Publicado por Teresa - el 05/10/2019 - Archivado en Bienestar y estabilidad emocional - 0 Comments

obsesión

No paras de mirar el móvil para ver si te ha llamado o te ha mandado un WhatsApp. Piensas constantemente en él/ella, te sientes eufórico y tu vida tiene sentido desde que le conoces. Pero no te inquietes, de momento son síntomas de que ¡estás enamorado/a! A modo de ejemplo, describiré más abajo, una instantánea de una pareja tóxica.

Estar enamorado y ser correspondido es una experiencia maravillosa, qué duda cabe. Pero, por extraño que te parezca, durante la fase de enamoramiento te encuentras bajo los efectos de un cuadro obsesivo compulsivo e hipomaníaco, que te impide ver con claridad. Por eso la famosa frase de “el amor es ciego”, y así de fácil, sin darnos cuenta, podemos iniciar relaciones tóxicas.

¿Qué es una pareja tóxica? ¿Qué papel juega la personalidad? ¿Qué se esconde tras el binomio pareja tóxica. y personalidad?

Pareja tóxica, esquemas mentales y personalidad

Todos podemos tener conductas negativas que nos pueden sabotear y ocasionar dificultades en algunas relaciones interpersonales. Young y Klosko (2007) denominan Esquemas Tempranos Inadaptados (ETI) a los patrones disfuncionales que condicionan nuestra manera de pensar, sentir y comportarnos.

Se originan en la infancia y son el resultado de, por una parte, nuestro temperamento y por otra, el aprendizaje. Las experiencias negativas que nos “duelen” y se graban en nuestro cerebro. Los ETI se perpetúan a lo largo de la vida puesto que se almacenan en la memoria y, se activan cuando “tocan” nuestra vulnerabilidad.  En muchas ocasiones, nos traiciona y nos lleva a más de un desencuentro con la pareja.

Todas las personas tenemos esquemas, estilos y modos de afrontamiento distintos. La personalidad, se puede entender como un conjunto de rasgos o características que configuran la manera de hacer, sentir y pensar de cada persona, conformando un patrón que perdura. A modo de contínuum dimensional en un polo estaría la estabilidad y la adaptación, y en el otro, la alteración grave de la personalidad, con rasgos más extremos y rígidos.

Aunque las parejas tengan discrepancias y discutan, entrar en una dinámica de conductas nocivas intensas y con frecuencia, es una señal inequívoca de que mantenemos una relación tóxica.

No es lo más frecuente tener información de la dinámica de cómo somos y funcionamos, puesto que, a lo largo de la vida, en general, no aprendemos ni a gestionar nuestras emociones ni a tomar decisiones “sabias” en momentos críticos de nuestra vida.

Pretendo poner de manifiesto, a diferencia de las clasificaciones existentes de los trastornos de la personalidad, Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, DSM-5 (APA), y la Clasificación internacional de Enfermedades, CIE-11 (OMS) que, cuando entramos y nos mantenemos en una dinámica tóxica con la pareja, hay parte de nuestra toxicidad que sin querer refuerza y mantiene las conductas tóxicas de la otra persona y, a la vez, despierta nuevamente nuestros esquemas más vulnerables, a modo de patrón.

Una pareja es especialmente vulnerable a la activación de los esquemas, si no tiene estrategias para resolver las situaciones emocionales, perpetuando el problema.

Al margen de los comportamientos violentos de perfiles patológicos que atacan la dignidad y la integridad de las personas, en los que la solución pasa por huir y apartarnos rápidamente, hay solución para romper de este patrón.

trampas

Cómo descubrir los patrones de pensamiento y comportamiento que nos llevan a una relación tóxica

Mirando atrás, y analizando de dónde venimos (estilo de familia, entorno, experiencias…) podremos comprender y conocer los esquemas mentales que hemos interiorizado y que en el presente afloran sin permiso. Labor nada fácil, pero clave para modificar los esquemas desadaptativos que nos perjudican a nosotros y por supuesto a la propia pareja.

Desde el nacimiento, vamos necesitando progresivamente cubrir de forma satisfactoria las necesidades físicas, pero también las psicológicas:

  • Pertenencia: Seguridad, estabilidad, afecto, cariño, aceptación
  • Autonomía, competencia y sentido de identidad
  • Libertad para expresar emociones y deseos válidos
  • Espontaneidad y juego
  • Limites realistas y autocontrol

Si una persona logra satisfacer de manera adaptativa estas necesidades emocionales, se la podrá considerar como una persona psicológicamente sana (Young y Klosko, 2007). Sin embargo, de existir algún déficit, se van a desarrollar los esquemas cognitivo-emocionales desadaptativos que pueden ser de menor o mayor complejidad.

No hace falta tener un trastorno de la personalidad, sino que cualquiera de nosotros puede explicar sus reacciones negativas, que se escapan del control y de la consciencia si conoce una parte fundamental de su historia personal.

niño vulnerable

¿Has tenido alguna de estas cuatro experiencias cuando eras pequeño/a?

En la infancia tenemos experiencias distintas, pero tienen más peso las que suceden más frecuentemente. Young y Klosko (2007) señalan que existen cuatro tipos de experiencias que generarían el surgimiento de estos esquemas:

  • Recibes muy poco de algo bueno. Entonces se generan esquemas de privación emocional o abandono.
  • Te han criticado o victimizado. Se generan esquemas de vulnerabilidad al peligro y/o desconfianza.
  • Recibes demasiado de algo bueno. Se generan esquemas de grandiosidad.
  • Interiorizas las experiencias y esquemas de vulnerabilidad de tus padres. Se generan esquemas de vulnerabilidad.

Ante este feedback de tus figuras de apego aprendes a comportarte de una manera determinada.

Esquemas que potencian la toxicidad

Jeffrey E. Young identificó 18 esquemas disfuncionales, con la finalidad de poder entendernos, mejorar nuestro bienestar y nuestras relaciones interpersonales.

Los esquemas se agrupan en cinco dimensiones:

Desconexión y rechazo

Niños criados en ambientes inestables, fríos y carentes de afecto. De adultos consideran que no podrán encontrar quien los amen.

  1. Abandono. La persona que tiene este esquema ha desarrollado un estilo inseguro, Tiene miedo a quedarse sola. Paradójicamente es dejada porque provoca precisamente el rechazo que tanto teme con sus conductas dependientes y de celos.
  2. Desconfianza/abuso.Tiende a desconfiar y a ser suspicaz, malinterpretando las intenciones de los demás. Ha tenido experiencias de humillación, o ha sido o se ha sentido traicionada. Puede sentir rabia y reaccionar muy vehementemente.
  3. Privación emocional.Se enfada cuando no se siente comprendida y sus deseos se han visto frustrados. Siente vacío emocional porque sus necesidades afectivas no han sido cubiertas en la infancia. Es una persona reservada y no expresa lo que siente y/o desea.  Tiende a fluctuar entre el enfado y la irritación y, en el fondo, tiene miedo a la soledad.
  4. Defectuosidad/Vergüenza.Se siente imperfecta. Tiene miedo al rechazo y cree que no la querrán. Tiene la autoestima baja y la compensa esforzándose mucho en sus logros. Su origen está en experiencias de desprecio y críticas. Alta sensibilidad ante las críticas. Ha tenido experiencias tempranas de desprecio y humillación, críticas continuadas, abusos, abandono, etc., no sintiéndose querida ni respetada.
  5. Aislamiento social/Alienación.Se aísla de los demás porque se siente inferior, aunque desea ser aceptada. Se focaliza más en lo negativo que en sus cualidades. Ha tenido experiencias de rechazo por distintos motivos.

Trastornos de autonomía y rendimiento

Se origina por familias que sobreprotegen o cuestionan las capacidades del niño/a. Se adquiere una visión negativa de uno/a la mismo/a y del ambiente en cuanto a la capacidad para tener éxito o para funcionar independientemente de los demás.

  1. Dependencia/Incompetencia. Necesita a la gente para ser feliz y sobre todo necesita muestras de amor. Es indecisa ante la toma de decisiones, poco asertiva y puede sentir ira sin expresarla por temor a quedarse sola, aunque se puede mostrar paradójicamente independiente.
  2. Vulnerabilidad al peligro. Miedo a que ocurra una catástrofe por lo que ha de estar alerta para prevenirla.
  3. Apego inmaduro dependiente. Se siente unida a los padres y no ha desarrollado su identidad personal.
  4. Fracaso. No asume retos por miedo al fracaso y suele procrastinar. Su origen proviene de la exigencia parental y normas estrictas. unos padres muy críticos con respecto a la ejecución del niño/a en el colegio o en los deportes.

Límites insuficientes

Su origen está en familias con un estilo de crianza permisivo, sin directrices. Cuando son adultos no tienen autodisciplina se muestran autoritarios en sus relaciones e insensibles ante las necesidades de los demás.

  1. Grandiosidad. La persona se siente superior, y quiere satisfacer sus deseos lo antes posible. Poca tolerancia a la frustración. Suele ser antinormativa e impulsiva, así como desorganizada y poco responsable.
  2.  Insuficiente autocontrol. Tolera poco la frustración y tiene dificultades para contener los impulsos y/o emociones.

Focalización en los otros

Se origina porque las necesidades del niño han estado consideradas en un segundo plano. De adultos, la persona se preocupa por tener la aprobación de los demás a través de la necesidad del bienestar de los otros.

  1. Subyugación. La persona se sacrifica y antepone las necesidades de los demás a las suyas. Suele ser sumisa y no defiende sus derechos. Puede comportarse de manera pasiva o bien con rebeldía.
  2. Autosacrificio. Orientada a las necesidades de los demás, anteponiendolas  a las suyas.
  3. Búsqueda de aprobación y/o reconocimiento. Su autoestima depende del reconocimiento de los demás.

Hipervigilancia e inhibición

Se origina en familias rígidas, con un estilo de crianza punitivo, sobrevalorando el perfeccionismo y el cumplimiento de las normas. De adultos tendrán un control excesivo sobre su conducta.

  1. Negatividad. La persona se centra en los aspectos negativos.
  2. Inhibición emocional. La persona se crea su seguridad mediante un excesivo control.
  3. Metas inalcanzables. La persona se exige el éxito profesional y el prestigio. No sabe disfrutar del ocio, que lo ve como una pérdida de tiempo. Pretende alcanzar la perfección en cada tarea que realiza. Puede ser meticulosa y perfeccionista.
  4. Castigo. La persona tiene tendencia a estar enfurecida. Es intolerante, impaciente y tiene dificultades para perdonar.

desespero

Si estamos con una persona que se comporta de forma tóxica, es que hay parte de toxicidad en la nuestra.

Si te ves saltando de relación tóxica en relación tóxica, o estás atrapado/a en una, es que tienes un problema con tu manera de ser. Se trata entonces de que conozcas que esquemas de pensamiento te llevan a “necesitar estar” con una persona que alimenta esos esquemas que te hacen sufrir.

La idea del amor romántico, peliculero y dramático nos perjudica. Bajo este modelo se admiran conductas posesivas y obsesivas que se confunden con el amor saludable que nos aporta tranquilidad y confianza.

Para corregir nuestra toxicidad, hay que ser conscientes de ella. Conocer donde nos duele, revisando los valores, atacando los síntomas del estilo nocivo, trabajando los esquemas y autorregulando las emociones.

Tendremos más posibilidades de desarrollar una manera de amar saludable, y no confundirnos con el "pseudo amor “ si nos hacemos algunas de estas reflexiones anteriores.

Estilos de afrontamiento difuncionales

Para compensar estas carencias y/o las necesidades insatisfechas, empleamos unos estilos de afrontamiento disfuncionales frente a la frustración (Young y Klosko, 2007). Estos estilos se refieren a la manera en que resolvemos las situaciones conflictivas y manejamos las emociones que nos activan a nivel emocional.

  1. Estilo rendición al esquema: La persona se muestra sumisa para evitar el conflicto y se comporta de forma pasiva.
  2. Estilo evitación del esquema: La persona se retrae, evitando así las situaciones y las emociones. Se muestra, por tanto, distanciada y/o huye.
  3. Estilo sobre-compensación del esquema: Se lucha para compensar su sentimiento. Por ejemplo, si en la infancia fueron sometidos, tenderán a ser desafiantes. Esta necesidad de mantener un estilo de vida autosuficiente y no necesitar a nadie, sería para compensar aquellos sentimientos y creencias de incapacidad.

Los esquemas y los estilos de afrontamiento se activan frente a unas situaciones estresantes determinadas, como por ejemplo en esta instantánea de una pareja tóxica.

seductora

Mónica y Jorge van a una fiesta de unos conocidos. Mónica entra en la fiesta saludando en un tono alto a todo el que se encuentra a su paso y con mucha efusividad. Jorge está pendiente de Mónica observando con recelo a los chicos que la saludan. Al llegar a casa le interroga y le cuestiona su conducta. Mónica reacciona chillando y enfadándose con Jorge.

Cada uno percibe al otro según sus esquemas y estilos particulares. A grandes rasgos, en esta situación, a Jorge se le activan los esquemas de privación emocional y desconfianza. A Mónica, en cambio se le activan los de abandono, y grandiosidad. Enamorar para ella es más importante que amar. Para él controlar para que no le traicione.

Aunque los esquemas son distintos, el estilo de afrontamiento de ambos es la sobrecompensación. Jorge reacciona con intimidación y ataque, reaccionando con hostilidad, contraatacando al culpar a Mónica. Ella a su vez le echa en cara sus celos.

Romper el patrón de pareja tóxica y tener un estilo de afrontamiento saludable

  • Siendo conscientes de nuestros miedos: Al abandono, engaño, imperfección, a no ser amados/as, reconocidos, o aceptados
  • Siendo conscientes de nuestro estilo de afrontamiento y de las conductas perjudiciales, que nos sirven para aliviar el dolor (adicciones) pero que nos perjudican
  • Trabajando nuestra motivación y autorrealización personal, siendo fieles a nuestros valores más importantes y no renunciar a ellos. Así fortalecemos nuestra identidad y felicidad
  • Ocupándonos de mantener o desarrollar una buena autoestima. Cuanta mejor autoestima, menos necesitaremos, lo cual es diferente del desear
  • Desarrollando un nosotros, negociando, pactando y así construir una relación saludable. De manera que nadie pierda y si no es posible, buscar ayuda profesional

Nos conviene reflexionar a nivel personal, comprender como somos y porque hemos escogido a esta determinada pareja afectiva. La terapia de aceptación y compromiso (ACT), trabaja con la terapia de esquemas (TE), que integra varios modelos teóricos y sus técnicas.

¿Alguna vez te has preguntado por qué ciertas personas tienen la capacidad de despertar en ti ciertas emociones que no te gustan? Lo inmediato es culpar al otro, sin embargo, pregúntate cómo te sientes y cómo respondes. Si tus conductas escapan a tu control es un indicador de tu vulnerabilidad y la consecuencia del impacto de tus experiencias más significativas que incluso no recuerdes.

En definitiva, el bienestar y la felicidad es responsabilidad de cada uno/a. Madurar no es sinónimo de cumplir años sino la consecuencia de conocernos más y superar las carencias y/o frustraciones personales sin acciones destructoras. Esto incluye poner límites cuando te traten sin respeto y con agresividad, manifestando tu desacuerdo y/o alejándote.

La terapia de esquemas, tanto a nivel individual como de pareja, ayuda a superar los sentimientos resultantes de esquemas como los de dependencia, abandono y desconfianza que, fundamentalmente afectan a la dinámica de la pareja, flexibilizándolos tanto a nivel psicológico como conductual.

Una relación que se sustenta en el amor deja que las personas vivan en coherencia con sus valores, y actúen en consecuencia, sin coacción y sin miedo sintiendo satisfacción y creciendo como personas y pareja.

En “Frágiles” del Álbum La Pareja Tóxica de Zahara, esta autora expresa el sufrimiento por la vulnerabilidad.

Si crees que necesitas ayuda, puedes contactar conmigo para darte la información que precises.

Bibliografía:

-López Pell, A.F.,Cid Colom, J., Obst Camerini, J.,Rondon, J.M., Alfano, S.M. & Cellerino, C. (2011) Guías esquematizadas de tratamiento de los trastornos de personalidad para profesionales, desde el modelo de Young, Klosko y Wheishar (2003) Ciencias Psicológicas V (1): 83-115.

-Young J. (2003): Schema Therapy: A Practitioner‘s Guide. New York: Guilford.

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