustia por no saber el posible padecimiento de la persona querida. A diferencia de cuando se conoce la realidad de la muerte, no se sabe qué le ha ocurrido, ni dónde está, ni en que condiciones, ya que no existen hechos que demuestren su fallecimiento impidiendo entonces aceptar lo que no sabemos con certeza.
  • Enfermedad terminal. En estos casos se sabe el desenlace, pudiendo anticipar la pérdida y los cambios que ésta conlleva. Es un acercamiento a la muerte, tan poco presente en nuestra sociedad que evita el dolor y pretende ocultarla.
  • Suicidio del ser querido. Tampoco se suele dar a conocer las cifras por este tipo de muerte, que desgraciadamente existe. Muchos duelos son por este tipo de pérdida planteando interrogantes que cuestan más responder y comprender.
  • Muerte perinatal. La que puede ocurrir durante los meses de embarazo (fetal) hasta después del primer año del nacimiento.

Los duelos pueden tener complicaciones y derivar en patología, por ejemplo, la aparición de trastornos depresivos, de ansiedad, y estrés postraumático, en función de múltiples variables.

 

Ayuda psicológica

Aunque el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) no recoge el duelo como motivo específico de atención clínica, es conveniente que el profesional tenga en cuenta este acontecimiento vital ya que puede precipitar algún trastorno. Atender únicamente mediante medicación los síntomas de un proceso natural que afecta a nivel emocional, cognitivo, conductual y físico no es la mejor alternativa.

No se trata pues de hacer patológico lo que es un proceso natural, pero sí que hay que atender y dar espacio a lo que la sociedad por su inercia bloquea, como es dar tiempo y estrategias para que la persona vuelva a su equilibrio. Por tanto, el psicólogo/a guía a la persona que sufre el duelo para que pueda:

  • Tomar parte activa para procesar el duelo, conectando con la realidad de la pérdida, relatando cómo murió, qué sucedió, etc.
  • Trabajar las emociones, observándolas, e identificándolas
  • Fomentar la expresión emocional, mediante palabras y entender su significado
  • Afrontar el dolor de la pérdida, conociendo las etapas por las que se pasa (negación, ira, negociación, depresión, aceptación) que no se producen en un orden determinado ni duran lo mismo
  • Evitar que las emociones queden bloqueadas, muchas veces por la presión social que impide sentirlas (tristeza, ansiedad…)
  • Aprender a vivir sin la persona amada, adaptándose y asumiendo este cambio en todos los aspectos que impliquen (roles, tareas, privilegios o cargas, etc.)
  • Normalizar su vida, recuperando la ilusión perdida.

Si crees que es el momento de ir al psicólogo/a, llámame al 687562197 y te informaré sin ningún compromiso. Si lo prefieres también puedes visitarme en la Calle Balmes, 92 de Barcelona. Puedes enviarme un correo a psicologiamorali@gmail.com o llamarme para reservar tu cita.

 

 

 

 

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