Publicado por Teresa - el 02/11/2019 - Archivado en Familias y educación emocional - 0 Comments

cumbres climáticas

Aunque se celebren muchas cumbres internacionales sobre el cambio climático, podemos contribuir siendo más conscientes de la necesidad de respetar el medioambiente y de vivir y educar en la sostenibilidad.

En los dos últimos siglos, el ser humano ha propiciado cambios rápidos e importantes en la naturaleza que ésta no ha podido asimilar, debido principalmente al crecimiento de la población, al exceso de nuestro consumo y a una tecnología incapaz de conservar el equilibrio.

Los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia y el impacto del cambio climático está teniendo unas consecuencias negativas para nuestro planeta. No obstante, podemos actuar para revertir o paliar la situación.

Origen de las cumbres sobre la acción climática

En 1958 el científico estadounidense Charles Kelling midió el dióxido de carbono (CO2) y alertó a la comunidad de que sus niveles iban en aumento.

En 1972 tuvo lugar la primera conferencia de la ONU conocida como cumbre de la Tierra en Estocolmo, a la que asistieron 113 países y en la que nació el Programa de Naciones Unidades sobre el Medio Ambiente (PNUMA) para tomar conciencia sobre la degradación medioambiental.

En 1992 se celebró en Río de Janeiro la cumbre de la Tierra sobre Medio Ambiente y Desarrollo con el fin de implicar a todo el mundo en el desarrollo sostenible del planeta.

En 1994 entró en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas frente al cambio climático para reforzar la conciencia a nivel mundial.

Desde 1995 la Conferencia entre las partes (COP) se reúne cada año. En 1997, con el protocolo de Kioto, se incorporaron unas medidas que implicaron un mayor compromiso y en 2015, en el marco de la 21COP, se consiguió alcanzar el llamado acuerdo de París por los 195 miembros estableciendo medidas para la reducción de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Estas medidas implican que la temperatura media del planeta no supere los 2 grados y, si es posible,  limitarlo a 1,5 grados.  Así cada país debe colaborar con las “Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional” (NDC) para conseguirlo.

En junio de 2017, Donald Trump anunció la retirada del Acuerdo de París, aunque la salida de Estados Unidos no se materializará hasta 2020. En ese mismo año, en la  COP23, celebrada en Bonn, cerca de 200 países ratificaron su compromiso pese a la retirada de Estados Unidos. En esta última cumbre se presentaron informes en los que se apreciaba un aumento de CO2, después de un periodo de estancamiento.

La cumbre COP24, la última hasta ahora, se realizó en diciembre de 2018, en Katowice, Polonia. La controversia no fue sobre el Acuerdo de París, sino por el informe del IPCC– Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, constituyéndose en un obstáculo, sobre todo para los países petroleros como Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia y Kuwait. No obstante se acordó el paquete Katowice para el clima que consiste en unas directrices para promover la cooperación internacional.

Después de tantas cumbres, aparece en septiembre de este año Greta Thunberg, líder del movimiento de conciencia ambiental juvenil,  la cual fue invitada a participar en la Cumbre sobre la acción climática ONU de Nueva York.

Es evidente el gran impacto que ha tenido la lucha de Greta desde que comenzara en solitario una huelga cada viernes delante del parlamento sueco reclamando medidas efectivas contra el cambio climático. Así comienza la acción de “los viernes para el futuro que ha movilizado a jóvenes de todo el mundo. Se han realizado dos jornadas globales de movilizaciones: el 20 de semptiembre, víspera de la Cumbre del Clima de la ONU, y el 27, en la semana de la movilización mundial Earth Strike siendo todo un éxito.

¿Qué es la sostenibilidad?

En 1987 aparece por primera vez el concepto de sostenibilidad  en un informe de las Naciones Unidas. Implica tener en cuenta que los recursos se agotan, ponerse de acuerdo para conseguir el bienestar, satisfacer las necesidades de todas las personas sin sacrificar las de generaciones futuras y distribuir la riqueza económica de forma equitativa, reduciendo las desigualdades.

Vivir y educar en la sostenibilidad es una necesidad, no una moda efímera.

Teniendo en cuenta los desastres ecológicos vividos en España y en otros países del mundo, deseamos un cambio de paradigma que tenga en cuenta y enmiende el coste que supone priorizar los intereses económicos en detrimento del medioambiente.

Valores de vivir y educar en la sostenibilidad

En nuestro “micro mundo” nos preocupamos y nos ocupamos del día a día y de una serie de necesidades relacionadas con el trabajo, la vivienda, la familia, las amistades, etc., que evidentemente es preciso atender.

vegetación

Sin embargo, es conveniente superar el plano personal y no obviar que somos individuos inmersos en una comunidad y en una colectividad que debería luchar unida por objetivos que beneficien a todos sus integrantes.

Las personas que incluyen en su vida un sentido que trasciende al plano social suelen ser más felices y plenas.Vivir y educar en la sostenibilidad amplía nuestras miras a la vez que contribuye a mejorar el ecosistema para nuestros descendientes y generaciones futuras.

Las personas que incluyen en su vida un sentido que trasciende al plano social suelen ser más felices y plenas.

La publicidad nos crea necesidades que, lejos de ser básicas, son producto de la sofisticación, la competitividad y la obsesión por la imagen, motivos por los que cuesta ir contracorriente y adquirir consciencia de la manipulación a la que estamos sometidos.

Sin embargo, la ONU prioriza valores como la dignidad, las libertades fundamentales, los derechos humanos, la equidad y el cuidado del medioambiente, que afortunadamente estamos extendiendo en nuestra sociedad.

Nosotros podemos fomentar estos valores si pensamos en el bien común, respetamos el ecosistema y actuamos en consecuencia con los principios que nos mueven, aunque impliquen un esfuerzo adicional que compensa con creces el contribuir en el beneficio de la colectividad.

Ciudades y países sostenibles

Países como Suecia y Holanda, con menos horas de sol que España, son modelos a seguir porque aprovechan sus recursos naturales al máximo y viven de forma más sostenible. Favorecen las buenas prácticas con sus políticas gubernamentales y educan a sus habitantes desde edades tempranas para ser respetuosos con el medioambiente.

ciudades amablesOtras ciudades que merecen una mención por su compromiso con la sostenibilidad son Essen, en Alemania, y Vitoria-Gasteiz, capitales europea más verdes de Europa en 2017 y en 2012, respectivamente.

En el programa de TV de Atresmedia, realizado por Jalis de la Serna, podemos admirar cómo es posible contribuir a la sostenibilidad en el día a día desde nuestro hogar.

La sostenibilidad en España

Hasta ahora, las políticas españolas no han favorecido el cambio de paradigma. El impuesto al sol ha penalizado las buenas iniciativas, dando prioridad a los intereses de la industria y del capital. Pero después de muchos años de espera el “impuesto al sol” es historia desde octubre del 2018. La nueva legislación tiene en cuenta el derecho al autoconsumo y las instalaciones domésticas están exentas de pedir permiso a las compañías eléctricas para conectarse, simplificándose el proceso.

Por otra parte, hay que recordar la peligrosidad de las centrales nucleares, después de 30 años del “accidente” en la central de Vandellòs I, en la provincia de Tarragona, el 19 de octubre de 1989, con la finalidad de promover un cambio.

Mucho queda por hacer, pero está claro que los consumidores fomentamos un cambio de tendencia en la industria. Desde hace poco tiempo, por ejemplo, estamos más sensibilizados hacia ciertos componentes alimenticios que rechazamos por su toxicidad, como el aceite de palma, tan presente en muchos de los productos para el consumo infantil, o el exceso de azúcar de los productos procesados y ya están apareciendo anuncios indicando la eliminación de este aceite y la reducción de azúcar en zumos y demás alimentos.

No podemos esperar, sin implicarnos, que sea exclusivamente la política la que solucione el problema de la sostenibilidad. La motivación por un nuevo modelo de vida, así como los cambios en los hábitos de consumo, pueden propiciar que las grandes industrias den un giro.

placas fotovoltáicas

En el siguiente enlace, podréis ver vídeo en el que se aprecia el impacto que produce el plástico en el Planeta y que no vemos en nuestro día a día.

¿Cómo puedo vivir y educar en la sostenibilidad?

Vivimos en los llamados países desarrollados, a costa de otros que viven en la pobreza. Por tanto, por un lado deberíamos apoyar políticas respetuosas y promotoras de la mejora del medio ambiente; por otra, podríamos actuar en nuestro día a día con acciones que contribuyen y educan a nuestros hijos/as para el cambio.

Algunas de las acciones que están en nuestras manos son:

  • Reducir el consumo. Nuestro planeta no puede reciclar todo lo que se desecha en los países desarrollados. Greenpeace aboga por un consumo responsable como motor de cambio.
  • Comprar productos reciclados, con restricción de productos químicos, etc.
  • Utilizar tecnología que ahorre consumo en nuestro hogar, tanto de agua (grifería termostática, programa corto del lavavajillas…), como eléctrico (bombillas led o stand by)

luz led

  • Optar por los restaurantes sostenibles y el turismo verde, que ofrecen alternativas saludables y reducen el impacto medioambiental.
  • Pasarnos a la moda sostenible. Si leemos las etiquetas veremos que hay géneros que contaminan más que otros y provienen de países donde se explota a los trabajadores adultos e, incluso, a los niños.

ropa sostenible

Contágiate y contagia pequeños gestos que provoquen grandes cambios y reduzcan las emisiones de CO2

  • Enseñar a nuestros hijos/as a ir a pie. Usar los caminos escolares, si vivimos cerca; utilizar la bicicleta respetando las normativas estatales y municipales.
  • Intercambiar objetos si los usas una sola vez (App http://lendiapp.com/
  • Instalar la App Ecosia Browser-Rápido y ecológico, de Ecosia, que destina sus beneficios a plantar árboles donde más se necesitan.
  • Reciclar. Según Acnur, no hacerlo tiene unas graves consecuencias.

reciclaje

certificado energético

  • Ser asertivo/a y pedir a la administración el cambio en escuelas: caminos escolares, aparcamiento para bicicletas, transporte público en los pueblos que enlazan con otros, etc.
  • Frenar la contaminación por plástico. Para ello podemos participar en grupos puntuales de recogida de plástico y/o realizar acciones como  #BreakFreeFromPlastic (Rompe con el Plástico), que impulsa Greenpeace.

plástico

Contágiate y contagia pequeños gestos que provoquen grandes cambios y reduzcan las emisiones de CO2. Mientras nosotros/as consumimos inconscientemente, propiciamos que el planeta enferme. No obstante, la mayor responsabilidad recae sobre la administración y los compromisos gubernamentales internacionales que, en resumen, han de cambiar los métodos de producción y envasado, fomentar las energías renovables, aplicar la igualdad de género, favorecer un comercio justo y un consumo responsable.

La próxima conferencia del COP25 prevista para diciembre, en Santiago de Chile, debido a la crisis social que padece este país, tendrá lugar en Madrid. Esperemos que sirva para impulsar más acciones y compromisos eficaces y que haya más acuerdo para reducir los gases de efecto invernadero.

Por nuestra parte, no podemos quedarnos impasibles, sino que debemos promover una educación sostenible en nuestras casas, lugares de ocio y de trabajo.

Te dejo un vídeo muy ilustrativo de Pamela Quibec  Los globos que ves no van al cielo.

MÁS INFORMACIÓN

ACCIONA

Guía de acciones cotidianas para proteger el medio ambiente, de ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados)

Guía de consumo sostenible y compras verdes Greenpeace.

Guía del consumo responsable y sostenible de FACUA

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